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NBA y esteroides, la eterna sombra de la duda

La NBA siempre ha estado rodeada de sombras alrededor de los esteroides. Están prohibidos pero ¿se siguen usando?

Cualquier persona que tenga algo de relación, por pequeña que sea, con el entorno NBA, ha escuchado alguna vez comentarios acerca del notable cambio físico que experimentan muchos jugadores cuando aterrizan al otro lado del charco. Ahora que son decenas los europeos que campan a sus anchas por la mejor liga del mundo se ha difuminado un poco esa sensación, pero cuando eran dos o tres los jugadores a los que Europa les prestaba atención exhaustiva, por aquello del orgullo patrio, miles de personas repetían coletillas del estilo de: “¿Has visto como han hinchado a fulanito en tres meses?”

Existe una manifiesta escasez de información acerca del tema en cuestión debido en gran parte a la férrea opacidad de la gerencia de la competición, por lo que hoy, con la ayuda de un buen amigo fisioterapeuta (Daniel Rodríguez @danilovic91)  intentaré arrojar algo de luz sobre las verdades y las mentiras de esta peligrosa relación entre el mejor baloncesto del planeta y los esteroides.

Comencemos por el principio…

 

 ¿Qué son los esteroides?

Los esteroides se presentan de muchas formas físicas, entre ellas las pastillas | Grumpy-Puddin (CC)

Los esteroides se presentan de muchas formas físicas, entre ellas las pastillas | Grumpy-Puddin (CC)

Lo primero que debemos hacer es definir a la perfección las sustancias de las que estamos hablando para no entrar en contradicciones, pues los esteroides en general pueden incluso tener una utilización derivada para tratar enfermedades como el asma, en cuyo caso estaríamos hablando de cortico esteroides. Por ello, la rama de estas sustancias que nos interesa tocar hoy sería concretamente la de los esteroides anabólicos. Aunque el término correcto sería «anabólico-androgénicos», vamos a continuar refiriéndonos a ellos como “esteroides o anabolizantes” que tradicionalmente ha sido la manera coloquial de hacerles mención.

Los esteroides anabólicos son unas sustancias sintéticas relacionadas con las hormonas sexuales masculinas. Las hormonas sexuales, por lo general, se producen en los testículos (en los varones). Las hormonas sexuales masculinas, como la testosterona, ayudan a desarrollar y mantener las características sexuales y participan en la producción de espermatozoides en los testículos. También promueven el crecimiento del músculo esquelético (efectos anabólicos) y el desarrollo de características sexuales masculinas (efectos androgénicos) tanto en hombres como en mujeres.

Los esteroides anabólicos fueron desarrollados a finales de la década de los treinta primordialmente para tratar al hipogonadismo, una condición en la que los testículos no producen suficiente testosterona para un crecimiento, desarrollo, y funcionamiento sexual normales. Los usos médicos primordiales de estos compuestos son para tratar la pubertad tardía, algunos tipos de impotencia, y el desgaste corporal causado por la infección del VIH u otras enfermedades.

Durante la década de los treinta, los científicos descubrieron que los esteroides anabólicos podían facilitar el crecimiento del músculo esquelético en los animales de laboratorio, lo que llevó al uso de estos compuestos primero por los fisicoculturistas y los levantadores de pesas y después por atletas en otros deportes.

 

¿Cómo podrían influir los esteroides en un jugador NBA?

Cualquier jugador de la NBA que se precie, aspira a alcanzar un momento culmen de su vida en el que confluyan a nivel máximo los tres pilares básicos que definen su existencia deportiva, y que no son otros que:

  • Capacidad técnica
  • Capacidad mental
  • Capacidad física
Kawhi Leonard se encuentra ahora mismo en su 'prime' y reúne todas las capacidades en su máximo esplendor | Nike España

Kawhi Leonard se encuentra ahora mismo en su ‘prime’ y reúne todas las capacidades en su máximo esplendor | Nike España

Si nos ceñimos a las dos primeras, el procedimiento está claro. Seas más o menos diestro, acabarás alcanzando un nivel técnico bueno con entrenamiento específico y constancia. Lo mismo pasa con la cabeza. Motivación, agilidad, concentración, comprensión táctica y demás recursos mentales requieren también de entrenamiento y continuidad. El tercer factor, el físico, también es adiestrable, por supuesto, pero es con mucho el más sujeto a depender de factores externos. Edad, genética, historial de lesiones, alimentación, sobrecarga de partidos y un larguísimo etcétera de circunstancias que pueden representar un hándicap para alcanzar tu techo físico. En el caso de que lo alcances, también está el problema de mantenerlo en el tiempo, y mucho más si piensas en una competición en la que los jugadores son capaces de aguantar al máximo nivel un calendario de 82 partidos en menos de seis meses

