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NBA Avanzada: Brooklyn Nets, reconstruyendo desde la nada

Los Nets ven la luz al final del túnel y aunque aún les queda mucho, ese maldito traspaso empieza a superarse.

“Los dioses del basquetbol hoy le sonríen a los Brooklyn Nets”. Estas fueron las palabras de Mikhail Prokhorov (dueño de la franquicia) tras el “trade” más polémico de la historia reciente de la NBA.

Corría el año 2013 y los refundados Nets (pasaron de New Jersey a Brooklyn) adquirían a Kevin Garnett, Paul Pierce, Jason Terry y Dj White de los Boston Celtics. La retribución que en su momento parecía muy leonina, terminó marcando el presente y futuro del equipo neoyorkino.

 

 

Lo que aparentemente se había gestado en la cabeza de Billy King (por entonces general manager) era un equipo que iba a disputarle la supremacía del Este al “big three” de Miami Heat. La apuesta era grande, pero algo que en su momento tenía sentido desde la perspectiva de un dueño desesperado por lograr notoriedad, a toda costa, carecía de las bases necesarias para tan alto objetivo.

 

Brooklyn Nets: de la ilusión al golpe

El movimiento que se había gestado en la noche del Draft del 2013, ponía a los Brooklyn Nets en la vitrina de la liga. Deron Williams, Joe Johnson y Brook Lopez tendrían los complementos necesarios para poder enfrentar a LeBron, Wade y Bosh o eso es lo que se pensaba.

No pasó mucho tiempo para que la realidad golpeara la cara de Prokhorov tan fuerte como una derecha ascendente de Mike Tyson. El inexperiente Jason Kidd nunca pudo encontrarle la vuelta a un equipo que estaba condenado desde dentro.

El proyecto a corto plazo quedó más corto de lo pensado cuando los Nets se marcharon derrotados de South Beach por el verdugo James. Y todo se desmoronó como un castillo de naipes.

Paul Pierce se marchaba a los Washington Wizards, Jason Kidd volaba a Milwaukee por una segunda ronda tras su fracaso en la dirección, Kevin Garnett volvía a Minnesota por Thaddeus Young y Deron Williams era despedido para firmar por su natal Dallas Mavericks.

Pocos proyectos se evaporizaron tan rápido como este de los Brooklyn Nets. Solo el experimento Howard/Nash en Los Angeles puede compararsele en los últimos años en calidad de tiempo/fracaso. El paralelismo es bastante similar, con la salvedad que el daño colateral fue mucho mayor en el equipo de “la gran manzana”.

Ahora con un equipo a la deriva y con su futuro completamente hipotecado en manos de Danny Ainge (los Celtics tenían las primeras rondas de los Nets del 2014/16/18 y el derecho a intercambiar la del 2017) las perspectivas inmediatas no eran las más halagüeñas.

El proceso de reconstrucción no podía comenzar antes de cobrarse al cerebro de la operación fatídica. Billy King era despedido después de haberse cargado el activo de la franquicia transfiriendo 11 primeras rondas, incluyendo a Derrick Favors, y algunas cuyo resultado terminaron convirtiéndose en  Damian Lillard entre otros.

 

 

Junto con el “general manager” partía Lionel Hollins, de rotundo fracaso tras su gran desempeño en Memphis Grizzlies.  Solo Joe Johnson quedaba del núcleo, pero finalmente encontró salida en febrero del 2016 ya con la nueva dirigencia al mando.

Las razones o los motivos de semejante fracaso pueden ser achacadas a Billy King, pero en el fondo, fue una conjunción de hechos que llevaron al dirigente a forzar traspasos por presión del dueño de la franquicia y no tener una base acorde para sustentar la tamaña odisea de pelear contra LeBron.

Paul Pierce declaraba tiempo después que Deron Williams no se comportaba como un verdadero jugador franquicia.  Su nivel de compromiso y ética laboral no eran las acordes para afrontar los desafíos que se tenían por delante. El ex Celtics alegaba también que no era mala actitud del jugador, simplemente que no estaba en su personalidad.

Jason Kidd no pudo afrontar en su primer año la responsabilidad que le cayó como “candidato” y la profundidad de la plantilla no era lo suficientemente de calidad como se pensaba. Luego Hollins fue víctima de un proceso que se descomponía paulatinamente y que se llevaba lo poco rentable que quedaba.

 

“Una nueva esperanza”

Prokhorov se tomó un tiempo para ver quién iba a ser el que comenzara con el proceso reconstructivo. El magnate Ruso, se alejó de su lado más impulsivo y buscó el asesoramiento necesario para encontrar la persona adecuada para instaurar una idea, y sobre todo un camino.

No era una tarea sencilla, tengamos en cuenta que los activos de los neoyorquinos eran inexistentes: jugadores sin valor y con salarios altos, sin primeras rondas de “Draft”  hasta el 2018, y con una agencia libre restringida por la imagen paupérrima de los últimos años. El que aceptase el trabajo tendría que empezar, no solo de cero, sino con NADA para edificar.

Sean Marks fue el encargado de “recoger la toalla” y afrontar su primer desafío al mando de una franquicia. Proveniente del núcleo duro de dirigentes de los San Antonio Spurs, el oriundo de Auckland, Nueva Zelanda, fue bien recibido por el ambiente de NBA que inmediatamente aplaudió la medida de los Brooklyn Nets.

Las primeras declaraciones del dirigente dejaban caer una parte importante de su lineamiento para los próximos años: “tenemos por delante el desafío de crear un ambiente unificado y generar una cultura ganadora”.

