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Los Nuggets ganan desde el equilibrio

El equipo de Malone es una de las sensaciones de este primer mes de NBA gracias a una solidez defensiva inesperada.

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Los Nuggets sorprenden en este inicio de temporada | Laura Cristaldi

Después de dos temporadas luchando contra factores internos y externos y quedándose con la miel en los labios, los Denver Nuggets buscan dar el paso adelante definitivo que les lleve a la fase final de la NBA. El equipo de Mike Malone, poco menos de un mes después de haber comenzado la liga, es el tercer clasificado de la salvaje conferencia oeste con un fantástico balance de 9 victorias y 4 derrotas y está demostrando que -sorprendentemente viendo el rumbo que parecía tomar el proyecto en años anteriores- en esta NBA basada en el «pace» también se puede ganar a través del control. No juegan mejor los que juegan más rápido.

 

La columna vertebral de los Nuggets: un estilo particular

El juego de los Nuggets es diferente del que practica hoy la mayoría de la NBA. Los de Colorado fundamentan la victoria en un «modus operandi» que huye de la precipitación y que se basa en intentar tener el partido bajo control en todo momento. Su método se sostiene en tres grandes puntos: la defensa, el control del rebote y el ataque a media cancha.

 

La defensa, el primer síntoma de evolución

Datos en mano, el equipo de Malone está desarrollándose muy bien defensivamente hablando. El cambio con respecto a la pasada campaña, en la que su mala disposición defensiva les convirtió en la séptima peor de la competición recibiendo 108’5 puntos por partido, es enorme. Esta temporada, encabezados por una apasionante combinación de matices individuales y colectivos, son la tercera mejor plantilla en este ámbito concediendo poco más de 102 puntos por partido. Pese a que existen serias dudas sobre si podrán mantener este nivel a lo largo de la campaña, de momento están haciendo las cosas muy bien y ya hay varios nombres que resaltan debido a su impacto.

El engranaje defensivo del equipo dirigido por el eternamente discutido Mike Malone es uno de los más eficientes de la liga. Por nombres es difícil de explicar, ya que ni Jokic ni Jamal Murray han demostrado ser defensores completamente aptos para el baloncesto actual y Paul Millsap, que debería ser el balance perfecto para el juego interior del equipo en ambos lados de la cancha, no acaba de conectar con aquella versión que le vimos en Atlanta y que tanto nos hacía disfrutar. Pero sí que resulta mucho más comprensible si lo analizamos desde un punto de vista basado en la incidencia táctica de cada pieza de la rotación.

El principal rasgo característico de la defensa de los Nuggets es el sistema de ayudas. Sin atención, implicación y un gran convencimiento, esta especie de «kamikaze» defensivo sería una muerte anticipada para un equipo que cuenta con jugadores con la capacidad atlética de Nikola Jokic, pero Mike Malone ha conseguido que sus pupilos crean firmemente en la posterior corrección de cada compañero, algo que es básico para llegar al siguiente nivel.

Es especialmente reconfortante para un entrenador preocupado por el funcionamiento defensivo de su equipo como Mike Malone (que el año pasado fue incapaz de implantar el estilo que pretendía) ver que sus discípulos están mentalizados del valor de llegar a tiempo a cada acción del rival. Como se puede comprobar en esta defensa contra Utah que hemos tomado como ejemplo, el mecanismo defensivo de los Nuggets da pie a más situaciones de «extra pass» y tiro abierto de los rivales que tengan buen movimiento de balón, pero si se emplea adecuadamente -está siendo el caso en este inicio de temporada en Denver- a menudo se producen pases adicionales que son fruto de una sensación de incomodidad del rival debido al punteo o a la corrección y, gracias a eso, la posesión se envenena.

El otro punto clave de este nuevo funcionamiento defensivo de los Nuggets es el papel de Nikola Jokic. El año pasado, el serbio era un problema en acciones de bloqueo directo: o el cambio le dejaba emparejado con el base y en clara situación de desajuste, o se hundía y regalaba un lanzamiento de media distancia (poco eficiente pero sencillo de anotar si no hay oposición) al rival. La nueva consigna de ayudas permanentes, sin embargo, ha convertido a Jokic en un arma valiosa a la hora de ejecutar el 2vs1 contra el «ball handler» rival. No es un fantástico defensor, pero no cede ningún «split» y sus 2’21 cm de envergadura dificultan el pase o el avance del rival.