Si nos ceñimos a la pregunta que da título a este punto del artículo, los esteroides, podrían “ayudar” a un jugador de varias maneras, siendo la primera y más evidente la de conseguir un aumento sustancial de la masa muscular y, con ella, una mejora de la fuerza en general y de la fuerza explosiva en particular.

*Fuerza explosiva: También conocido como “pliometría” o “potencia”. Se define como la mayor fuerza que actúa en el menor tiempo posible. fuerza+ velocidad= potencia

La Fuerza explosiva es una manifestación de la fuerza que se basa en generar la mayor cantidad de fuerza posible en el menor tiempo sin perder la eficiencia. Por esta razón este tipo de fuerza es la predominante en la mayoría de los deportes de equipo y en algunas modalidades de deportes individuales.

Y es que el baloncesto, en esencia, es un deporte de fuerza explosiva. Durante un partido de baloncesto hay muy pocas acciones en las que la fuerza explosiva no juegue un papel muy importante, como por ejemplo en los apoyos para una entrada (principalmente en el primer paso), en los rebotes, saltos a taponar, recuperaciones o “deflections”, robos de balón, sprints al contraataque, balances defensivos,  luchas y todo tipo de tiros, especialmente los que se realizan en suspensión.

Casi todas las acciones en un partido de baloncesto requieren de la fuerza explosiva | Scott Ripley Flickr

Casi todas las acciones en un partido de baloncesto requieren de la fuerza explosiva | Scott Ripley Flickr

La preparación física de los jugadores de baloncesto se centra en que éstos sean capaces de realizar las acciones del juego con la máxima explosividad y que estos niveles de explosividad disminuyan lo menos posible a lo largo del partido. Esta necesidad de prolongar esa fuerza explosiva en el tiempo nos lleva a la segunda manera que tienen los esteroides de “implementar” las capacidades de un jugador. La fuerza – resistencia.

*Fuerza Resistencia: Capacidad de mantener una fuerza a un nivel constante durante un determinado periodo de tiempo o entrenamiento.

Ya tenemos a alguien extremadamente fuerte, capaz de realizar acciones explosivas durante muchos minutos seguidos sobre el parqué, algo que si lo pensáis es totalmente antagónico. Las dos capacidades son perfectamente entrenables a la vez, pero a ciertos niveles máximos de competición, una capacidad limita a la otra. Para que nos entendamos rápidamente: Usain Bolt jamás hubiera podido ser campeón de  800 metros y David Rudisha nunca hubiera podido ser campeón de los 100 metros lisos. Si aplicamos esta comparativa al baloncesto, sería casi imposible (anatómicamente hablando) que un hombre de más de 2,10 metros, fuera capaz de recorrer los 100 metros lisos en poco más de 11 segundos. Y ya se ha dado el caso.

Bien, ya tenemos a tíos con musculaturas impresionantes que corren como gacelas y saltan como gatos. Solo unos pocos elegidos, con entrenamiento adecuado, alimentación, y la herencia genética correspondiente, podrían alcanzar ese nivel de exuberancia física, pero…tras un entrenamiento del tipo que sea viene lo más importante de todo, el momento en el que el cuerpo mejora para poder volver a entrenar, el descanso.

Antes de nada, debemos tener un concepto meridianamente claro: Una vez llevado al límite el cuerpo en cuanto a rendimiento se refiere y estar al 100% de lo que uno es capaz, no es posible mantenerse ahí por tiempo prolongado. Es posible tener dos picos o momentos así, máximo 3 durante una temporada según el deporte que se practique. La cuestión ahora es la siguiente, ¿cómo lo hacen?  Lo más frecuente es encontrar a estos jugadores en torno al 85% de su capacidad física máxima durante todo el año con sus bajones y subidas buscando esos momentos de máximo rendimiento cuando interese.

