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NBA Draft: Los undrafted podrán volver a la NCAA

Las nuevas reformas reglamentarias generan un gran debate en torno al Draft, la NCAA y el High School.

El mundo del baloncesto se tambaleó tras el escándalo por cobros ilegales en la NCAA. Tal fue el impacto mediático que altos cargos de las universidades implicadas fueron despedidos o dimitieron. A nivel deportivo no se quedó corto el saneamiento, hasta tal punto que toda una figura de la liga como Rick Pitino puso fin a su periplo como entrenador en Louisville tras verse salpicado por la investigación del FBI.

Este altercado probablemente ha acabado con la carrera en los banquillos del que un día fue entrenador de los New Yorck Knicks o Boston Celtics. Pero más allá de nombres propios ha supuesto un punto de inflexión, una chispa para prenderle fuego al sistema que en los últimos años servía de transición entre el baloncesto amateur y el profesionalismo en Estados Unidos.

El bochorno en los medios y redes sociales fue tal que la propia competición decidió revisar sus normas y prometió trabajar para devolver la estabilidad a la liga, adaptándola a los tiempos actuales. Para la NCAA, lavar su imagen era algo crucial y para ello decidieron cambiar una serie de normas que, directa o indirectamente, afectarán al mundo del baloncesto en su plenitud, no solo a Estados Unidos.

 

Representación de jugadores, ¿elitismo o justicia en la NCAA?

Entre todas las normas que estableció la NCAA (se pondrán en práctica del 2020 en adelante), una de las más significativas, fue la que permitía a los jugadores de High School y NCAA ser representados por agentes certificados por la propia liga. En un principio todo parece ir correctamente, una medida justa que permite a los jugadores apoyarse en profesionales para orientar su futuro profesional.

Ahora bien, esta norma tiene un problema importante, no todos los jugadores van a tener agente. La NCAA, mediante un comité especializado será quien determine qué jugadores pueden tener agente, lo cual nos plantea una serie de dudas importantes.

La propia liga ha tomado ciertas decisiones con un objetivo claro: darse a conocer. Tras el impacto en la audiencia que supuso no tener a jugadores como Ben Simmons o Markelle Fultz en el March Madness, la NCAA decidió, de forma algo controvertida, incluir a equipos con jugadores algo más populares pese a que sus méritos colectivos fueran dudosos. Así pues, en esta edición encontramos a jugadores como Michael Porter Jr o Trae Young en la fase final de la liga universitaria.

Trae Young NBA Draft

Soonersports.com

¿Qué tiene que ver esto con la representación de jugadores? Que probablemente a los que se les dé permiso para tener un agente, aunque sea certificado, sean este tipo de prospects, jugadores que acaparan focos y atención de cara a la NBA. Hablamos por tanto de una pequeña élite dentro de la NCAA a la que no pueden aspirar todos los jugadores, lo cual no es demasiado justo.

Sin embargo, también es cierto que, si la NCAA produce tanto dinero actualmente es por la presencia de los grandes prospects que apuntan a ser estrellas en la NBA. En los últimos tiempos encontramos proyectos de formación que pretenden competir con la liga universitaria. Ligas privadas como la JBL (sin éxito alguno en el recruit) y otras más atractivas como la G-League o la liga australiana.

Ante estas amenazas la NCAA ha decidido que debe mimar de alguna manera a quien atrae (y atraerá) gran parte de los beneficios y ofrecerles un incentivo para acudir a la universidad más allá de la exposición que ya tenían. ¿Parece razonable no?

 

La influencia del High School en el Draft

La NCAA se nutre de jugadores vía High School y recruiting internacional a través de las becas deportivas. Estudios pagados, trato de auténtica estrella en el campus y exposición máxima son algunas de las ventajas que ofrece la NCAA a los jugadores.

Aun así, existen jugadores como Darius Bazley o Mitchell Robinson que deciden que, incluso con todos esos ofrecimientos, no compensa tanto pasar por la universidad para dar el salto a la NBA. En épocas anteriores, cuando estaba permitido presentarse al Draft desde el instituto, solo los grandes prospects lo hacían. Kobe Bryant, LeBron James, Dwight Howard, todo eran superestrellas a nivel de instituto y a la larga han tenido carreras exitosas (sobre todo los dos primeros).

Bazley y Robinson, probablemente se hubieran presentado al Draft de la NBA nada más salir del instituto si fuera posible. Y ahora que la NBA y la NCAA están trabajando para que sea posible dar ese salto desde el instituto, habrá jugadores que lo hagan.

Con 2020 en el horizonte como fecha para aplicar las nuevas normas, uno de los mejores prospects de su clase, Jalen Green (SG), ya ha declarado que la NCAA no sería su destino si pudiera dar el salto desde el High School.

“Lo haría si lo cambiaran, quiero ser un profesional.”

Y probablemente sería el primero de muchos en querer dar este paso, porque recordemos que, no ser drafteado ya no es un problema ya que podrás volver a la universidad (o en este caso entrar por primera vez).

Las estrellas de instituto podrían desestructurar las plantillas NCAA si, tras comprometerse, deciden presentarse al Draft desde el High School.

Las estrellas de instituto podrían desestructurar las plantillas NCAA si, tras comprometerse, deciden presentarse al Draft desde el High School. Foto vía Twitter: @DukeMBB

 

Caso práctico: El problema para las universidades

A lo largo de todo el artículo hemos hablado sobre jugadores, nombres propios y la visión del prospect que se presenta al Draft. Sin embargo, existe una parte que puede salir muy perjudicada con este cambio de norma: las universidades.

