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NBA

Luka Doncic impone su ley en Dallas

Luka Doncic ha devuelto la sonrisa a unos Dallas Mavericks que se ilusionan con volver a ser una franquicia ganadora.

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Alejandro Gaitán (The Wing)

 

El lector debe saber que Luka Doncic también tiene defectos, pero en este artículo no los comentamos. Disfruten.

Luka Doncic está viviendo el sueño americano. El esloveno, a sus 19 años, está siendo uno de los hombres clave de los Dallas Mavericks (15-16, en plena lucha por una de las posiciones de honor de la conferencia oeste) en un inicio de temporada magnífico y ya ha disipado las dudas del entorno sobre si sería capaz de adaptarse a la exigencia física de la NBA. Gracias a Rick Carlisle, uno de sus grandes apoyos en estos primeros meses, Doncic ha encontrado su sitio en un equipo que busca fijar una identidad y no ha perdido en ningún momento la sonrisa que le caracterizaba cuando jugaba en Europa. Porque cuando Luka Doncic es feliz jugando al baloncesto, nosotros disfrutamos un poco más.

Doncic es una parte fundamental del éxito de estos Mavs. Sin él (ni Carlisle) no se podría entender el nivel de eficacia en la ejecución de conceptos tácticos del equipo y tampoco se entendería la cantidad de victorias que suman a estas alturas. Podemos hacer poco más que rendirnos a su impacto y reconocer la mejora de la franquicia de Mark Cuban, pero… ¿ya sabemos cuáles son los motivos de la gran versión que está mostrando? Merece la pena intentar analizarlos.

 

El registro Doncic

Estos Dallas Mavericks tienen dos registros de juego: las transiciones y el ataque a media pista. Doncic es el arquitecto del ataque estático y el inicio del sistema. Jugar con compañeros que priorizan la funcionalidad antes que las posiciones le permite tener un área de influencia muy amplia y completamente adaptable a las debilidades del rival. La versatilidad de la rotación de aleros de los Mavs es una bendición para Luka Doncic, que encuentra alternativas permanentemente.

Los Mavs tienen una característica especial: la primera unidad y la segunda son completamente autónomas. Principalmente porque la segunda unidad de los de Carlisle es una de las mejores de la liga (la mejor estadísticamente hablando) y esto les induce a hacer pocos retoques. Entre otras cosas, este condicionante implica que los roles sean muy claros. Esto nos ayuda a entender el papel de Luka: es el máximo anotador (18’8), asistente (4’8) y responsable del balón (26’6% de USG) de la primera unidad. Así pues, su impacto es fundamental (pero no definitivo). Luka se ha autoproclamado líder de un equipo que compite gracias a la meritocracia que rige su rotación y ha demostrado que los años en Europa, más que un prejuicio, deberían ser considerados un aval. Rick Carlisle lo sabía.

Luka Doncic es el gran foco de ilusión de Dallas esta temporada. El único punto discutible, que valdrá la pena debatir en profundidad otro día, es si Dennis Smith Jr (un jugador que sufre cuando el juego se ralentiza) corre peligro de estancarse por culpa de la explosión de su compañero. Lo que está claro, sin embargo, es que a día de hoy los mejores minutos de Doncic son mucho más convincentes que los mejores minutos de DSJr en resultados, en rendimiento y en sensaciones. Y los Mavs apenas están colocando las primeras piedras del futuro, así que todavía tienen tiempo para hacer y deshacer y para decidir qué encaja y qué no. En principio -mantengo la confianza- se trata de dos jugadores plenamente compatibles con virtudes recíprocas.

 

Un impacto global previsible…con una eficiencia inesperada

El salto de Europa a Estados Unidos ha sido positivo para Luka Doncic. El esloveno ha digerido muy bien los cambios estilísticos y ha sido capaz de importar el impacto que tenía en Madrid a Dallas. Doncic, ya hoy, es mucho mejor jugador que el que vimos la temporada pasada, y no debemos olvidar que entonces, con el nivel (nivelazo) que estaba mostrando, ya había convencido a todos de su condición de mejor jugador de Europa.

No existía ningún tipo de duda sobre el talento de Doncic ni sobre la influencia que tendría en el juego de la franquicia que le eligiera. Tarde o temprano, el equipo donde aterrizara estaba destinado a ser el equipo de Doncic. De lo que sí dudaba gran parte del entorno (me incluyo) es sobre si la adaptación al juego del resto de equipos y al nivel de las referencias sería inmediata o sería un reto que requeriría más tiempo y mucha paciencia. El resultado ya lo estamos viendo.

