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La herida que nunca se ha cerrado

Tras varios nuevos altercados; el debate sobre el racismo en la NBA se ha vuelto a abrir, aunque realmente nunca se había cerrado.

El deporte es fuente de buenos valores. Constantemente vemos situaciones en las que no podemos hacer más que alabar a los deportistas y sus gestos. Sin embargo, mientras en algunos aspectos el deporte es referencia cultural a nivel mundial, siguen existiendo otros muchos temas que están, como poco, a la par del resto de la sociedad: la homosexualidad (sobre todo masculina) de los deportistas continúa siendo un tema tabú; las mujeres todavía tienen un camino larguísimo por recorrer para conseguir la igualdad tanto salarial como de respeto y, entre otros, el racismo sigue presente cada fin de semana en muchos estadios o pabellones de todo el mundo.

En este panorama de valores, la NBA ha conseguido ser una liga innovadora en el deporte estadounidense y se ha puesto a la cabeza en muchos de estos aspectos aprovechándose de su máximo valor: un ecosistema de jugadores donde alrededor del 75% de los jugadores son de raza negra y donde cada vez más aterrizan más jugadores de otros países, varios de ellos procedentes del empobrecido continente africano.

 

La NBA consolida África como el continente del futuro

 

Pero esta aceptación de la raza negra en el baloncesto ha sido un trayecto largo y complicado. Una herida que estuvo totalmente abierta durante muchísimos años y que en pleno siglo XXI no se ha cerrado completamente. Incluso algunos están trabajando para abrirla más, con vergonzosos ejemplos en esta misma temporada cuando jugadores como Blake Griffin o Russell Westbrook recibieron insultos racistas por parte de algunos espectadores.

 

La NBA y la raza negra, conectadas casi desde el inicio

La NBA se fundó en el año 1946 como BAA (Basketball Association of America). Como la gran mayoría de los deportes de la liga, la competición comenzó siendo una liga exclusiva para jugadores de raza blanca. Pero solo tardaron cuatro años en ver a los primeros jugadores de color, siguiendo la tendencia que inició la MLB de béisbol. Fue en el 1950 y los que abrieron el camino fueron Chuck Cooper (firmando por los Boston Celtics), Earl Lloyd (Washington Capitals) y Nathaniel Clifton (New York Knicks). Y con ellos llegaron muchos momentos desagradables que les tocó vivir, algunas de esas vivencias explicadas por Lloyd para Marc Spears y el New York Times en 2008.

Insultos constantes en muchos de los pabellones, verse obligados a veces a no compartir restaurante con sus compañeros blancos por miedo a la reacción de algunas personas, etc.

Después de estos tres, llegaron los primeros «dominadores negros» y las estrellas de la NBA eran jugadores de color como Bill Russell, Wilt Chamberlain u Oscar Robertson. Incluso estos grandes jugadores que daban anillos a sus ciudades vivían momentos complejos. El mismo Russell, en sus memorias publicadas en 1979 y tituladas Second Wind, afirmaba que «Boston en sí era un mercadillo de racismo».

Estas confrontaciones entre jugadores y espectadores se han mantenido durante años y, aún siendo menos frecuentes, no hay estrella en la NBA que no haya afirmando que alguna vez en su carrera haya escuchado insultos xenófobos en su contrato; habiendo, además, casos más sonados en fechas cercanas. Donald Sterling, cuando era propietario de Los Angeles Clippers, realizó varios comentarios racistas en el 2014; la presentadora de Fox News Laura Ingraham puso en duda la inteligencia de LeBron James y criticó a Kevin Durant por expresar sus ideas políticas hace poco más de un año; la ya mencionada de Russell Westbrook en Utah o la de Blake Griffin en Minnesota en un partido contra los Wolves en diciembre del 2018.

El racismo sigue presente y los deportistas, jugando a máxima tensión, a veces explotan ante los insultos y los menos precios, actuando de manera incorrecta; pero intentando defender lo que son y el respeto por las personas que debería predominar en cualquier momento y lugar de este planeta.

 

Ante la xenofobia la NBA es tajante

Ni la NBA ni sus jugadores se quedan de brazos cruzados ante actos de racismo. Muchos deportistas utilizan las redes sociales para mostrar su apoyo a los compañeros que se han visto involucrados en este tipo de enfrentamientos, otros no dudan en mostrar sus opiniones políticas ante los medios de comunicación y, por ejemplo, los Golden State Warriors no han dudado en romper con la visita tradicional como campeones de la NBA a la Casa Blanca del presidente, con un discurso claramente xenófobo, Donald Trump.

Por otro lado, la NBA como organización tampoco se muestra impasible. Sterling se vio forzado a vender a los Clippers y Shane Keisel, el espectador que insultó a Russell Westbrook, tiene prohibido el acceso de por vida a las canchas de la NBA. Además, Adam Silver y el resto de su equipo directivo no dudaron en recordar que ante este tipo de situaciones las franquicias deben tener tolerancia cero, cortando de raíz la mala conducta que todavía tienen muchos aficionados y protegiendo a sus jugadores.

 


 

Se ha conseguido mucho en el campo de la xenofobia, pero todavía queda mucho por hacer. El respeto por los jugadores, tengan el color de piel que tengan, debería ser algo no solo obligatorio, sino algo que nos salga a todos de forma natural, del mismo modo que todos debemos esforzarnos en eliminar y criticar cualquier conducta racista que veamos.

Por suerte, los encontronazos como el de Russell Westbrook son más llamativos por poco comunes y tanto la NBA, como los Utah Jazz en este caso en particular, han actuado de una forma ejemplar. Y es que, aunque es cierto que la herida no está cerrada, nunca volverá a estar tan abierta como hace décadas, por mucho que algun que otro poderoso (demasiados, más bien) en varios países quieran hacernos creer que el diferente es el foco de todos nuestros problemas y que odiándolo se solucionarán como por arte de magia.

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