Todo entrenamiento se rige bajo el fenómeno de la supercompensación. Dicho de forma muy simple, dar un estímulo al cuerpo tras el que se sufre un daño previamente calculado, descansar y regenerarse para poder asimilar con las mismas consecuencias otro estimulo de mayor intensidad, y así ir mejorando las capacidades físicas. Ahora bien, en este equilibrio entre trabajo y descanso es muy importante tener claro que cuando el cuerpo mejora es cuando se está regenerando o recuperando.

Esto depende de muchos factores pero vamos a destacar dos:

  • Tipo de estímulo, es decir la sesión de entrenamiento.
  • Edad del individuo en cuestión, cuantos más años más tiempo hace falta para recuperarse.

Los músculos y tendones están compuestos principalmente por multitud de proteínas diferentes, según el tipo de estímulo y la intensidad del mismo se buscan mejorar unas u otras. El proceso de recuperación o regeneración tras un entrenamiento varía según qué proteínas sean las “castigadas” y de la edad del individuo. Cuanto mejor entrenes más subes tus límites y tu condición física, pero…..hay un problema, la fisiología.  A parte de la influencia del estilo de vida y la alimentación, un jugador de 18 años tendrá un periodo de recuperación  totalmente diferente que otro de 30 años, y este a su vez diferente de uno de 35. Los tiempos oscilan desde las 24h hasta los 7 días antes de poder repetir dicho esfuerzo. Es decir, un chaval joven en 24h debería estar listo para otro “castigo” mientras que si estás en los 35 hablaríamos de unos 4 días. 

Estos tiempos son orientativos, ya que factores como la alimentación, el estrés y otras variables pueden alterarlo. Con estos estímulos hablamos de entrenar a intensidades altas o disputar un partido de competición. El resto de días se pueden hacer otras actividades, como entrenamientos ordinarios, pero siempre bajando las intensidades de los mismos. Dicho de otro modo, el número de entrenamientos que se pueden asimilar en una pretemporada no es el mismo con 18 que con 35. Otro asunto es si el 85% de LeBron con 34 años es aún superior al 85% de Doncic con 19, cosa por otro lado bastante obvia. Pues bien, de entre todos los efectos que pueden tener los esteroides en un jugador de la NBA, el que más nos importa aquí es el siguiente: La recuperación.

LeBron James ha sido siempre muy superior físicamente a sus rivales | Keith Allison (CC)

LeBron James ha sido siempre muy superior físicamente a sus rivales | Keith Allison (CC)

Aquí es donde entran a jugar de titulares las sustancias que nos traen hasta este artículo, con un anabolizante ya no hay factores que condicionen nada, no pasa nada si tienes 40 años o si cenas a base de “comida basura”, es tan potente este compuesto que entre 12 y 14 horas vuelves a estar preparado para una guerra. Pero más aún, si los tomas ni siquiera hace falta entrenar bien, mejoras solo con el simple hecho de tomarlos, tanto como aquel que se rige solo por las leyes de la fisiología unidas a una buena planificación. Habéis leído bien si, todos los días puedes exprimirte sin miedo a lesionarte y cada día mejoras más. Todos los principios de la supercompensación o leyes fisiológicas no sirven para nada.

Una vez que conocemos lo que puede suponer tomar esteroides para un jugador, solo hace falta extrapolar datos para comprender el porqué de que una gigantesca sombra de la duda razonable se haya ido cerniendo sobre esta competición, sobre todo debido al hecho de que durante muchos años estuviesen permitidos.

 

Reglamento, prohibiciones y controles

David Stern dejó una sombra de rumores y teorías conspiranoicas tras su retirada | Kevin Maloney (CC)

David Stern dejó una sombra de rumores y teorías conspiranoicas tras su retirada | Kevin Maloney (CC)

En el año 1983 la NBA comenzó una campaña para luchar contra el consumo de algunas sustancias ilegales utilizadas habitualmente con fines recreativos como la cocaína, el cannabis, el LSD, la heroína, la morfina y la codeína, pero, aunque pueda parecer una broma, el uso de Esteroides no se prohibió en la mejor liga del mundo hasta el año 1999. Este dato ha dado lugar a diversas teorías conspiranoicas sobre los equipos olímpicos estadounidenses y su presunta inmunidad a la hora de evitar los controles.