Por otra parte, también hay que hacer inciso en el rol de tres jugadores: Paul Millsap, Gary Harris y Mason Plumlee. El caso del primero es algo preocupante ya que no está aportando todo lo que se espera de él, pero visto desde otra perspectiva, que la defensa de su equipo esté funcionando sin la aportación suficiente de quien debería ser el eje de rotación es motivo para ser aún más optimistas. Gary Harris, por su parte, es el brazo atlético del ordenamiento defensivo de los Nuggets: es capaz de encargarse del jugador más peligroso del rival cuando éste ataca desde el perímetro y también puede hacerse cargo de cualquier exterior en el poste bajo. Un comodín excelente con un margen de mejora increíble. Y, por último, Mason Plumlee. Está siendo el eje rotatorio de la segunda unidad y los Nuggets están ganando partidos gracias a su trabajo. Lleva la voz cantante, hace los ajustes correspondientes en cualquier acción interior e intimida (1’5 tapones por partido). Aunque a estas alturas de la temporada hay que tomarlo con pinzas, su 4’2 de «DBPM» es sintomático del nivel de rendimiento que está mostrando.

Control del rebote

Los grandes analistas y entendidos dicen que uno de los mejores termómetros del baloncesto es el control del rebote. Si un equipo controla el rebote en ataque, el rival no podrá correr con facilidad. Si un equipo controla el rebote defensivo, podrá elegir en qué momentos correr y en qué momentos pausar el juego. Y ese es el caso de los Denver Nuggets, un bloque que ha mejorado exponencialmente en esta faceta en comparación con los registros de temporadas anteriores.

Si nos centramos en el rebote ofensivo, la mejora es más destacable a nivel de sensaciones y de gestión que a nivel estadístico. Los Nuggets ya fueron el tercer mejor equipo reboteando en ataque la temporada 2017/2018, pero el problema es que dicho dato les era contraproducente porque el ímpetu a la hora de cargar el rebote de los cinco jugadores que estuvieran en cancha era el principal causante de las transiciones de los rivales. El equipo de Malone fue el 23º peor defendiendo transiciones tras rebote del rivalfast-break points»). Ahora, las cosas están cambiando: el rebote ofensivo es tarea de los interiores. El trabajo de los exteriores es impedir que el rival corra con facilidad. Y de momento, la táctica les está saliendo muy bien: de los 12’7 rebotes ofensivos que capturan por partido de media, 8’3 los consiguen entre Jokic, Millsap, Juancho Hernangómez y Plumlee.

Precisamente a la hora de luchar por el rebote ofensivo, uno de los jugadores con más peso específico es Juancho Hernangómez. Juegue de 3 o juegue de 4, Malone le da plena licencia para atacarlo ya que sabe que su capacidad atlética y polivalencia pueden ser muy útiles para el equipo. Juancho coge 1’5 rebotes ofensivos por partido y, además, transmite energía a los compañeros y dificulta la tarea del rival.

Gran parte de los problemas de los Nuggets en los tiempos recientes nacían a la hora de cerrar su propio aro. Fueron el vigésimo equipo en número de rebotes defensivos capturados y, además, en muchas ocasiones desperdiciaban las virtudes de Nikola Jokic ya que priorizaban las transiciones antes que elegir la jugada adecuada. Esta temporada, sin embargo, el método de captura del rebote defensivo es mucho más efectivo: todos los jugadores lo cierran y es obligatorio para los perimetrales ganar la posición mediante el «box out». Incluso para Murray y Gary Harris, que hasta esta temporada siempre se habían dedicado a ofrecer líneas de primer pase.