El esloveno está demostrando una capacidad anotadora mejor que la que esperábamos, una evolución considerable en el tiro de tres puntos (de un porcentaje ligeramente superior al 31% a un porcentaje superior al 36% con un más intentos) y una buena asimilación de los conceptos defensivos del baloncesto norteamericano. Además, también está desarrollando una inteligencia táctica descomunal que le está permitiendo brillar, incluso, cuando juega sin balón (uno de sus grandes defectos en Madrid).

El hecho que mejor define su impacto, sin embargo, es que no está sufriendo los efectos del riguroso criterio arbitral los árbitros con los “rookies”. Doncic cuenta con un estatus sorprendente -prácticamente sin precedentes- que le ha ayudado a controlar su carácter balcánico hasta el punto de raramente debatir vehementemente cualquier decisión, algo que habría sido preocupante en Madrid.

 

La sociedad con DeAndre Jordan

Doncic ha pasado muchas fases de su carrera jugando con interiores especializados en hacer continuaciones. Interiores puros como Ayón, Reyes, Tavares o incluso stretchers como Anthony Randolph o Trey Thompkins. Por lo tanto, Carlisle tenía claro cuál podía ser uno de los grandes puntos fuertes del esloveno: el tándem con DeAndre Jordan. Todo el mundo tenía claro que podía ser una conexión mágica, pero las cosas empezaron así:

 

Los comienzos fueron difíciles. Ya sabemos que en la NBA, habitualmente, los rookies con ganas de implementar (o de imponer) su juego no tienen el apoyo inicial de los veteranos consagrados. Pero a medida que el método de Doncic ha ganado en productividad, la relación entre ambos ha mejorado ostensiblemente. La conexión Doncic-Jordan es una de las más prácticas de la NBA, y ya son capaces de canalizarla de distintos modos.

El juego base-pívot es uno de los registros que más dominan Luka Doncic (creador) y DeAndre Jordan (finalizador). Esta jugada, simple y efectiva a partes iguales, no ha tardado en convertirse en el estandarte de los Mavs:

Contar con un jugador que levanta la cabeza con tanta facilidad y que es capaz de interpretar instantáneamente e instintivamente lo que sucede a su alrededor como Luka Doncic es un privilegio. El esloveno es el gran aliado del ex de los Clippers, un hombre alto que tiene un índice de producción ofensiva y defensiva enorme pero que no puede generar juego para sí mismo.

Sin embargo, durante los primeros partidos de temporada (cuando DSJr jugaba con continuidad) e incluso en algunos momentos de la actualidad, Rick Carlisle optó (está optando) por un recurso estrambótico que era imposible de mantener a largo plazo: DeAndre Jordan generando desde el poste alto. Este recurso, si se emplea abusivaamente, es un arma de doble filo muy peligrosa: Doncic es superior a la mayoría de exteriores en el poste bajo, pero…¿qué fiabilidad tiene DeAndre Jordan pasando el balón (aunque haya mejorado con el paso de los años)?

Había que encontrar la manera de potenciar el talento de Luka Doncic. Efectivamente, el problema no era que el esloveno ejecutara sino que era que el ex de los Clippers fuera el generador por defecto en este tipo de jugadas. Y era mucho más grave de lo que parece por dos motivos: la poca eficiencia de DJ como pasador y el encasillamiento del esloveno a un rol mucho más sujeto a los movimientos de los compañeros que le privaba de libertad.

No era necesario eliminar este mecanismo para que Doncic brillara, y Carlisle lo sabía. Lo que sí era necesario era alternar las posiciones y cederle la responsabilidad al esloveno. A partir de esta modificación, los Dallas Mavericks han conseguido que DeAndre Jordan se implique totalmente en los partidos. El center vuelve a ser diferencial en ambos aros tras un inicio de temporada desesperante en muchas fases. Y ya sabemos qué impacto tiene en sus equipos cuando está entonado.

La de este partido contra los Nets es, posiblemente, la jugada que mejor explica quién es Luka Doncic y qué implica la reciprocidad de sus virtudes con las de DeAndre Jordan. En un periplo de tiempo muy limitado, el esloveno pasa de buscar recibir el balón en el poste bajo para jugarse una situación de uno contra uno contra Joe Harris a ser el base del equipo. Supera el bloqueo de DeAndre Jordan deshaciéndose del defensor con una finta excelente, llega al tiro libre y telegrafía con la mirada un pase que el jugador de la línea de fondo interpreta a la perfección. A Doncic le basta con menos de 24 segundos para sacudirlo todo.

