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Dennis Schröder oposita para el mando de los futuros Hawks

El primer año de reconstrucción en Atlanta plantea una duda sobre el papel del alemán en los próximos años.

¿Futuro con o sin Dennis Schröder? / Foto: Erik Drost (CC).

¿Futuro con o sin Dennis Schröder? / Erik Drost (CC)

Nadie dijo que reconstruir fuera sencillo. Más aún cuando el sentimiento que provoca una derrota repatea lo más profundo del ser. Cuesta digerir que cada vez que un equipo se planta en un pabellón el resultado tenga el mismo final. La tónica de fracaso diario se ha convertido en el pan de cada día para según qué franquicias en la NBA. Pocas se escapan. No hace tanto, el baloncesto en el Estado de Georgia pasaba por su mejor momento con unos Atlanta Hawks de récord que llegaban a plantarse en un All-Star Game con cuatro jugadores. Tiempos pasados fueron mejores.

De aquel equipo que osaba cuestionar el reinado de LeBron en el Este hasta que acabara cayendo como tantos otros solo quedan cenizas. Esos cuatro participantes del partido de las estrellas de 2015 ya visten otros colores, y los Hawks han quedado casi huérfanos. Paul Millsap probó suerte con los Denver Nuggets, Al Horford se arrimó al proyecto de los Boston Celtics, Kyle Korver quiso buscar el anillo con los Cavaliers de James, y Jeff Teague ha acabado en unos Timberwolves que volverán a los Playoffs. Solo un pequeño reducto se ha escapado de la quema generalizada, pero en este caso no es un grupo de resistentes galos. Esta historia va de germanos.

Dennis Schröder es el único puente entre las dos caras de la misma moneda del éxito. El base alemán aprendió en una plantilla lista para pelear contra los más poderosos. Un par de años después, lidera un proyecto que reza para que las hojas del calendario caigan lo más rápido posible. Atlanta se ha entregado por completo a la concurrida práctica del ‘tanking’ y figura en el último puesto de la Conferencia Este con un paupérrimo 21-52. Solo Grizzlies y Suns tienen el dudoso honor de haber ganado menos. Al fin y al cabo, es lo que buscan.

La Hawks ya otean el final de su angustiosa temporada, no obstante, podría no ser la única. Un proceso de reconstrucción en condiciones no suele ocupar tan solo un año (los Sixers saben algo de esto), y por el camino la dirección de la franquicia podría tener que tomar alguna que otra decisión dolorosa. Y aquí es donde el nombre de Schröder sale a la palestra. El base germano es el mayor activo de un roster que desde el primer momento fue de cara al abismo. Sus 19 puntos y 6 asistencias por encuentro es prácticamente lo único potable entre sus compañeros. Tan solo la evolución de Taurean Prince y la irrupción del rookie John Collins son al menos dignas.

Schröder ha demostrado con creces que puede ser un buen base titular en la NBA. Con tan solo 24 años ya tiene las llaves de su equipo y ha alcanzado un nivel de madurez sobre la pista forzado por la situación presente de los Hawks. El teutón se ha ganado credenciales más que suficientes, aunque, como se suele decir en estos casos, la pelota está en el tejado de Atlanta. El plan a varios años vista pretende devolver al equipo a la zona competitiva de la conferencia, y esa estrategia puede no ir de la mano con la continuidad con Schröder. Quizás, lo mejor y más rápido para la recuperación de los Hawks pasa por una aventura de su hasta ahora base fuera de la ciudad de la Coca-Cola. Pase lo que pase, la idea de prescindir de los servicios del jugador alemán parece bastante arriesgada.

 

Schröder como ancla al pasado

Contar con jugadores que hayan probado las mieles del éxito, o al menos se hayan acercado a ellas, siempre es positivo para una franquicia que quiere crecer. Si además lo han hecho en ese mismo escenario, todavía mejor. Desde que aterrizara en la mejor liga del mundo, el base alemán tuvo el privilegio de unirse a una plantilla de lo más competitiva con la que aprender. Su progresión hasta convertirse en una pieza indispensable para la rotación de Mike Budenholzer ha sido imparable.

Cuando sus cinco sentidos están bien centrados en la pista nos encontramos ante un jugador vital en ambos costados. Su ataque está basado en velocidad y buena capacidad de bote para entrar en la zona rival como cuchillo en mantequilla, y en defensa ha llegado a desquiciar por completo a los bases contrarios con sus marcas a escasos centímetros durante todo el partido. Un auténtico «pegajoso». Desgraciadamente, el contexto competitivo de estos Hawks nos está impidiendo disfrutar de esta segunda faceta. Sin ganas ni interés, Schröder puede convertirse en un jugador demasiado corriente.

Y este no es el único problema. Una de las grandes carencias del alemán se encuentra en su tiro desde la larga distancia; algo muy en discordancia con el modelo de juego actual. Su amenaza desde el triple es casi nula, y no es extraño ver que los defensores lo floten para evitar que se abra un camino sencillo hacia la canasta. Su mejora en este aspecto desde que llegara a Atlanta se ha detenido en seco durante este curso y su acierto no llega siquiera al 30%. Su bajada de porcentajes está íntimamente relacionada con el aumento de responsabilidad de Schröder, lo cual no invita mucho al optimismo aunque con la selección de su país sí supiera salir al paso en el Eurobasket.

Tras su renovación el pasado verano por cuatro temporadas, el base germano está percibiendo más de 15 millones de dólares por año. Este sueldo le convierte en el decimocuarto base mejor pagado de la competición, delante de otros jugadores con más solera como Kemba Walker, Isaiah Thomas o Ricky Rubio. Este contrato se corresponde con el estatus que ahora mismo tiene Schröder dentro de la liga. Es un buen base con aún mejor proyección, pero anda algo lejos de lo comúnmente establecido como nivel de estrella.

Ahora todo depende de la confianza de los Hawks en el alemán y el camino que quieran tomar con el nuevo proyecto. Si el plan pasa por una plantilla liderada en gran medida por un base, quizás el teutón no sea la mejor pieza. Los hilos se moverán a pleno rendimiento en el próximo Draft, donde los Hawks podrán tener una posición privilegiada para escoger al futuro líder para muchos años. Si Atlanta escoge a  DeAndre Ayton o a Marvin Bagley, Schröder puede ser un complemento más que interesante, mientras que si se acaba eligiendo a Luka Doncic, el base alemán sería más fácilmente prescindible pese a que ambos podrían encajar bien.

 


Hablando de la relación calidad-precio y añadiendo el factor del potencial, Dennis Schröder parece una apuesta segura para Atlanta. Debidamente acompañado por jugadores aún más prometedores, los Hawks pueden formar un núcleo dispuesto a dar mucho que hablar a partir de la próxima década. Mucho puede pasar de aquí hasta que el proyecto de la franquicia de Georgia se asiente, no obstante, la sensación de al menos contar ya con un buen pilar con el que sostener el esquema alivia. El próximo Draft condicionará sin duda la continuidad de Schröder, mientras tanto, el germano espera a que sus filas se reabastezcan para demostrar su valía.

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