La única verdad es que nadie puede demostrar nada. Lo que dice la lógica es que cuando acudes a una olimpiada te debes someter a las normas del comité olímpico, y éste realiza los controles aleatorios pertinentes de consumo de sustancias de abuso, según el listado actual de la “World Anti doping Agency”.  Aclarar antes de nada que la NBA no forma parte de los acuerdos de dicha agencia mundial y que por lo tanto no están sujetos a sus medidas preventivas (controles) ni a las mismas prohibiciones de sustancias. Su política antidoping viene definida únicamente por acuerdos entre la propia liga y la NBPA (asociación de jugadores).

Yo mismo pude oir a gente, allá por 1992, conjeturar cosas del estilo de: “Seguro que David Stern llamó al COI y les dijo que si querían que enviara un equipo de profesionales de la NBA, debían estar exentos de controles”

Menuda burrada, ¿verdad? O… quizás no…

En fin, leyendas urbanas aparte, la cuestión de fondo es que el sistema de análisis y detección de sustancias ilegales en la NBA ha sido algo prácticamente testimonial durante las tres últimas décadas. Sí se realizaban controles aleatorios rutinarios durante la competición, pero todas las informaciones recabadas apuntan a que no debía ser muy complicado eludir los mismos.

 Recientemente, LaMar Odom confesó haber utilizado un pene de goma para evitar los controles a los que era sometido durante los J.J.O.O. de Atenas, para así enmascarar su dependencia de la Marihuana, que posteriormente reconoció en su biografía “Darkness to light”.

“Pedimos un pene negro, robusto y gigante. Me bajé la cremallera de los pantalones y con cuidado saqué el pene falso por la bragueta. Para conseguir que la orina saliera tenía que apretar el cuerpo del pene repetidamente”, relataba el propio Lamar Odom.

LaMar Odom confesó tras retirarse que dependía de sustancias prohibidas para poder jugar | David Shankbone (CC)

LaMar Odom confesó tras retirarse que dependía de sustancias prohibidas para poder jugar | David Shankbone (CC)

Y si por casualidad os estáis preguntando lo mismo que yo, he de decir que no sé a quién más incluye el plural del verbo “pedir” de la declaración de Odom.  Y es que durante muchos años parece haber existido una presunta especie de acuerdo tácito entre jugadores y la liga para no darle la importancia que realmente tiene. Como muestra de ello está el hecho de que el antiguo convenio colectivo de jugadores no permitiera la extracción de sangre como método de control, por considerarlo un método demasiado invasivo. Dicha prohibición hacía prácticamente imposible la detección de la hormona de crecimiento*.

*También conocida como somatropina, es la producida por la glándula pituitaria que se encuentra en el cerebro. Entre sus funciones, se encarga de aumentar la estatura y la masa muscular, reducir la grasa corporal y controlar el metabolismo del cuerpo.

Durante mucho tiempo, la negativa de la liga a realizar dicho control se basaba en que no confiaban en la fiabilidad de la prueba. Dicha prueba, se puso por fin en funcionamiento para los J.J.O.O. de Atenas 2004 y se perfeccionó para los Juegos de Londres 2012. Stern estaba decidido a poner algún “parche” a todos aquellos años de inobservancia antes de su retirada. No fue un duro golpe al problema pero fue un comienzo.

El nuevo convenio colectivo firmado en el año 2011 fijaba el número de controles obligatorios anuales en 6, de los cuales 4 se realizarían durante la temporada y 2 durante el verano. Era la primera vez que se establecía una “vigilancia” de consumo durante el periodo vacacional, que siempre estuvo más bajo sospecha que el resto del año.

George Karl se refería con contundencia a este tema en su libro biográfico “Furious George” de la siguiente manera:

“Es obvio que algunos de nuestros jugadores se dopan. ¿Cómo puede ser que algunos jugadores se hagan viejos y sin embargo estén más delgados y más en forma? ¿Cómo se recuperan tan rápido de las lesiones? ¿Por qué cojones se van a Alemania durante la pretemporada? Dudo que sea por el chucrut».

Karl ha sido una de las personas que ha cargado más duramente contra los controles de la liga, advirtiendo de que existía un problema, estaba generalizado y nadie parecía darle la importancia que tenía, ni siquiera el mismísimo David Stern. Karl advertía de los supuestos viajes de los jugadores a Europa para conseguir nuevas sustancias de dopaje más potentes y más difíciles de detectar. En palabras del propio Karl:

«Por desgracia, los controles siempre parecen ir por detrás del dopaje. Lance Armstrong nunca dio positivo. Pienso que queremos que los mejores tengan éxito, no que tengan éxito los más ricos y tramposos contratando a los mejores científicos, pero no sé qué se puede hacer al respecto».