Las decisiones iniciales marcarían la tónica de su trabajo hasta el momento: buscar espacio salarial para poder ofrecer contratos a los “rookies” prometedores de otros equipos, pujando ante aquellos que no pueden afrontar contratos máximos, y obtener  rondas de “draft” vía traspaso para poder incorporar jugadores jóvenes y formarlos en la franquicia.

Desde su llegada a la actualidad solo un jugador permanece del plantel, la primera selección del draft del 2015, que fue adquirida tras un traspaso con los Portland Trail Blazers: Rondae Hollis Jefferson.

Otra fuente de obtención de activos  ha sido la “G-league”, donde rescataron varios jugadores productivos entre ellos a Spencer Dinwiddie, o la agencia libre, con aquellos descartados por otros equipos por cuestiones de cupos:  Joe Harris es un ejemplo de ello.

El parámetro de búsqueda es siempre el mismo: jugadores jóvenes que se puedan formar y que tengan ganas de demostrar su valía.

Ya con la cabeza del proyecto asegurada, se necesitaba de alguien que pudiese llevar las ideas al mismísimo parquet, y para ello, el reclutamiento fue similar al de jugadores, pero esta vez, para el director técnico.

Si los Atlanta Hawks habían sorprendido a la liga con uno de los mejores juegos colectivos de los últimos tiempos (“los mini Spurs”) algo tendría que ver su cuerpo estratégico. Por decantación, el nombre de Kenny Atkinson salió a la palestra.

Si Marks iba a mostrar una línea de trabajo desde el inicio, el coach fue por la misma senda. Ni bien asumió dijo que necesitaban crear una filosofía de competencia para volverla ganadora y trazar un camino de juego.

Las lesiones de sus principales jugadores, sobre todo Jeremy Lin, diezmó su desempeño en su primer año de competencia, pero esto no apartó a la franquicia ni al director técnico del objetivo:

“Me gusta la mejora paulatina, esto es una maratón no una carrera de velocidad” .

La oficina del general manager y el cuerpo técnico trabajan a la par en busca de mejora constante. El patrón de progreso es a largo plazo, y de la desesperación de los primeros años del multimillonario Ruso, se pasó casi a una paciencia Zen.

“Me encanta trabajar con Sean (Marks). Estamos casados, por así decirlo. Terminamos la oración del otro que estamos pronunciando. Tenemos algunos desacuerdos aquí y allá, pero en su mayor parte, creo que ambos entendemos la cultura que estamos tratando de construir. Y ese no es siempre el caso en esta liga”.

La directiva ha logrado mejorar el roster paulatinamente con un perfil de trabajo claro y con mucha inventiva. Utilizando los recursos y oportunidades presentadas por la coyuntura, se hicieron en menos de cuatro meses con dos jugadores con mucho potencial: D’Angelo Russell y más recientemente Jahlil Okafor.

Ambos  siguen la línea de perfil que están buscando: jóvenes, con mucho margen de mejora y que tienen que hacerse un lugar en la liga. Las apuestas son fuertes, pero teniendo en cuenta el poco margen operacional que tiene la dirigencia neoyorkina están obrando prácticamente un milagro.

 

La progresión en cancha de los Brooklyn Nets

Esa mejora paulatina de la que habla Atkinson también se está viendo en la cancha y teniendo en cuenta que están sin sus dos mayores talentos, ausentes por lesión, el mérito se eleva al cuadrado.

Los Brooklyn Nets ya no ocupan el fondo de la liga, su progresión este año teniendo en cuenta el inicio de la temporada es duplicar su cantidad de victorias del año pasado y luchar por la última plaza de playoffs (los Celtics agradecidos).

El juego muestra cada vez mayor solidez, sobre todo en ofensiva, donde el movimiento de pelota y el aumento del “pace” le están dando oportunidad para ocultar la falta de peso ofensivo que tienen sin Russell y Lin.

 

 

El perímetro está siendo el arma principal del conjunto de Atkinson. Muchas cortinas y desmarques en estacionado para los tiradores: Allen Crabbe, Joe Harris y en menor medida DeMarre Carroll, sumado al vértigo explosivo que aporta Spencer Dinwiddie.

La importancia dada a usufructuar el contragolpe y la ofensiva temprana, con utilización de jugadores livianos y con mucha explosividad, le proveen de puntos fáciles que son un paliativo para la falta de peso en la pintura. Tanto Tyler Zeller como el “rookie” Jarret Allen, no tienen la fuerza para ganarse los puntos por habilidad, pero si, explotan muy bien la transición (el primero) y los “alley oops “(el segundo).

La llegada de Okafor es un misterio.  Teniendo en cuenta sus problemas de movilidad y la alta velocidad con la que juegan los Brooklyn Nets, es normal que lo dejen en el “dique seco” hasta que baje el peso suficiente para poder acercarse a la velocidad requerida. Lo que sí sabemos es que el ex Sixers tiene un talento natural increíble en el poste bajo, pero tendrá que trabajar mucho su tiro y en defensa si quiere hacerse un lugar en la liga.

Caris LeVert, considerado por Kevin O’Connor como uno de los robos del anterior “draft” está aportando en ambos costados de la cancha, acompañando el enorme progreso ofensivo de Hollis Jefferson, que junto a Carroll, son también el ancla defensiva del equipo.

Un núcleo de mucha progresión, acompañado de una dirigencia y cuerpo técnico alineados, dan muestra de que el futuro en Brooklyn Nets es más optimista que nunca, y sobre todo, con perspectivas de mantener un éxito sostenido con lineamientos claros en la formación y el progreso de los jóvenes.

Parafraseando a  Mikhail Prokhorov ahora sí, “los dioses del basquetbol parecen sonreírle a los Brooklyn Nets”.

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