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¿Por dónde pasan las opciones de competir de los Clippers?

Los Clippers sueñan con dar la campanada contra los todopoderosos Warriors.

Posiblemente, la eliminatoria más desigualada de los playoffs de esta temporada es la que enfrenta a Los Angeles Clippers y Golden State Warriors. El equipo de Doc Rivers ha completado una temporada extraordinaria en la que el objetivo principal no era competir y, a pesar de todos los cambios y una reconstrucción hecha claramente para avanzar hacia la agencia libre, ha conseguido clasificarse holgadamente para la fase final de la NBA. Esta cultura ganadora que ha instaurado (él y los gerentes) es, con total seguridad, el mejor asset con vistas al verano.

Una vez dentro de los PO, no obstante, lo que le interesa a cualquier franquicia es conseguir el mejor resultado posible. El rival es casi infranqueable y las herramientas son limitadas, pero Doc Rivers ha demostrado durante su extensa trayectoria que es capaz de sacar todo el jugo posible de las plantillas que dirige. Con pocos recursos, mucha ilusión y un grupo de jóvenes que no le teme a nada ni a nadie, los Clippers quieren competir de tú a tú con los vigentes campeones de la NBA. Ahora analizamos cómo.

 

Zubac, el hombre clave. Hay que velar por sus intereses

Contra todo pronóstico, el protagonismo forzado que Zubac tuvo con los Lakers le ha servido para vivir su primera gran oportunidad con los Clippers. El pívot europeo se caracteriza por ser un jugador eficiente, que no realiza funciones que no sabe hacer y que aporta muchísimo equilibrio y estabilidad a los suyos una vez se sitúa en cualquiera de las dos zonas.

Lo que da más miedo de Ivica Zubac es, precisamente, lo que puede pasar si en defensa tiene que salir de la zona. Aunque Rivers ha dicho por activa y por pasiva que el objetivo de su sistema defensivo es evitar que esto suceda y mantenerle en el rol de rim protector, es muy difícil no ir a remolque de una estructura ofensiva tan depurada como la de los Warriors en momentos determinados (por no decir durante la mayoría de tramos de un mismo partido).

Será especialmente importante minimizar el número de veces en las que quede expuesto Zubac. El desplazamiento lateral y la capacidad para salir al perímetro del jugador europeo son tan esporádicas como lamentables y sólo harían que la estructura defensiva del equipo fuera un poco más débil. El trabajo perimetral, en esta serie más que en cualquier otra, debe correr a cargo de los perros de presa que conforman el backcourt. Curry y Klay, que ya de por si necesitan poco espacio para generar superioridades, no perdonarían en caso de quedarse emparejados con él.

El banquillo, el eje de los Clippers. Sweet Lou y Monster Trezl

El ataque de los Clippers, especialmente el de la primera unidad, es coral y requiere que las piezas sean capaces de adaptarse a los diversos contextos que presente el partido en cuestión. Como hemos ido viendo a lo largo de la temporada, Danilo Gallinari ha dado un paso adelante y ha ejercido, con libertad pero sobre todo con mucha naturalidad y sin necesidad de forzar, como mayor exponente del peso anotador. Gallo está teniendo, por fin, la continuidad que hacía tiempo que extrañaba y que le está sirviendo para completar el mejor año de su trayectoria NBA.

Precisamente Shamet, jugador que aún no hemos mencionado y que es responsable directo de la situación actual, es otro de los nombres que vale la pena recalcar. Su tarea es idéntica a la que tenía cuando jugaba en Philadelphia: juega sin balón y se dedica a buscar triples. Es un jugador con una gran facilidad para pasar bloqueos y que necesita muy poco espacio para preparar el tiro. Shamet es un ejecutor de élite (ya a estas alturas) y una amenaza constante para los rivales, que deben estar muy atentos a las rotaciones y los cambios de marca si quieren neutralizar mínimamente su impacto.

Shamet encaja muy bien con Shai Gilgeous Alexander, miembro básico del backcourt de los Clippers, porque necesita muy poca balón para producir. Desde el all star tiene uno de los mejores porcentajes de triple de la liga y, lo que es mejor, nos deja con la sensación de que todavía podría hacer más.

Los dos grandes nombres empiezan los partidos en el banquillo: Lou Williams y Montrezl Harrell. Para poner en contexto la temporada de ambos jugadores, lo mejor es recordar dos consideraciones que hemos hecho a menudo sobre su rendimiento: Lou Williams está entre los candidatos a mejor sexto hombre de todos los tiempos y Montrezl Harrell es uno de los jugadores de continuación más eficientes de la liga (las continuaciones son una de las grandes incógnitas defensivas de los Warriors).

Lou Williams, evidentemente, es un falso suplente. Los minutos que disputa por partido y la trascendencia de sus acciones son factores que relatan que su suplencia siempre es circunstancial. Es el jugador más desequilibrante de estos Clippers, asume con un liderazgo descomunal los momentos decisivos y convierte en desajuste cualquier emparejamiento perimetral.

Uno de los factores que nos indicará si Lou tiene impacto en el juego o no será, aparte del volumen de lanzamientos, la cantidad de faltas que provoque. Es un jugador con tendencia a sacar jugo de sus acciones y especializado en, además de anotar, desgastar al rival. Si Lou es capaz de forzar faltas cuando se plante para lanzar o de atacar la zona y buscar el contacto con los interiores, los Clippers contarán con un beneficio extra que les ayudará a competir mejor. Lou es una fuente de talento imprevisible que, además, es capaz de regalarnos acciones espectaculares en momentos que requieren una muñeca en llamas y una mentalidad de hielo.

El juego de Beverley

La esencia de los Clippers es Patrick Beverley. Pat no es un jugador que asuma galones con el balón, pero sí es el encargado de encabezar las fases de intensidad y de arrebato del equipo y es también un mentor excelente para un discípulo que no deja de aprender (Shai). De él hay que esperar unos intangibles fundamentales: debe ser el encargado de descentrar a Stephen Curry y también tendrá que hacerse cargo puntualmente de Kevin Durant, un jugador francamente indefendible pero que sufre algo más contra jugadores rápidos y más pequeños que él.

Beverley debe ganar la pelea subterránea. Se enfrentará, entre otras estrellas, a un DeMarcus Cousins ​​más temperamental que nunca y que todavía no sabe qué es jugar playoff o, por otra parte, a un Draymond Green que deja muchas dudas después de un año irregular. Si es capaz de implantar su partido alternativo y de dominarlo, los Clippers tendrán más recursos a su alcance. Esto sin contar que, además, es un buen tirador de triples y un excelso defensor perimetral. La garrapata del oeste.


 

 

 

Sin nada que perder

La valentía y la capacidad para ser descarados son las mejores armas que tienen los Clippers en esta eliminatoria. No se juegan nada porque esta temporada no es la que realmente interesa a la cúpula directiva, pero sí puede les servir de escaparate para coger confianza o, siendo muy fríos y calculadores, para inflar el valor del núcleo joven. En condiciones normales, y teniendo en cuenta que todo parte de después del all star, sería inimaginable que un equipo que cuenta con hombres clave con la experiencia de Shamet o Zubac llegara a los playoffs de un oeste salvaje.

El auténtico proyecto de Ballmer, West y Rivers comienza el día uno de julio. Quieren atraer agentes libres que les confirmen como la nueva potencia de Los Ángeles (con el permiso de unos Lakers esperpénticos) y, por encima de todo, quieren conseguir rematar el trabajo que no fueron capaces de rematar con el primer intento de equipo galáctico. El futuro está en las manos de Ballmer, Rivers y West. El futuro está en las mejores manos posibles.

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