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Mentiras, incompetencia y errores en Chicago Bulls

La directiva del conjunto de Illinois ha protagonizado algunos de los episodios más embarazosos en las últimas décadas NBA.

chicago bulls

Tras la historia de luces de Chicago Bulls, se esconde una repleta de sombras. Guillermo Mayol (The Wing)

A pesar de haber contado con una de las dinastías más recordadas en la historia de la NBA, Chicago Bulls ha adoptado un tono mediocre e incluso de hazmerreír durante los últimos años. Una directiva al cargo de un conjunto histórico no hacía más que acumular malas decisiones, una tras otra y muchas de estas sin tener en cuenta a los profesionales que ocupaban su plantilla. La última muestra de esto vendría protagonizada por Robin Lopez y Justin Holiday.

Si bien es cierto que el escolta ha conseguido algunos minutos desde el parón del All-Star, el pívot todavía espera conseguir su primera aparición en pista. Ambos son grandes profesionales con varios años de experiencia y han sido de gran ayuda a los más jovenes. Como apoyo o mentor, han sabido cumplir con su rol de veterano, aunque la directiva ha creído que la mejor forma de devolverles el favor era reteniendo de forma abrupta sus minutos (llámelo desarrollo, llámelo tanking con descaro).

La incapacidad de tratar con aquellos que les rodean es algo que no viene de nuevo, e incluso el mismísimo Jordan ya experimentó en sus carnes lo que era trabajar con gente de despacho que mostraba mayor prioridad por el número de billetes que por el de títulos.  Ciertamente, un paseo por la historia reciente de Chicago puede ser más aterrador de lo que uno pueda imaginar. Abróchense los cinturones.

 

El fin prematuro de la era Jordan

Hace apenas unos días, Bill Simmons, referencia en el sector NBA, publicaba un interesante artículo (gracias, @CafeDeRick ) en el que trataba la siempre discutiada carrera LeBron-Jordan. No obstante, no era esta discusión la que debía llamar en especial la atención, sino los focos situados sobre la intención de romper el triángulo ganador formado por Michael Jordan, Scottie Pippen y Phil Jackson.

En efectivo, una de las combinaciones más exitosas de la historia de la liga no resultaba suficiente atractivo ni para el ya fallecido General Manager de aquella época, Jerry Krause, ni para el todavía propietario de la franquicia, Jerry Reinsdorf. Tanto por problemas de ego como económicos, el punto y final de la mejor etapa de Chicago Bulls estaba siendo propulsada por aquellos que movían los hilos en las sombras.

Ni siquiera Jordan pudo escapar a a los deseos de los despachos. Jean-Pierre Magnan (CC)

Krause, por un lado, estaba buscando la inminente salida de los tres caballos previamente mencionados porque, citamos del columnista Phil Rosenthal (vía Simmons), «(Krause) merecía más crédito del que recibía pero quería más del que merecía«. Nadie duda del gran trabajo que se realizó juntando las piezas que acabaron encajando en Chicago, pero cuando precisamente esas piezas representan la más pura victoria en pista y banquillos, debes aceptar los propios límites de tu labor.

Por otro lado, Jerry Reinsdorf, un empresario de buen hacer, no tenía intención de invertir más millones de los que viera necesarios. Es por ello que tras poner toda la carne en el asador con Jordan, nunca pensó en hacer lo mismo con Pippen y Jackson. Y es que por muy veloz que sea un monoplaza, son necesarias todas las ruedas para hacerlo funcionar adecuadamente, o de lo contrario puedes acabar estrellándote (más todavía si coges el volante con la intención de hacerlo).

Con el tiempo, Krause acabó abandonando su posición hasta encontrarnos a día de hoy con Gar Forman, mientras que Jerry Reinsdorf sigue con las riendas de los Chicago Bulls. No es de extrañar, pues, que los problemas que una vez quedaron a la sombra del éxito, asomen con mayor facilidad cuando la mediocridad es lo que define tu presente.

 

Gracias por nada, Thibs

tom thibodeau

Thibodeau alzó a Chicago Bulls para caer posteriormente en el desprecio. Joseph Glorioso Photography (CC)

Como es de esperar, si desde los despachos no tuvieron miedo alguno a poner punto y final a la relación más provechosa de la historia, aquellos que les siguieran lo iban a tener todavía más crudo. Prueba de ello es Tom Thibodeau, un hombre que a pesar de las dificultades logró siempre contar con un conjunto competitivo y que incluso se alzó con el premio de Entrenador del Año.

No obstante, cuando las cosas comenzaron a torcerse y las intenciones entrenador-directiva empezaron a chocar, fue realmente como si Thibodeau jamás hubiera conseguido todo el éxito que realmente logró. Tres años atrás los despachos pusieron fin a la etapa de Thibs como técnico de los de Illinois, y lo hicieron con una de las peores despedidas que podría otorgársele a alguien que había conseguido tanto con, en ocasiones, tan poco.

«Cuando todo el mundo está en sintonía, la confianza se desarrolla y los equipos pueden crecer para triunfar juntos. Desgraciadamente, ha habido un distanciamiento respecto a esta cultura».

Esta fue la excusa que recogieron desde Sports Illustrated cuando Jerry Reinsdorf habló acerca de la salida de Thibodeau. La falta de confianza era tal que, varios años más tarde, Jimmy Butler y Taj Gibson se reunieron junto al mismo Thibs en Minnesota, acompañados por otros que también se encontraran bajo el mandato del entrenador en Chicago, como Aaron Brooks. Tampoco podemos obviar los constantes rumores en torno a Rose y Noah, así como las siempre presentes palabras de afecto entre unos y otros.

