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La explosión de D’Angelo Russell es el preludio de un cambio en Brooklyn

D’Angelo Russell es el principal artífice del crecimiento exponencial de los Brooklyn Nets.

 

dangelo russell

D’Angelo Russell es la nueva esperanza de los Nets |  Gaitán (The Wing)

La explosión de D’Angelo Russell es una de las más particulares de los tiempos recientes en la NBA. Es una explosión que, curiosamente, genera consenso: nadie o prácticamente nadie odia a D’Angelo Russell y es muy difícil encontrar argumentos razonables para quejarse de su desarrollo cuando pisa una cancha de baloncesto. Esta característica, en una liga tan polarizada, es tan poco habitual como poderosa.

El base de los Nets, que sufrió un inicio de carrera convulso por culpa de la presión y la toxicidad de un gran mercado que anhelaba un nivel competitivo que entonces la perla de Kentucky no podía tener, es cada día mejor jugador de baloncesto. Sin su evolución sería imposible entender la subida de nivel del equipo de Kenny Atkinson y la filosofía cada día más definida que está adquiriendo el proyecto. Porque D’Angelo Russell, ahora ya sí, está sentando las bases de un verdadero equipo. Porque D’Angelo Russell, ahora ya sí, es un base con tintes de estrella.

Los Nets, que progresivamente están saliendo de uno de los pozos más oscuros que la NBA recuerda, tienen a su alcance volver a play off. Sin rondas, sí, pero desde hace unos años también sin dar malos contratos e intentando reparar los desastres del pasado construyendo, con toda la intención del mundo, una base sólida y compacta para el futuro. De aquí ha nacido D’Angelo Russell, uno de los ejemplos más evidentes de lo que puede conseguirse si una gerencia tiene las ideas claras.

La meritocracia, la mejor aliada de D’Angelo Russell

Del mismo modo que hemos hecho hincapié en la paciencia como clave principal para entender las prestaciones actuales de DLo, hay otro factor que conviene que no olvidemos y que hace que el proyecto de los Nets, en su totalidad, sea uno de los más intrigantes de la liga: no hay egos llamativos. Bueno, mejor dicho: todavía no hay ningún jugador que imponga su voluntad por ser quien es.

La rotación de Kenny Atkinson, que por cierto tiene una segunda unidad muy profunda a su servicio, se basa completamente en premiar las dinámicas positivas y limitar los minutos de aquellos jugadores con tendencia a tomar malas decisiones en momentos determinados. Si Dinwiddie está mejor que D’Angelo, juega Dinwiddie; y si es al revés, al revés. Y jamás ninguno de los dos ha puesto una cara, ha hecho una mala declaración ni, mucho menos aún, ha mostrado una actitud pasiva. Pero no toca hablar de la profundidad.

Crecer en un entorno así de sano hace que la mentalidad de equipo sea un rasgo reconocible en todos los jugadores. D’Angelo, que será All Star por primera vez en su trayectoria profesional, no llega a los 30 minutos por partido y tiene presente que la confianza y la capacidad de delegar responsabilidades en sus compañeros son requisitos básicos si se quiere que un roster joven y talentoso funcione.

 

Casi todo nace de un bloqueo

D’Angelo Russell es el base de un equipo que está creando una identidad ofensiva al mismo tiempo que descubre las virtudes de su núcleo joven. Esta magia, plasmada en no saber qué pasará cada madrugada y en poder manipular la evolución de los talentos hasta cierto punto, se traduce en la posibilidad de dar el balón a quien más lo merece. Y este prácticamente siempre es Russell, nuestro protagonista.

El talento de D’Angelo Russell está fuera de duda. Es un jugador con unos fundamentos técnicos muy arraigados a su estilo de juego y, gracias a ello, compensa las debilidades físicas que vienen implícitas en su complexión. D’Angelo forma parte del estilo de jugadores que, más que atletas, son eso: jugadores.

Esta capacidad técnica ha ayudado a definir el sistema de los Nets (con DLO en pista, insisto): un bloqueo en la parte alta de la pista (prolongación al triple frontal del tiro libre), dos aleros en un lado que buscarán posiciones de tiro mediante bloqueos indirectos y un tercer wing ubicado en la parte opuesta que, si todo funciona como debe, será quien busque ganar la espalda de su par. Con este estilo de juego, Atkinson explota la visión de juego del ex de los Lakers y le otorga un alto porcentaje de la toma de decisiones colectivas en la ejecución ofensiva.

