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Los Playoffs llegan en el mejor momento para los Houston Rockets

Los Houston Rockets quieren demostrar que son firmes candidatos a ganar la NBA esta temporada.

Los Houston Rockets han acabado la temporada en la cuarta posición de la conferencia oeste, posición muy meritoria teniendo en cuenta las circunstancias que han vivido y la exigencia que conlleva tener que cumplir las expectativas generadas por un entorno que ni olvida ni, menos aún, desaprovecha la oportunidad de cebarse con las malas dinámicas de cualquier franquicia. Esta posición, desafortunadamente, no les aleja de un hipotético enfrentamiento con los Golden State Warriors antes de las finales de conferencia y les conduce, en consecuencia, al cuadrante más difícil que podamos imaginar.

Si echamos la vista atrás y nos detenemos a analizar las estadísticas y los resultados que han tenido a lo largo de la temporada, podemos comprobar que los Rockets son un equipo en clara fase de ascenso. A falta de pocos días para el inicio de las eliminatorias por el título, la plantilla confeccionada por Daryl Morey está empezando a sacar a relucir su verdadero potencial. De la mano de un James Harden que sigue rayando a nivel MVP y de un conjunto de complementos de lujo que finalmente ha logrado alcanzar la continuidad, los vigentes subcampeones del oeste han logrado restituir su fama de peligro constante y mantienen en vilo al resto de contendientes. Tras tantas adversidades, nadie quería ser el rival de los Rockets. Le ha tocado a Utah Jazz.

Houston Rockets ha ganado el Game 1 a Utah Jazz con un gran James Harden.

Keith Allison (CC) – James Harden se siente arropado por sus compañeros en el tramo más exigente de la temporada

Los Rockets anestesian los partidos. «Territorio backcourt«

Los Rockets han pasado de ser un equipo con tendencia a jugar partidos suicidas a ser un equipo que tiene la posesión larga como punto de partida manteniendo, eso sí, el triple como una de las dos opciones ofensivas. A estas alturas es indiscutible (ya desde hace años) que Mike D’Antoni aboga por dar el papel central a James Harden y se limita a ser el teórico de un sistema que, una vez llevado a la práctica, acaba basando gran parte de sus probabilidades de éxito en la capacidad para dilucidar el juego de una de las mentes más brillantes del baloncesto actual. Los Rockets juegan a lo que quiere Harden y, lo que es más importante, al ritmo que escoge el propio James. 

Esta estructura «hardencentrista» nos lleva a la cultura del ISO. Sin embargo, en la NBA actual es muy difícil triunfar con un único jugador con capacidad para desequilibrar. En este sentido, los Rockets serían mucho menos peligrosos si no contasen con otro nombre que domina a la perfección los momentos calientes y que no se esconde excepto cuando el físico (demasiadas veces por mala suerte) le obliga a ello: Chris Paul.

Chris Paul se ha erigido como el complemento perfecto para La Barba. El ex de los Clippers, que pierde piernas progresivamente pero mantiene intacta la cabeza, actúa como generador principal cuando Harden está cubierto y sabe nutrir perfectamente al resto de sus compañeros. Desde su regreso, si bien ha cedido en despliegue individual y acumula menos estadísticas que de costumbre, ha dado un apoyo muy necesario al sistema y ha puesto al servicio del resto de compañeros su capacidad para plasmar las ideas en la cancha.

No es extraño que, con el objetivo de preservar el físico de un Harden muy explotado durante la temporada, desde mediados de marzo hayamos visto varios partidos en los que la estrella de los Rockets ha realizado las funciones de un escolta mucho más funcional asignando así el deber del primer pase a CP3.

La presencia de CP3 ayuda también a superar las defensas específicas a las que los rivales someten a James Harden. Como vimos en el partido contra los Milwaukee Bucks, algunos rivales optan por negar el tiro de tres a Harden invitándole a usar la mano derecha, por lo que modificar el esquema y darle más protagonismo en el juego sin balón podría ser una alternativa que convirtiera el ataque de los Rockets en algo bastante más imprevisible. Al fin y al cabo, cuando hablamos de Chris Paul, nos referimos a uno de los bases más clarividentes en el dos contra dos (el origen de casi todo en Houston).

Los Rockets han pasado muchos fragmentos de la temporada tratando de sobrevivir. La primera edición de los Rockets 18-19 fue apuntalada a remolque de un contrato necesario pero excesivo, y eso llevó a Daryl Morey a precipitarse en varios movimientos. Faltaba un alero consistente en el triple y sólido en defensa y un par de jugadores exteriores capaces de ofrecer más amenazas que un Michael Carter Williams poco menos que indolente. Ambas piezas finalmente han acabado llegando y rindiendo por encima de lo esperado.

La metamorfosis vivida por plantilla derivó en distintas señas de identidad que ya conocemos como el triple o las continuaciones (ya comentadas) pero, por encima de todo, en una necesidad expresa que ha servido para potenciar el ataque y que no deja de ser un fenómeno curioso en una cultura como la de MDA: ser uno de los pace más bajos de la liga (27).

