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Los Rockets tienen que aprender a vivir sin Clint Capela

Los Rockets deben hacer frente a un nuevo contratiempo: la lesión de Clint Capela. Harden pierde a su gran aliado.

clint capela

La temporada 2018/2019 está siendo una de las más complejas de los últimos tiempos en Houston. El equipo de Daryl Morey y Mike D’Antoni vive en una montaña rusa que, más allá de récords de James Harden y victorias contra los gigantes de la NBA, también está conllevando lesiones y desgaste. La última lesión es, posiblemente, la más dura: el pívot suizo Clint Capela, principal socio de Harden esta temporada en ataque y en defensa, estará de baja entre 4 y 6 semanas debido a una lesión en el ligamento de un dedo de la mano izquierda. Así pues, los Rockets se han quedado ya sin dos generadores (Eric Gordon y Chris Paul) y sin el finalizador más eficiente de la plantilla (Capela).

Ahora, cuando por fin se han asentado en la zona de «play off» y han conseguido un mínimo de estabilidad en la rotación de escoltas y aleros funcionales, el reto será reconstruir la parcela interior. La cuestión principal es: ¿es el momento de volver a la esencia y apostar por quintetos pequeños y un sistema suicida o, por el contrario, vale la pena alargar la plantilla e intentar continuar compensando las cargas de talento del MVP Harden con compromiso reboteador e intimidatorio? La última palabra la tiene el entrenador Mike D’Antoni, pero las armas son cada vez menos y más limitadas.

¿Qué pierden los Rockets sin Clint Capela?

La frase «Houston es Harden» es totalmente cierta, y esto implica también que Capela se nutre, en gran parte, de lo que genera el ex de los Thunder. James Harden y Clint Capela forman la mejor pareja de 2 contra 2 de la NBA y, además, se entienden a la perfección en cada aspecto del juego. Su eficiencia y efectividad están fuera de duda y son una auténtica pesadilla para los rivales, que nunca saben cómo deben combatir las secuencias protagonizadas por dicho tándem.

Sin Capela, además, los Rockets perderán muchas segundas opciones. El suizo, con cinco rebotes ofensivos por partido, es el segundo mejor jugador de la liga en este aspecto. Por si fuera poco, además, también pierden a uno de los mayores aliados de Harden en la lucha por el rebote defensivo (7’5). Con él en pista, gracias a la facilidad que tiene para cerrar el rebote y para levantar la cabeza (el mejor jugador de los Rockets y TOP 30 de la liga haciendo box out -poco habitual en Houston pero necesario igualmente-), Harden siempre podía coger el balón rápidamente e iniciar el ataque al ritmo que deseara sin tener prácticamente ningún tipo de oposición. Tal es la dimensión de los problemas que, cuando no está Capela, los Rockets son la vigesimooctava peor franquicia en porcentaje de rebote defensivo.

El principal problema, sin embargo, tiene que ver con el esquema defensivo. Capela es un jugador básico a la hora de hacer ajustes gracias a la facilidad que tiene para ocuparse puntualmente de jugadores exteriores y es, además, el eje de rotación y el principal protector de Harden cuando Mike D’Antoni ordena defensas orientadas a no exponer a su estrella. Es, sintetizando, la pieza clave del sistema: Capela es uno de los pocos interiores con licencia para elegir cuando quiere cambiar de asignación y cuando no, y prácticamente siempre acierta. Esto, más que basándonos en estadísticas, tenemos que comprobarlo con un ejemplo:

 

Nené Hilario e Isaiah Hartenstein, un dúo limitado

Los Rockets son un equipo que, sistemáticamente, prioriza el ataque perimetral antes que el ataque zonal. De hecho, excepto el lesionado Capela, los centers de rotación habían tenido hasta ahora un peso ofensivo residual. Nené, que ha entrado en la dinámica progresivamente a medida que se ha ido poniendo a tono físicamente, responde a un prototipo mucho más tradicional y te asegura un nivel de compromiso defensivo y de experiencia a la altura del de un interior suplente en decadencia, pero tiene demasiadas restricciones para el baloncesto actual y no puede ser protagonista durante un volumen de minutos considerable (4 puntos y 3’5 rebotes en 13 minutos de media por partido).

El segundo, debutante en la NBA esta temporada que entra y sale de la rotación, abre más la cancha que Nené y ofrece una versatilidad defensiva más que interesante, pero no tiene los conceptos asimilados y le falta talento y capacidad física (2 puntos y 1’7 rebotes en 8 minutos de media por partido).

Ninguno de los dos es una alternativa convincente. Ni en ataque (no tienen galones) ni en defensa (no están capacitados para la élite). Así pues, muy probablemente y teniendo en cuenta que Marquese Chriss ofrece argumentos jornada tras jornada para hacernos creer que es un proyecto fallido, D’Antoni apostará por una fórmula que le define a la perfección: el regreso a los aleros (o retorno al 2016). Tal como hemos visto recientemente contra Memphis, ha concedido importancia a Gary Clark y ha alternado la posición de falso hombre grande entre PJ Tucker e, incluso, James Ennis. La receta es clara: más tiro, más movilidad y menos contundencia. El retorno al perímetro … ¿y al origen del «run&gun«?

Ante los Grizzlies, un equipo que tiene problemas de defensa perimetral, los Rockets ensancharon el ataque y lanzaron 48 triples que, excepto los quince ejecutados por Harden, prácticamente siempre vinieron de las esquinas (y de asistencias de Harden). Además, vimos un nuevo recurso interesante: más uso del bloqueo indirecto entre los aleros para ganarse la posición. El ataque de los Rockets es el «hardenball», pero el bloqueo indirecto ayuda a alterar la defensa y a no caer en la monotonía.

Harden y el enésimo paso adelante

Seguramente descansará, pero de momento no le toca. Harden, que está encadenando exhibiciones y que nos está dejando boquiabiertos madrugada tras madrugada, todavía tiene que afrontar otro reto antes de empezar a recuperar aliados. Sin Capela, los Rockets son más Harden que nunca.

Durante los últimos 17 partidos, James Harden ha asumido más del 50% del USG del equipo y ha anotado más de 40 puntos por partido disputando más de 37 minutos de media. Ante Memphis, la tendencia se acentuó aún más: 61’2% de USG (!!), 57 puntos y «sólo» 34 minutos puesto que, cuando consideró que el partido estaba ganado, se fue al banquillo y pidió la bombona de oxígeno pertinente. Con la sensación del trabajo bien hecho.

 


 

Por suerte para los Houston Rockets, el calendario restante es algo más sencillo que el que han tenido en este inicio de 2019 y, por extensión, que el que tuvieron durante finales de 2018. Una vez hayan superado los compromisos de la próxima semana contra Lakers, Sixers y Raptors, que coincidirán con casi total seguridad con el regreso de CP3 o de Eric Gordon, podrán permitirse empezar a gestionar los minutos de los hombres importantes teniendo en mente que, viendo cómo está la conferencia oeste a día de hoy, es mucho más importante clasificarse para la fase final que buscar emparejamientos favorables. Porque no los hay.

Foto: Scott Daniel Cooper (link a https://twitter.com/scottdancooper) / starting5online.com (link a http://starting5online.com/)

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