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The Gobert Factor

El viaje de Rudy Gobert desde la nada para convertirse en el mejor defensor de la NBA

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No conoce la piedad. Tampoco está interesado en hacerlo. Vive en la zona, otrora reino del baloncesto clásico. Grandes monarcas lo precedieron: David Robinson, Dikembe Mutombo, Kevin Garnett, Alonzo Mourning o Dwight Howard, entre otros. Todos ellos dueños de un físico superdotado cuyo éxito deportivo se cimentó en la defensa, ese noble arte a ratos olvidados. No hablo de la defensa como una mente colmena, esa que mueve el esqueleto de un equipo y lo guía hacia el éxito global, no. Hablo de la última barrera, el muro que protege a los equipos cuando no queda una sola línea defensiva en pie. The rim protector.

Rudy Gobert es el mejor defensor de la NBA a día de hoy, de eso no hay duda alguna. La hubo, no obstante, hace dos años. Cuando Draymond Green y Kawhi Leonard rivalizaban por el distintivo más honroso de la competición, a espaldas de un Gobert que ya asomaba desde lo más profundo de la pintura Jazz para tomar el testigo de un oficio para el que estaba predestinado. Esta es su sexta temporada en la mejor liga del mundo, una campaña que, salvo desgracia, vendrá acompañada de otro trofeo DPOY para el francés y otro viaje a los playoffs para seguir creciendo como jugador y como líder.

Los titulares se los lleva Donovan Mitchell, y hasta cierto punto es justo, pues el despliegue ofensivo y el desparpajo siempre son mejor recibidos en un deporte cuyo mayor incentivo es anotar, pero todos, jugadores, aficionados y técnicos, saben quién es el pilar fundamental que sostiene sobre sus musculados hombros el estado de las cumbres nevadas. Ése es Rudy Gobert.

Ahora que es élite de la NBA, le respeta todo el universo baloncestístico. Incluso los periodistas de mayor calado en USA lo tienen en cuenta para sus piezas y trabajos, como el gran Chris Haynes, quien lo invitó a su podcast para que le contase a la gente sus sensaciones personales o diese su opinión sobre los aficionados que, en lugar de votarlo a él para el All-Star, deciden votar a un DeMarcus Cousins que lleva lesionado todo el año. Pero hubo un Gobert antes de la cima, uno que tuvo que romper sus cadenas como pocos en los últimos años.

Nacido en la bella Saint-Quentin, englobada en la conocida zona de Alta Picardía, el center se fogueó en las categorías inferiores del Saint-Quentin Basket-Ball, un club muy menor dentro del baloncesto francés. De una progresión física espectacular, Gobert empezó a despertar mucho interés en toda la geografía gala, hasta el punto de ser reclutado por el Cholet Basket para incorporarse a sus filas en 2010. Allí, Rudy siguió creciendo hasta 2013, fecha en la que se declaró elegible para el Draft de ese mismo año, donde fue elegido en el puesto número 27 por los Denver Nuggets.

La gerencia de Colorado, pese a todos los informes positivos sobre Gobert y sus inminentes posibilidades de futuro, decidieron traspasarlo la misma noche del Draft a los Utah Jazz por una segunda ronda y dinero. Una decisión de la que, a pesar del buen momento que viven los Nuggets en el presente, seguro se siguen arrepintiendo. Aterrizado en Utah, Gobert no se hizo con las llaves del reino ni mucho menos el primer día. De hecho, esa primera temporada no tuvo el protagonismo esperado.

Disputó la summer league con los Jazz, pero su presencia en el equipo fue intermitente, pues fue asignado varias veces para jugar con el Bakersfield Jam de la G-League, con el que llegó a disputar ocho partidos (13.9 puntos de media).

La temporada siguiente, la 14/15, jugó todos los partidos con el primer equipo, llegando a conseguir la titularidad en 37 de ellos. Su gran evolución le hizo acabar tercero en la votación del jugador más mejorado del año por detrás de Butler (ganador) y Green (segundo). Ya en la 15/16 se hizo el amo del equipo junto a Gordon Hayward, quien seguía mejorando día a día todos los aspectos de su juego.

En el devenir de Gobert es imprescindible nombrar la labor de Quin Snyder con él. Como bien recoge en su texto ‘Swat Lake City‘, publicado en The Players’ Tribune, Snyder había seguido muy de cerca las actuaciones de Gobert en el Mundial de España 2014, unos meses antes de empezar su aventura como técnico jefe de los Jazz. Allí, Gobert ayudó y dominó para llevar a Francia a la medalla de bronce, dejando una gran actuación contra España en los cuartos de final. Quin le pidió que fuera él mismo, que ejerciera su liderazgo a través de su mayor virtud deportiva: la defensa.