 

Un paso adelante

Las frecuentes ausencias de Dennis Smith Jr han permitido que el esloveno, que comenzó la temporada siendo un creador más ocasional que de referencia, tome más responsabilidades que las asignadas en un principio. Esto ha condicionado varios aspectos del ataque de los Mavs (empezando por un “pace” más lento y continuando por una eficiencia mayor).

No debemos olvidar que el plan de Rick Carlisle pasa por tener dos grandes generadores de juego que permitan al equipo disponer de dos registros diferentes: Dennis Smith Jr y Luka Doncic. Hasta ahora, por lo que hemos visto y también por lo que vimos la temporada pasada, cuando juega Dennis Smith Jr los Dallas Mavericks (de momento) son ligeramente peores. Además, Doncic ha sabido adaptarse al estilo de Dennis Smith Jr partiendo de una función más ejecutora que creadora, pero Dennis no ha sabido adaptarse al estilo de Luka.

Doncic es un jugador con tendencia a tomar la decisión correcta, pero le ayuda mucho tener cuatro jugadores que lleguen a la cancha rival antes que él siempre que juega de base puro (por decir algo). Todo gira alrededor de algo que comentaremos más tarde (2 tiradores en la línea de fondo, uno en una de las franjas de 45 grados y un pívot listo para ejecutar el 2 contra 2) pero necesita saber que, cuando él haya terminado de pensar, todo estará listo para llevar a cabo la jugada. Un buen ejemplo de cómo Luka juega al baloncesto desde el cerebro lo encontramos en esta secuencia: sabe perfectamente que la defensa de los Lakers no está haciendo una buena transición y que tiene un tráiler detrás pidiendo paso. Y mirad lo que hace:

“Hardenización”

Existen varios paralelismos entre la forma de jugar de James Harden y la de Luka Doncic más allá de la manera de generarse el lanzamiento.

Y también más allá de la facilidad para forzar faltas.

El esloveno es uno de los talentos puros más brillantes de la NBA. La facilidad para entender el juego a media cancha que se ha llevado de Madrid es uno de los factores que le distingue de la gran mayoría de jóvenes: pocos jugadores generan con tanta eficiencia en ataques estáticos. Al más puro estilo Harden, cuando Luka juega de base estipula una distribución de espacios que le favorece: un interior que sube a hacer el bloqueo directo para jugar el 2 contra 2, dos tiradores en las esquinas y un último exterior que se sitúa en la zona de 45 grados de un flanco u otro del ataque en función de hacia dónde decida decantarse Doncic.

Hay un matiz sustancial entre el uso que Mike D’Antoni hace de James Harden y el que Rick Carlisle hace de Luka Doncic: la presencia o no presencia del doble base. Los Rockets tienen doble base (triple base si nos fijamos en las posibilidades que ofrece la rotación) puesto que disponen también de Chris Paul, uno de los mejores intérpretes del baloncesto estático de todos los tiempos. Esto les permite atacar con dos generadores capaces de desequilibrar (y capaces de hacer que los otros tres compañeros sólo tengan que recibir en posición de lanzamiento) y de controlar el tiempo del partido.

El uso que los Mavs hacen del esloveno es diferente por un motivo muy simple: cuando juega descaradamente de exterior, su compañero de “backcourt” no tiene la comprensión del juego estático de los jugadores que hemos comentado antes. Esto provoca que, especialmente durante los últimos partidos (situamos el inicio de esta tendencia a principios de diciembre), tenga que hacer frente a la “double team defense” que formulan los rivales para limitar sus acciones (la misma double team defense que hizo que los Pistons ganaran a los Rockets hace poco más de un mes).

Los rival saben que, si Doncic no puede pensar, los ejecutores de los Mavs quedarán fuera de combate. Pero cuando se da esta situación, que no deja de ser un reto para él gracias al contexto que le acoge, comprobamos que el esloveno tiene una inteligencia a la altura de la de los elegidos. Es capaz de aprovecharse de cadenas de bloqueos, de detectar qué jugador queda liberado (es decir: de superar el efecto dominó) o de tomar la decisión adecuada en el momento adecuado. Sintetizando: es capaz de mostrar el repertorio de una estrella cuando la situación reclama la aparición de una estrella. ¿Qué es, entonces?

Y el esloveno tiene otra virtud que merece la pena comentar y que sirve para establecer más paralelismos con James Harden: es capaz de elegir contra quien quiere atacar. Si bien no es un jugador excesivamente atlético, veloz ni explosivo, sí tiene una coordinación al alcance de muy pocos y un talento individual difícil de describir. Doncic hace uso de la habilidad en el bote, de la corpulencia y de la capacidad de interpretación del contexto en cada uno contra uno.