¿Dónde se encontraba entonces la falta de confianza? ¿En que Tom Thibodeau no ejercía exactamente como lo deseaban desde los despachos? No se puede pretender darle el contol a un alfa para posteriormente querer que se preste a todo cuanto desees. Claro que, posiblemente aquí entre el adjetivo de «gran comunicador» que se le atribuyó en su momento a Fred Hoiberg. Un adjetivo que cada vez apunta más a estar relacionado con su capacidad para acatar órdenes que para hacer llegar su voz.

Pocos comentarios hay que realizar ya al respecto sobre las palabras de Gar Forman en las que acreditaba a Thibodeau y el equipo bajo sus órdenes con «cierto éxito» durante su paso. Si algo dejó bastante en claro la inquebrantable postura de los despachos fue la negación al entrenador de un vídeo tributo en su primer retorno como dirigente de los Wolves. Una gran victoria moral para la directiva, sin lugar a dudas.

 

Derrick Ro- ¿quién?

La nueva luz de Chicago Bulls se apagó sin demasiado interés por evitarlo. Erik Drost (CC)

Dejando a un lado la trágica historia profesional de Derrick Rose, hubo un punto en el que claramente todo el mundo pensó en él como el heredero de Jordan. El MVP más joven de la historia era la nueva luz que guiaría a los aficionados de Chicago Bulls, y como tal, debía tener a sus espaldas una directiva que buscara más el beneficio personal que el de todo lo que rodeaba a la franquicia que controlaba.

«La gente siempre decía que no intentaba reclutar. Intenté reclutar. Hice un vídeo. Pero no era yo quien debía decirlo. Sentí que era la organización quien debía decirlo. Y no lo hicieron».

Con el paso de los años, aquello que más se le achacó a Derrick Rose fue la poca intención de reclutar a otros jugadores para Chicago. Hace unos meses, gracias a K.C. Johnson, del Chicago Tribune, pudimos descubrir que no fue así. Pero, ¿por qué tras algunos años escuchando que no le interesaba reclutar a jugadores admitía ahora algo así?

«Solo quería ver quién me apoyaba».

Solo quería ver quién le apoyaba. El MVP más joven de la historia. Líder de una de las temporadas regulares más éxitosas en el recorrido de Chicago Bulls. Un jugador que accedió a trabajar para intentar atraer a nombres del calibre de LeBron James y Dwyane Wade, y que sin embargo nunca recibió una respuesta por ello. Todo porque, aparentemente, la directiva no le apoyaba.

Con el cúmulo de lesiones y Derrick Rose nunca volviendo a ser el que era, desde los despachos se decidió que la mejor decisión a tomar solo podía ser traspasarle. La necesidad de comenzar a construir un conjunto más «joven y atlético» fue la principal causante del sonado movimiento que acabó con Robin Lopez y Jerian Grant en Chicago. Eso sí, antes de comenzar a sentirse a gusto con la juventud, fue obligatorio un pequeño paseo en el tren de uno de los peores y más absurdos «big-three» en el territorio NBA.

 

Rajon Rondo y Dwyane Wade, juventud y atleticismo

En un alarde de genialidad a la directiva de Chicago Bulls, recordemos con Jerry Reinsdorf todavía como propietario, se le ocurrió invertir lo que no quisieron con Pippen y Jackson en Rajon Rondo y Dwyane Wade. Sí, semanas después de alegar el «más jóvenes y atléticos». Aunque, lógicamente, lo mejor de la historia no iba a quedarse aquí, sino que el contexto de la misma le daba la chispa que le faltaba.

Jimmy Butler se alzaba como nuevo estandarte de Chicago al haberse convertido en uno de los mejores jugadores de la competición. Físico y playmaking caracterizaban (y caracterizan) al espléndido jugador, y por ello se cayó en la idea de que la mejor forma de apoyarle era precisamente con otros dos jugadores que encontraran en el físico y el playmaking sus puntos fuertes. No nos olvidemos, por supuesto, del volátil carácter de todos ellos.

Jimmy Butler

Jimmy Butler, el último estandarte de Chicago Bulls a caer ante la directiva. shinya suzuki (CC)

¿Resultado de la ecuación? Salida en primera ronda tras prácticamente quedarse fuera de Playoffs aderezada con un extra de vestuario roto y discusión alocada. Un buen plato a placer de todo digno comensal. Fred Hoiberg, a su vez, estaba poniendo en práctica sus dotes de buen comunicador para conseguir… nada de nada. La palabra fracaso retumbaba más fuerte que nunca y la necesidad de reconstrucción llegaba por la vía rápida.

 


 

Da bastante vértigo observar cómo con el paso de los años la directiva de Chicago Bulls se ha vuelto verdaderamente adepta a autodestruirse. En cuestión de décadas varios han sido los buques insignia que, tras un rendimiento espléndido, se han visto obligados a abandonar la franquicia con más sombras que luces. Todos ellos a ojos de prácticamente los mismos miembros del despacho.

Con la reconstrucción ya activada y varios jugadores prometedores, gente como Jerry Reinsdorf ha ganado el tiempo que necesitaba para seguir llenándose los bolsillos sin tener que preocuparse de nadie que se cruce en sus ideales. Veremos qué ocurre con el próximo gran líder consagrado del equipo ya sea en pista o banquillo, pero desde luego la historia reciente no habla demasiado en favor de tener éxito en la franquicia de Illinois.

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