Y es que a nadie se le escapa que Europa, por mor del ciclismo, se había convertido en el mayor laboratorio mundial de pruebas de este tipo de sustancias. El mismísimo Travis Tygart, Director ejecutivo de la agencia antidopaje de Estados Unidos (USADA), hizo esta rotunda declaración en el 2014 para la ESPN:

“Es relativamente fácil para los jugadores sortear los seis controles de orina a los que eran sometidos cada temporada”. «Si no hay opción de ser cazado y eres demasiado competitivo, harás todo lo posible para ganar. Eso incluye consumir esas peligrosas sustancias que mejoran tu rendimiento»

Tygart sabía que mientras la política antidopaje de la liga se basara legalmente en acuerdos entre la asociación de jugadores y la propia NBA, había muy poco que hacer. La USADA solamente podía tener cierta “jurisdicción” legal en caso de convocatorias olímpicas. La propia agencia mundial anti doping intentó en su día, por mediación de la USADA, reunirse con la NBA y los jugadores a fin de intentar aunar criterios en las medidas de lucha contra el dopaje, pero sus intentos fueron rechazados. A los ojos del mundo, la NBA quería ser dueña y señora de sus actos y no iba a permitir que nadie se entrometiera.

Stern nunca pareció inquietarse demasiado por el tema, incluso se permitió criticar duramente a la Agencia mundial anti doping en el año 2006 al asegurar que dicha asociación había perdido el respeto de la comunidad internacional. Esta sorprendente declaración estaba motivada por el tratamiento del caso del ciclista Floyd Landis, ganador del Tour de Francia que dio positivo por testosterona menos de una semana después de que se proclamase vencedor en París. Stern cargó duramente contra el presidente de la agencia, Dick Pound, alegando que “cada vez se hacía más complicado tenerle respeto a la agencia”. Stern acusaba de imparcialidad a la organización por no haber permitido el uso de una muestra adicional del análisis de Landis. Pound aprovechó la coyuntura y atacó a la NBA acusándola de falta de rigurosidad en sus pruebas y de escasa seriedad e implicación en el proceso de detección.

A todos los efectos, podemos calificar el mandato de Stern como la época más opaca, sombría y sospechosa en lo relacionado con el asunto que hoy nos reúne.  La “herencia de Stern” incluía únicamente varios casos mediáticos que fueron debidamente exhibidos como cabezas de turco para intentar demostrar que se estaban haciendo las cosas bien. El 90% de dichos casos eran por consumir drogas y no anabolizantes.

170612 CLE at GSW Finals G5-26

Pero David Stern se retiró y Adam Silver recogió el testigo como hombre más importante de la mejor liga del mundo. Poco después de ocupar su cargo declaró su ausencia total de preocupación ante el asunto, pues aseguró que se hacían análisis suficientes y además los esteroides (según él) no formaban parte de la cultura de la NBA.

Silver puede ser cualquier cosa, pero tonto no es una de ellas y, como tal, era perfecto conocedor de la herencia situacional que le legaba Stern. Confianza, sí, pero avances en la materia también. Silver lanzó muchas indirectas sutiles, como si estuviera advirtiendo implícitamente a los integrantes de liga de que las cosas iban a cambiar; y así fue en parte. En la temporada 2015/2016 por fin se comenzaron a hacer pruebas de sangre destinadas a detectar la famosa hormona de crecimiento. Eso sí, después de hacer el pacto de rigor con la asociación de jugadores, la cual parece tener un poder incomprensible en ciertas materias.

Los avances en la política antidoping de la liga cada vez son mayores desde la llegada de Silver, llegando incluso a realizar perfiles de testosterona, pero no se acaba de ver el cambio drástico que mucha gente espera. Esa anhelada trasparencia en el tema del dopaje no tiene visos de llegar porque, de momento, Silver parece bastante más interesado en la globalización de la liga que en otras cosas.

Al final del camino lo único que podemos asegurar es que nadamos en un mar de incógnitas y sospechas fundadas en el que lo único que va a estar siempre claro es que mientras la propia liga sea quien se controle a sí misma, nunca podremos disipar del todo la gran sombra de la duda.

 

Foto Adam Silver: Scott Daniel Cooper / starting5online.com

 

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