Las plantillas universitarias están formadas por un máximo de 15 jugadores y normalmente todos están becados para jugar en esa universidad. Ahora bien, cuando un jugador se presenta al Draft, está rechazando la beca del año siguiente para dar el salto a los profesionales.

Esto antes no suponía un problema, porque las plantillas trabajan con mayor seguridad (si se presenta un jugador al draft es una beca más disponible para otro, si es senior, lo mismo). Pero ahora los jugadores pueden volver a la universidad aunque no sean elegidos. ¿Qué deben hacer las universidades en este caso?

Pongamos un ejemplo. Una universidad tiene 15 fichas para la temporada que viene tras reclutar a tres jugadores de instituto. Sin embargo, al Draft de la NBA deciden presentarse uno de los jugadores de High School que habían reclutado pese a haberse comprometido con el equipo y un jugador sophomore que ya estaba en plantilla (habrían 13 fichas ocupadas y dos disponibles). Para suplir su baja, la universidad consigue un transfer (jugador que cambia una universidad por otra durante su periplo universitario), pero tras el Draft de la NBA ninguno de los jugadores es elegido y deciden volver a la universidad.

De este modo tendríamos una ficha disponible para dos jugadores, ya que el transfer ocupa una de las que dejaron libre. Y aquí es donde empieza el gran dilema de la nueva norma, porque afecta a la estructuración de las plantillas año a año. Universidades como Kentucky o Duke, abonadas al one and done, podrían ver desestructurados sus equipos a pocos meses de empezar la competición, cuando el 99 por ciento de los jugadores de esa clase ya han decidido su destino.

 

Las opiniones en las redes

En The Wing, hemos pedido opinión en las redes a diferentes personas con un conocimiento amplio sobre la NCAA. Sus reflexiones y críticas a la nueva norma nos permiten ver diferentes puntos de vista acerca de una regla tan polémica como es el one and done, así como la medida que pretenden tomar para “acabar con él”.

 

Pedro San Miguel (@sanmi_9flip )

La NCAA necesitaba tomar decisiones para no quedar descolgada en la carrera con otras grandes ligas, y a la vista de las últimas medidas han apostado por agasajar a los jugadores mas influyentes.

Los mejores proyectos para la NBA salen ganando, pero el problema claro y primordial será resolver donde está el límite marcado como ‘élite’. Los más mediáticos deben dar palmas de alegría, pero aquellos que puedan explotar en universidades secundarias y a fuego lento se encontrarán con una pequeña desventaja respecto a sus compañeros de generación. En cuanto a las universidades, papeleta similar cambiando las tornas. Duke, Kentucky y las grandes casas del one &done vivirán en tensión hasta la noche del draft, lo que podría provocar que pierdan algún que otro jugador por el camino de cara a futuros reclutamientos.

 

Bryan García (Director de @esperandomarzo )

Sorprende la flexibilidad y el gran primer paso con el que la NCAA ha enfrentado uno de sus grandes tabús, el del ‘profesionalismo prematuro’. Los one-and-done siguen siendo un caso a estudiar, pero que se les permita a los universitarios regresar a sus programas si no logran ser elegidos les abre un abanico de posibilidades para que éstos puedan profundizar y/o terminar sus estudios, y a la vez seguir formándose como futuros jugadores profesionales antes de volver a intentarlo en próximos años.

Pienso que este anuncio es todo un acierto en el que todas las partes salen beneficiadas: para los estudiantes-atletas que ven incrementa su formación, para la competición que ve como el nivel de ésta se incrementa para el año siguiente y para los propios programas que ven como ilustres jugadores regresan a casa a competir un año más con su alma mater.

La imagen de la competición ha sido dañada en los últimos años a consecuencia de los casos por corrupción en el reclutamiento de jugadores, las críticas vertidas por culpa de los one-and-dones, el impulso de los jugadores a saltar a otras competiciones para no asistir a la universidad… Pero tanto la NCAA como la NBA han apuntado esta vez en dirección correcta. Y ojala siga así.

 

Bastian García (@BastianG_Basket)

La realidad es que la NCAA da soluciones pero sin aportar trasfondo. La normativa sería interesante si se aplicase a todos los jugadores que inscriban su nombre en el Draft, pero la realidad es que solo es aplicable a los jugadores que son invitados al NBA Combine, lo que limita y mucho a los jugadores menores que quieran dar el paso.

Sin ir más lejos, analizando el Combine de esta temporada, sólo seis de los más de 70 presentes en el evento podrían regresar al baloncesto colegial esta temporada. Una medida con trampa que da muy pocas soluciones pero que enmascara con  marketing una estrategia que debería ser permitida a todos los jugadores que pongan su nombre en el Draft a partir de la citada fecha.

La NCAA sigue cribando elite prospects y la realidad es que lo hace muy bien, sin pensar en el pequeño.

 

Patri Martínez de Lafuente (@patri41_)

La nueva regla que permite a los jugadores no drafteados regresar a su universidad aproxima la NCAA a aquello que debería ser pero muchas veces queda lejos de la realidad: una institución que verdaderamente busca la mejor situación para el estudiante-atleta. No es un cambio radical, pero sí mejorará el escenario de los ‘undrafted’ y de los equipos que podrán tenerlos de vuelta. Todos salen ganando.

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