Es muy difícil que un rookie sea capaz de adaptarse a la NBA en su primera temporada. Aún más en el caso de los rookies europeos. Es muy difícil que un rookie sea capaz de implantar su estilo de juego en una franquicia y tener un impacto directo en su primera temporada. Aún más en el caso de los rookies europeos. Es muy difícil que un rookie convierta un equipo en construcción desde la derrota en un equipo en construcción desde una cultura ganadora. Esto es lo que está haciendo el rookie Luka Doncic.

 

Solidez defensiva

Luka Doncic tiene muchos defectos defensivos. Empezando por unas limitaciones físicas que, aunque a veces alguien niegue, existen. Sin embargo, en este campo también está demostrando que tiene potencial y que es más positivo que negativo para su equipo. Rick Carlisle, cuando la franquicia dio el paso para elegirlo la noche del draft, ya empezó a pensar en cual iba a ser la función defensiva de Doncic: estar atento a las líneas de pase y ocuparse del jugador off the ball del equipo rival. Si era capaz de conseguir que encajara bien en esta función, los Dallas Mavericks serían ser un equipo muy incómodo de atacar. Y de momento, con más o menos condicionantes, lo están siendo.

Luka Doncic necesita moverse en un sistema que le proteja y que relativice sus puntos débiles. Las carencias que tiene en el desplazamiento lateral hacen que sea un objetivo frecuente de los rivales que quieran iniciar el ataque a partir de un desajuste y, si no tiene compañeros que le ayuden, el esquema defensivo de los de Carlisle se debilita excesivamente. Su zona de confort es, principalmente, junto a interiores dominantes en esquemas que propicien cambios de asignación.

Conocer (y que los compañeros conozcan) las debilidades de uno mismo es una de las claves de la construcción de un sistema consistente en la NBA actual. En ataque y en defensa. Doncic mejorará en defensa individual y está mostrando predisposición para dar un paso adelante, tal como podemos ver en este primer tuit adjuntado, pero no es lo que hay que esperar de él ya que en su caso, quedar emparejado con un jugador peligroso en 1 contra 1 en una situación de ISO es sinónimo de un mal desarrollo defensivo de los Mavs.

En el segundo tuit, en cambio, disfrutamos de Doncic haciendo lo que sabe hacer. Se anticipa mentalmente a la jugada de LeBron, hace como si se desentendiera de la defensa zonal del equipo y corta el pase. Los jugadores con este tipo de virtudes reciben el nombre de “lectores defensivos” (un ejemplo: Ricky Rubio).

Luka Doncic es el segundo jugador con mejor estadística de deflections (capacidad de generar errores ofensivos del rival) de los Dallas Mavericks. Alcanza la cifra 1’9 de media por partido, cantidad que más o menos pertenece a la zona media del ranking global de la NBA. Esta clasificación suele ser monopolio de los jugadores que presionan al base o a los encargados del primer pase. En su caso, sin embargo, es fruto de otra cosa: de la capacidad de dificultar la recepción del tirador. Este es uno de los motivos por los que Doncic juega a menudo de “falso cuatro”: sería contraproducente para su equipo si quedara emparejado con un jugador perimetral (bases/escoltas básicamente) regularmente.

 


¿”All star”?

La gran temporada que está completando Luka Doncic está provocando que el entorno se plantee si el esloveno merece ser parte del partido de las estrellas -del fin de semana se da por hecho- 2018/2019. Y bueno, es cierto que a día de hoy los Mavs merecen algún tipo de reconocimiento ya que están obteniendo unos guarismos espectaculares en una conferencia oeste más salvaje que nunca. La cuestión, al igual que en la mayoría de trofeos que premian rendimientos individuales, es: ¿quién se quedaría fuera si él fuera elegido? Difícil.

Luka está haciendo una temporada enorme y difícil de mantener en un rookie, pero hay dos factores que le alejan del ASG: la indefinición posicional (aunque es considerado forward) y la ascendencia de las estrellas del oeste. Deberá repartirse los votos con jugadores como Anthony Davis, Tobias Harris, Draymond Green, Paul George, Kevin Durant o LeBron James, que ya de por sí son difíciles de imaginar en el banquillo. La principal esperanza sería una plaza wildcard, pero la fama extraordinaria de las referencias del oeste -y el estatus que se han ganado con el paso de los años- le cerrará el paso con prácticamente total seguridad. Pero hay algo evidente: si no va este año, irá el próximo. O el próximo, porque Luka Doncic ha llegado para quedarse.

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