Las razones son fáciles de entender: los Rockets han pasado mucho tiempo jugando con un único generador, tienen el punto fuerte de su esquema en los desajustes perimetrales que puedan generar y, lo que es más importante, tienen un balance defensivo en situaciones de contraataque bastante malo. Así pues, bajando el ritmo y actuando como un bloque a la hora de cargar el rebote ofensivo o de replegar han logrado evitar que los partidos se les vayan de las manos al mismo tiempo que los interiores de corte clásico se involucran más y mejor en el ataque. La eficiencia de los Rockets pasa, pues, por el triple (equipo que más triples lanza y que más triples anota) y la pausa.

¿Cómo debe ajustar Mike D’Antoni la rotación? La plantilla es muy profunda

Si los Rockets quisieran llevar esta apuesta a un punto más radical, una buena alternativa sería juntar en un mismo quinteto a Kenneth Faried, a PJ Tucker y a Clint Capela. El suizo y el ex de Nuggets son dos de los mejores jugadores de pick and roll de la liga y, además, aportan mucha presencia interior en la lucha por el rebote.

En las pocas dosis que hemos visto de esta fórmula sí que ha resultado evidente que, en pos de beneficiar el espaciado ofensivo, Kenneth Faried es quien abre la cancha en la medida de sus posibilidades (sin ser ni de lejos su mayor virtud). PJ, por su parte, puede adaptarse a lo que sea porque su juego no es posicional. Es un perfil fajador, acostumbrado a emparejarse con cualquier rival y que en ataque vive de los espacios y, básicamente, de las esquinas. El jugador que todo entrenador quiere tener en su equipo

Obviamente, un quinteto como el que mencionamos (las otras dos piezas son Harden y Chris Paul) sirve para situaciones puntuales. Históricamente hemos visto que para vencer a los Warriors resulta fundamental atacar el desajuste que se genera en emparejamientos con Curry (y más ahora que está DeMarcus Cousins) y atacar el rebote ofensivo con firmeza y convicción, de modo que es un recurso más a optimizar.

La cuestión principal, que nos ayudará a intuir cuál es el plan esbozado por el técnico de Rockets, es saber cómo va a gestionar su rotación. Más allá de los nombres que ya hemos mencionado, que al fin y al cabo sirven para copar un registro que se debe emplear en contextos concretos, y de Eric Gordon, que merece un trato distinto al ser de uno de los revulsivos por definición, en el equipo destacan otros perfiles perfectamente integrados como Danuel House Jr, Austin Rivers, Iman Shumpert o incluso Gary Clark y Gerald Green.

A día de hoy parece claro que los tres primeros nombres parten con una clara ventaja para completar una hipotética rotación de ocho jugadores: o bien son versátiles defensivamente y muy efectivos des del triple, o bien tienen experiencia, o bien aglutinan ambas virtudes. El 3&D es un prototipo de jugador muy valioso en una filosofía como la de los Rockets dada su capacidad para aportar oxígeno en ambas partes de la cancha.

Respecto a los otros dos, sería de esperar que tuvieran menos recorrido en un inicio. Gary es el jugador con menos estatus del equipo pese a sus aptitudes y Gerald Green es un defensor menos sólido y un verso libre capaz de dinamitar partidos para bien…o para (muy) mal. Incluso vale la pena tener en cuenta la presencia de otro jugador: Nené Hilario. El interior brasileño siempre ha sido el primer sustituto de Capela, pero a día de hoy las piernas no le alcanzan para cumplir dicho rol con garantías y parece que podría tener más valor aportando de puertas adentro.

Hay que proteger a Harden en defensa

James Harden suele ser una fuente de desajustes que sirve a los rivales para encontrar puntos relativamente sencillos. No es tan mal defensor como muestran sus distracciones, pero sufre cuando se enfrenta a jugadores hábiles con el balón o cuando debe pasar bloqueos. Más allá del papel que tengan Danuel House, Austin Rivers e incluso Chris Paul, será importante que Mike D’Antoni plantee defensas que le dejen en alguna de las dos situaciones que él más domina: la demarcación de los hombres sin balón (es un crack interceptando pases ahí) y el poste bajo, donde gracias a su tronco inferior consigue neutralizar ciertos emparejamientos.

Los Rockets deben tener claro que gran parte de sus posibilidades pasan por cuidar hasta el más mínimo detalle de todo aquello relacionado con el desgaste y la exposición de su estrella. La capacidad para entender el despliegue del rival que Harden muestra es infinitamente superior a su capacidad para ocuparse de los protagonistas ofensivos, así que conviene proporcionarle entornos que le permitan potenciar sus virtudes. Lo habitual, sin embargo, será que los rivales quieran quedarse con él forzando situaciones de bloqueo y continuación con posterior ISO.

 


 

Es evidente que a estas alturas de la temporada ningún rival es sencillo y que cada partido es distinto, pero la tendencia de los Rockets invita al optimismo. En el baloncesto, como en cualquier deporte, las inercias son muy importantes y pueden decantar eliminatorias. Es por eso que, en caso de superar el duelo con Utah Jazz, un rival que exige mucha intensidad a cualquier equipo, deberán afrontar con confianza y seriedad el reto que supondrá medirse a los todopoderosos y aparentemente invencibles Golden State Warriors en semifinales de conferencia. Con confianza, seriedad y, obviamente, con James Harden.

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