Dicho y hecho. Tras cuatro campañas seguidas sin asomar por la postemporada, el dúo Hayward-Gobert lideró a la escuadra mormona para acabar quintos en la regular season de la 16/17, enfrentándose en primera ronda a los Clippers de Paul, Jordan y Griffin. Tras siete partidos de emoción, brega y mucho sudor, los Jazz volvían a ganar una primera ronda desde 2010, año en el que cayeron en semifinales del Oeste con Jerry Sloan aún en el banquillo Jazz. La ilusión volvía a dispararse en Salt Lake City, sabedora de que el dúo Gordon-Rudy más la inteligencia táctica de Snyder podría ayudar a configurar un equipo contender en el futuro más inmediato.

Además, Rudy había renovado con los Jazz en octubre de 2016 por cuatro años y 102 millones de dólares. Estandarte asegurado. Sin embargo, la felicidad dura poco en casa del pobre, que diría el refrán. Gordon Hayward abandonaba los Utah Jazz en el verano de 2017 para unir su futuro a los Boston Celtics y a Brad Stevens, el hombre que más ha influido en su vida deportiva desde aquellos años en Butler.

Utah se vino abajo. Literalmente. La fe que había en volver a ver competir al equipo entre los más grandes de la liga se esfumó cuando el niño bonito selló su contrato con los Celtics. ¿Ahora qué hacemos? Nadie sabía cómo enmendar la situación, ni tan siquiera el propio Snyder. Sin embargo, otro milagro llegado desde Colorado cambió la historia reciente de los Jazz para siempre. Donovan Mitchell fue elegido en el puesto número 13 del Draft de 2017 por Denver Nuggets. La franquicia, de nuevo pecando de falta de visión, llegó a un acuerdo con los Jazz la noche de la elección para traspasar a Mitchell a Utah por Trey Lyles y los derechos de Tyler Lydon. El cielo volvía a guiñar un ojo a Salt Lake City.

Esta parte de la historia ya os la sabéis: Mitchell explota y se convierte en un diamante en bruto que dominaría la temporada, llegando incluso a pelear el ROY a Simmons, otro portento de presente y futuro. Pero la felicidad aquella temporada pendió de un hilo, el hilo que tejía los designios mormones, o lo que es lo mismo, el que guió la salud de Rudy Gobert por el buen camino.

Dos lesiones inesperadas del pívot francés le mantuvieron apartado de las canchas un buen puñado de partidos, lo que hizo caer a los Jazz en lo más profundo del Oeste, llegando a temer por un descalabro impresionante. No obstante, Rudy volvió y demostró por qué es el mejor defensor de la NBA. Los Jazz remontaron de forma espectacular en la segunda mitad de temporada, acabando quintos del Oeste por segundo año consecutivo, lo que les emparejó con los Thunder en la primera ronda de los playoffs.

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¡Qué serie, amigos! El Delta Center rugió como antaño para sellar las tres victorias mormonas como local y cerrar la eliminatoria (4-2) en el sexto partido. No se pudo avanzar más, pues los Rockets, al igual que los Warriors el año anterior, castigaron las ilusiones Jazz y marcaron el final del viaje aquella temporada. Parecía increíble, pero Utah había resurgido tras la marcha de Hayward para ser un equipo más compacto y defensivo, todo ello gracias a la labor del único y verdadero líder: Rudy Gobert.

No obstante, el baloncesto aún tenía dos recompensas más para Gobert aquella temporada. Por supuesto, fue elegido mejor defensor del año pero, además, fue seleccionado en el mejor quinteto defensivo del año, lo que hizo que Rudy lograse algo sin precedentes. Era la primera vez en la historia que un jugador que había pasado por la liga de desarrollo conseguía meterse en uno de los mejores quintetos del año. Well done, big fella.

Aún sin conocer lo que deparará el futuro a los Jazz, podemos anticipar que la carrera de Rudy Gobert va a ser muy próspera en la franquicia mormona. Hagan sitio en el techo del Delta Center, pues el número 27 acabará colgado y retirado allí en unos cuantos (espero que muchos) años. Desde la nada al infinito. The Gobert Factor. No mercy.

Foto: Scott Daniel Cooper / starting5online.com

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