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Toronto Raptors avanza a la conquista del reino del Este

Los Raptors lideran la Conferencia tras paliar los problemas que les apartaban de la élite en anteriores cursos.

DeMar DeRozan Toronto Raptors

Los Toronto Raptors avisan al Este | Keith Allison (CC)

Hace tiempo que la batalla acaba coronando al mismo caballero. Pasan las temporadas, y es el mismo hombre, con la misma armadura, con la misma espada, y con una serie secuaces que se van renovando, el que acaba sosteniendo la cabeza de sus enemigos en señal de victoria. La imagen de LeBron James sobresaliendo entre los cadáveres deportivos que ha ido dejando en el Este es ya un clásico contemporáneo. Siete campeonatos de Conferencia consecutivos acumula ‘El Rey’; ni más ni menos. Todo tiene que llegar a su fin, y ante el que puede ser su último curso en su territorio predilecto, le ha salido un rival que aspira a despedirlo con ambas rodillas en el suelo. Los Toronto Raptors claman por el trono.

A días del parón por el All-Star Weekend, la franquicia canadiense ocupa la cima del Este con un récord de 39 victorias y 16 derrotas. Por sí solo, este dato valdría para considerar al conjunto dirigido por Dwane Casey como aspirante a todo, pero lo que se ve sobre la cancha aumenta aún más las expectativas. Por fin, los Raptors han dado el paso adelante que tanto tiempo se les lleva demandando. Un juego más coral, más protagonismo de los actores secundarios entorno a sus dos máximas estrellas, y una segunda unidad mucho más fiable que anteriormente. Todo va a pedir de boca, no obstante, el desafío de Toronto se encuentra como siempre más allá de la temporada regular.

Hablar de Toronto en los Playoffs es un sinónimo de quiero y no puedo. Cuatro años consecutivos llegando a las eliminatorias por el título tras completar registros más que positivos, para acabar de vuelta para casa de la mano de los mismos verdugos. Primero fue Paul Pierce con los Brooklyn Nets y los Washington Wizards posteriormente en sendas primeras rondas, y más tarde LeBron y sus Cavaliers las siguientes dos campañas. En el curso 15/16 se llegó al techo de las Finales de Conferencia, pero ahí estaba ‘El Rey’ y su gobierno implacable.

Los Toronto Raptors quieren dejar de lado esa historia reciente, y por lo que hemos visto hasta ahora, están en su mejor momento para conseguirlo. La evolución del autodenominado equipo del Norte desde la pasada temporada es considerable, y puede ser analizada en cuatro puntos que explican a la perfección qué ha hecho Toronto para convertirse en un equipo aún más temible.

Una máquina perfecta

Antes de entrar en nombres o aspectos del juego concretos, hay que tratar lo más básico. Muchos de los conjuntos que ocupan la parte noble de la clasificación solo dominan una faceta. Por ejemplo, los Boston Celtics están arriba por ser una roca en defensa y atacar, digamos, regular, mientras que los Cleveland Cavaliers, al menos antes de los traspasos, se han caracterizado por lo contrario. Cuando lo que pasa en ambos costados de la cancha es una sinfonía casi perfecta, lo normal es que pasen cosas buenas.

Según la estadística, los Toronto Raptors son el cuarto mejor equipo en ataque de toda la NBA (110.2 en Ofensive Rating) y el tercero defensivamente (102.6 en Defensive Rating). Solo Warriors y Rockets tienen mejores guarismos globales en la competición. Casey ha logrado que su equipo mantenga esta estabilidad desde hace ya dos temporadas y media. Su ofensiva siempre ha estado en el top-6 de la liga durante este periodo, y la defensa ha ido mejorando año a año hasta convertirse en un valor vital para los canadienses.

La mayor mejoría ha llegado en cuanto a los puntos. Los Raptors son el tercer cuadro que más anota en la liga (111.4 puntos por encuentro); sobretodo por razones que trataremos más adelante. El cambio principal ha llegado en el uso del triple que tanto habían repudiado los chicos de Casey hasta el momento. De ser un equipo que apenas lanzaba desde la larga distancia, los canadienses ahora son los quintos con más tiros de tres intentados, aunque su acierto desde estas lindes deje mucho que desear (23º en el campeonato). Como diría el mismísimo DeMar DeRozan: “¡Que viva la media distancia!”.

 

Hay más vida ahí fuera

Tanto monta, monta tanto. El cuento de los Toronto Raptors se ha caracterizado por tener solo dos protagonistas; no era para menos. Ambos All-Stars y líderes incuestionables de la franquicia después de aumentar su compromiso con Toronto en forma de contrato. El Norte gozaba de lo lindo con DeMar DeRozan y Kyle Lowry, pero no había mucho más que llevarse a la boca. Tener a dos de los mejores jugadores de la Conferencia Este no es suficiente cuando no existe ningún tipo de ayuda desde el exterior.