El principal beneficiado de este desarrollo es, precisamente, el espaciado. Las asistencias potenciales de D’Angelo Russell, por naturaleza, son eficientes. Genera una media de 16’6 puntos para sus compañeros por partido y prácticamente todas sus asistencias comparten una constante: si no es él mismo tras bote o Joe Harris saliendo de bloqueos indirectos, la media distancia es una franja residual.

Volvamos al bloqueo directo. La visión periférica del base de los Nets es básica a la hora de estructurar el sistema. Como hemos reflejado mientras describíamos la habilidad técnica de Russell, los Nets siempre parten de una misma pretensión: cuatro líneas de pase en cada ataque estático. La más elemental es el roll. Jarrett Allen y Ed Davis son dos perfiles de interior con un alto grado de dependencia en la producción de la capacidad del ball handler. Sus condiciones físicas, especialmente la envergadura, son el motivo por el que prácticamente la totalidad de sus puntos derivan de las continuaciones. Que son sencillas, sí, pero muy eficientes.

Aquí hay que volver a incidir en el autoconocimiento de D’Angelo Russell. Sabe los distintos recursos con los que puede hacer daño y los explota. Compensa la carencia de velocidad con un dominio corporal excelente que le permite superar a su par escogiendo qué tipo de contacto quiere y protegiendo el balón. Respeta totalmente aquella frase que tanto gusta a los analistas: en baloncesto, quien tiene la pelota tiene superioridad. Pues eso: es muy difícil que el rival condicione la intención ofensiva de D’Angelo Russell porque él, antes de empezar a moverse, ya tiene la acción en mente.

En esta secuencia se juntan dos elementos más. El primero es estético: D’Angelo es muy meticuloso y pasa los bloqueos cerca del bloqueador, por lo que gana un poco más de distancia y se protege. Y el segundo, aún más interesante al ser el artífice de un sistema, es que controla las tendencias de los compañeros: D’Angelo Russell, ya cuando gana espacio y tiene la opción de atacar la canasta, tiene presente el recorrido que está trazando Joe Harris (su Kyle Korver). Y el cañonero no perdona.

D’Angelo Russell también se nutre de los bloqueos para anotar. Otro ejemplo de su inteligencia: evita los contactos en la zona restringida contra jugadores más contundentes. Como vemos aquí, es capaz de contemporizar la progresión del defensor una vez supera el bloqueo y, gracias al talento natural que muestra acción tras acción, finaliza con un floater que en principio los jugadores no deberían intentar a no ser que tengan un talento descomunal.

Y no, no podemos olvidarnos de su gran punto fuerte anotador: el triple. Esta temporada, D’Angelo Russell está lanzando más y mejor que nunca (37% de los triples lanzando 7 por partido) y leyendo, además, cuál es el contexto más eficiente para cada tiro. Nuevamente, quiero incidir en el tiro que es capaz de generar a través de su jugada fetiche: el tiro después de bloqueo. D’Angelo Russell necesita menos de un palmo de terreno para armar el tiro.

La cuarta línea de pase (que realmente también nos permitiría hablar de su facilidad para iniciar transiciones interpretando la profundidad de la pista) es la que le une con un viejo conocido de la cantera europea: Rodions Kurucs. El letón es el jugador más agresivo cortando a canasta de la plantilla de los Nets y siempre ofrece líneas de pase a la espalda del defensor que D’Angelo Russell, si está lo suficientemente lúcido, aprovecha. Puntos fáciles.

 


 

Si hablamos de la explosión de D’Angelo Russell, no debemos olvidarnos de la continuidad que está teniendo esta temporada. De momento, únicamente se ha perdido uno de los 58 partidos disputados y está mostrando el mejor nivel de resistencia y capacidad atlética de su carrera. Es de esperar que, con el paso del tiempo y si es capaz de asentar esta regularidad, acabe consolidándose como un fijo de las fechas importantes de la temporada.

Inevitablemente, cuando uno analiza la progresión de D’Angelo Russell tiene presente la situación de los Lakers y la decisión de Magic Johnson. Y sí, cada día es más evidente que Magic se equivocó: D’Angelo Russell, a nivel deportivo, habría encajado. Pero hay un motivo aún más doloroso: se deshicieron de un jugador que apenas roza los 23 años y que llegó de la liga universitaria increíblemente joven. Esta paciencia, que a menudo es la diferencia entre permitir que un joven se convierta en estrella o no, es la gran cuenta pendiente de los Lakers. Y parece que lo será siempre. Porque sí: D’Angelo Russell es un líder.

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