La pasada campaña el abuso de la transición hacía que el juego de los Nuggets fuera mucho más atractivo, sí, pero reducía de forma alarmante la capacidad de impacto y de influencia de Jokic, uno de los mejores point center de la liga. La respuesta a este cambio de tendencia la podemos encontrar en un término que cada vez tiene más peso en el baloncesto actual: la optimización de las virtudes del  equipo en cuestión. Y esto nos lleva al siguiente punto.

 

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El ataque de los Nuggets: el baloncesto está en la cabeza

El principal punto fuerte del proyecto de los Nuggets, en principio, debería ser el ataque. El talento de jugadores como Jamal Murray, Gary Harris o Nikola Jokic y la inminente puesta en escena de Isaiah Thomas y Michael Porter Jr (además de la recuperación de Will Barton) es una base de potencial descomunal que, especialmente en el caso de los dos últimos jugadores mencionados, puede ser temible si encaja como todos deseamos que lo haga. La realidad, sin embargo, es que los Nuggets de hoy tienen poco que ver con los de temporadas anteriores. Los de Malone son uno de los equipos con menos pace de la liga: juegan a 98’85 posesiones por partido. Su mayor ventaja es que las rentabilizan a la perfección: son el duodécimo mejor ataque de la liga (anotan el 45’9 % de sus lanzamientos) y el undécimo equipo que mejor cuida el balón (14’4 pérdidas por partido).

El control del rebote defensivo del que hablábamos anteriormente tiene como misión principal que Jokic pueda organizar el ataque. El serbio, que tiene una mente privilegiada para el baloncesto, se siente más cómodo cuando el partido se juega a media cancha que cuando las transiciones y la anarquía son el «sistema» predominante. A media cancha puede ejercer de point center y canalizar, distribuir y decidir como le apetezca. Entre Malone y el propio Jokic han creado un esquema básico centrado en el «read and react» del resto de jugadores, que siempre tienen que estar pendientes de ofrecer líneas de pase y cortes constantes al serbio.

Jokic es el jugador que más puntos aporta a su equipo de toda la liga. En el global de la temporada, de hecho, está cerca de la cincuentena interviniendo más que nunca en el juego (24,5% de «USG» con más de 7 asistencias por partido). Lo mejor de todo, sin embargo, es que no es un jugador que necesite lanzar para sumar: apenas supera los 11 lanzamientos por partido y no muestra ningún tipo de egoísmo. La clave del ataque de los Nuggets es la generosidad. Nadie lanza por ser quién es ni por establecimiento jerárquico, factor que favorece la motivación de cada integrante del equipo y les anima a buscar situaciones liberadas. Los jugadores en posición «off the ball» saben que Jokic tiene ojos en la nuca y que esté donde esté, especialmente si está en el poste bajo o en el poste alto, encontrará una línea de pase.

Además, no debemos olvidar que el ataque de los Nuggets no está pasando por un buen momento de eficacia exterior de las dos referencias perimetrales. Murray y Harris no llegan al 30% de acierto en triples y, mientras esperan recuperar el toque de muñeca, deben ceñirse al rol de obrero con pequeñas licencias. A pesar de ello, son capaces de desatascar partidos. El ejemplo más claro es el partido de Murray contra los Celtics. Los de Stevens habían conseguido limitar el impacto de Jokic pero apenas pudieron hacer nada frente a la magia de Jamal, que rozó los 50 puntos en una noche memorable. Más allá de sistema, en Denver hay talento. Cuestión de tiempo que empiecen a encontrar la consistencia.

 


 

Los Nuggets pintan muy bien porque juegan como quieren. Ellos marcan el transcurso del partido. Son un grupo cohesionado que tiene ganas de no repetir errores del pasado. Y, sobre todo, se nota que tienen mucha ambición. No hay mejor manera de acabar el artículo que recordando estas palabras de Juancho Hernangómez:

Ahora mismo no todo trata sobre mí ni sobre un jugador en especial, todo trata sobre el equipo. Hemos hecho lo que queríamos en cada partido. Si el equipo no me necesita en la cancha, animaré y apoyaré a los compañeros desde el banquillo. Es lo que tengo que hacer. Cada partido es un mundo, cada momento es diferente. Yo sólo tengo que estar allí para ayudar al equipo.

Fuentes: Basketball Reference

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