Los hombres que acompañaban a las dos estrellas del equipo eran casi meros espectadores con roles muy definidos y que no permitían florituras. Solo la gigante figura de Jonas Valanciunas podía osar a proclamarse como tercera pata del proyecto, pero su impacto no se acercaba ni de lejos al de DeRozan y Lowry. El pívot lituano fue el tercer máximo anotador del equipo en los dos ultimo cursos a más de diez puntos de distancia de la aportación de su base titular. El principio del cambio empezó a avecinarse durante la temporada pasada.

La llegada de Serge Ibaka desde Orlando no solo supuso un plus defensivo para los planes de Casey, sino que también ha sabido recoger el testigo que ha ido quedando libre al otro lado de la cancha. El jugador de pasaporte español se ha convertido en la tercera bala de los Raptors, pero tampoco podemos desdeñar el papel de Valanciunas otro año más, el fichaje y acierto desde el triple de C.J. Miles, o las irrupciones de Fred VanVleet y OG Anunoby. El aumento de actores en la obra no es casualidad.

Al igual que ha disminuido su aportación en puntos (Lowry apenas está aportando 16 tantos por encuentro), las dos figuras de Toronto han comenzado a compartir la pelota en mayor medida; sobretodo DeRozan. La confianza en sus compañeros es mayor, y esto se traduce en muchos réditos para el conjunto.

 

Compartir es vivir para Toronto Raptors

Este apartado viene íntimamente ligado con el punto anterior. El Norte ya tiene más de dos soldados, y eso está permitiendo que el juego ofensivo fluya significativamente mejor en cancha. La pelota viaja entre los jugadores más asiduamente, y el exceso de aclarados a DeRozan o Lowry, aunque todavía existen, parece ya un recuerdo lejano.

Siendo totalmente honestos, ver jugar a los Toronto Raptors de las dos últimas campañas se hacía algo pesado. Los canadienses repetían una y otra vez la misma jugada rezando por el buen hacer de sus dos figuras ante la defensa rival mientras sus compañeros miraba. Triple de Lowry o aclarado para que DeRozan percuta o se juegue el lanzamiento a media distancia. No había más. No es extraño que Toronto fuera el peor equipo de toda la NBA en cuanto a asistencias repartidas el último año (18.5 por partido; solo en un 47.2% de acciones).

Ahora la historia es bien distinta. El conjunto del Norte ha pasado de esa última plaza a la decimoprimera (23 asistencias por partido y en más del 55% de acciones) con solo un verano de por medio. Los Raptors están moviendo muy bien la pelota para encontrar lanzamientos en posiciones liberadas. Parece que DeRozan y Lowry se pierden entre la maraña de bloqueos propuestos por la pizarra de Casey, pero siempre habrá un compañero que encontrará la mejor senda para anotar. Los canadienses han trabajado mucho en su esquema, y esa nueva querencia por compartir el balón nos deja acciones de bellísima factura.

 

No más calientabanquillos

Por último, parece que Toronto ha conseguido poner freno a una de sus mayores quimeras en los últimos tiempos. La falta de acompañamiento a las dos estrellas de la franquicia se hacía aún más notable cuando uno de ellos tenía que sentarse en el banquillo. La segunda unidad de los Raptors era una leyenda urbana; una historia sobre una criatura que nadie ha visto, ni nadie espera hacerlo. Casey cerraba los ojos, juntaba las palmas de sus manos y rezaba para que sus hombres de banquillo no tiraran por la borda el partido en sus minutos en pista.

Al igual que pasaba con la asistencias, la franquicia de Canadá luchaba por sobreponerse al hecho de tener la peor segunda unidad del campeonato. Afortunadamente para sus intereses, esos sudores fríos que recorrían la nuca del técnico cada vez son más esporádicos gracias a la labor de su General Manager Masai Ujiri. Los Toronto Raptors disfrutan de una nómina de secundarios bastante fiables entre los que destacan nombres como los anteriormente mencionados Miles, Anunoby (fue titular durante la prolongada ausencia de Norman Powell) y VanVleet, Delon Wright o el buen hacer de Pascal Siakam y Jakob Poetl bajo los aros.

La segunda unidad de Toronto participa diez minutos más de media en los partidos con la consecuente mejora de números que esto conlleva. El banquillo anota más, rebota mejor, defiende a las mil maravillas y pasa la pelota brillantemente. Lo que antes era un quebradero de cabeza para el cuerpo técnico, ahora se ha convertido en un recurso que incluso ha salvado algunas victorias cuando el equipo parecía más atascado.

 


 

En definitiva, todos los focos están centrados en el dominio de Golden State Warriors y Houston Rockets en el Oeste, y la lucha por todos los frentes entre Celtics y Cavaliers en el Este. Nadie parece hablar de los Toronto Raptors, y ahí puede residir su mayor peligro. El conjunto canadiense ha convertido su insuficiencia de activos en un arsenal, y de su monótono plan ofensivo ha creado en un festival de opciones. Si alguien piensa en que solo hay que frenar a DeMar DeRozan y Kyle Lowry para acabar con este equipo, puede que se encuentre con alguna sorpresa en un futuro muy próximo. Al fin y al cabo estamos hablando del actual líder del Este. No lo olviden, algo se cuece en el Norte.

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