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Lillard-McCollum: canción de hielo y fuego

¿Hablamos lo suficiente de Lillard y McCollum? Otro año más en la élite para el backcourt, que mejora año a año.

El hielo y el fuego. El frío y el calor. Dos estados muy diferentes, pero con algunas similitudes. Cada uno, en su terreno, es impresionante. Sin embargo, si se consiguen dominar los dos, es absolutamente imparable. El fuego es carácter, poderío, ataque, garra y pasión. En cambio, el hielo, es frialdad, templanza, serenidad y constancia.

Hay una región al norte de Estados Unidos que lleva varios años intentando mezclar estos dos elementos. Un experimento peligroso, pero que de funcionar, puede ser imparable. La verdad es que (por ahora) está dando buenos resultados y cada vez son más visibles. Su nombre es Portland, su equipo los Blazers y sus estrellas McCollum y Lillard. Un ‘backcourt’ explosivo y en el que se ha conseguido mezclar lo mejor de cada elemento. En Portland jamás había sonado tan bien semejante canción. CJ McCollum y Damian Lillard. El hielo y el fuego.

 

Damian Lillard, el fuego

La verdad es que cada uno de estos dos jugadores tienen aspectos que les podrían convertir en hielo y fuego, pero la unión más fuerte es cuando los dos jugadores se encuentran en pista. Lillard es el fuego. El base de los Blazers es explosivo. Tanto en la zona, en la que brilla gracias a su extraordinaria capacidad de finalizar jugadas cerca del aro, como en la línea de tres puntos. Su repertorio en ataque es prácticamente infinito. Entrando a canasta es uno de los mejores de la liga. Domina el pick&roll, tiene un crossover matador y una explosividad infinita.

Scott Ripley Flickr

Pese a todas estas cualidades, personalmente, creo que el verdadero talento de Damian Lillard reside dentro de él. Su cabeza le hace fuerte y su mentalidad es digna de los mejores deportistas. Cuando su talento no es reconocido y se le ha dejado fuera de eventos como el ‘All-Star’ y similares, él ha reaccionado como mejor sabe: jugando. Porque donde hubo fuego quedarán cenizas. Lillard a cada revés que le ha dado la NBA, se ha levantado, se ha sacudido el polvo y ha vuelto a empezar. Porque así es Lillard, un jugador diferente y especial. Un privilegio para el que lo tiene y un sacrilegio para el que lo sufre.

En la temporada 2017/18, sus llamas, siguen igual de vivas que en la anterior. Si hablamos del apartado numérico es el máximo anotador del equipo. El bueno de Damian se ‘casca’ cada noche la friolera de 24.4 puntos por partido. Unos dígitos buenos y más teniendo en cuenta que está pasando por una mala racha en los lanzamientos de tres puntos. Actualmente, su 30.4% en triples, es el peor registro de toda su carrera deportiva. Pese a esto, en el porentaje ‘true shooting’ hablan muy bien de él. Lillard está consiguiendo ir a la línea de personal, donde promedia un 93.1% en TL, y en el apartado del TS% está convirtiendo un 55.5%.

Hablando de números, hay un aspecto en el que Lillard está mostrando su mejor faceta: las asistencias. Lillard está repartiendo juego como nunca y es el máximo asistente de todo el equipo. Tan solo en el año 2015 consiguió estar por encima en cuanto a registros asistentes. Las 6.5 que reparte por partido son un número escandaloso si lo sumas a los 24.4 puntos que anota.  Además este año rebotea más que nunca y aporta en muchas más facetas.

 

CJ McCollum, el hielo

Mientras que Damian Lillard se forjó en el más caliente fuego y a martillazo limpio, el crecimiento de McCollum fue distinto. Se asemeja más al de una planta que poco a poco ha ido creciendo. Sin prisa, pero sin pausa. Desde su primera temporada en la NBA demostró que tenía talento para ser un jugador importante, pero muy pocos podían apostar por el nivel que está mostrando en este momento. El niño que con 15 años no pasaba del 1,60 se ha hecho grande.

Scott Ripley Flickr

Su estatura le hizo aprender unos valores como la constancia, el trabajo y el sacrificio. McCollum es el típico jugador al que no se le ha regalado nada y se tenido que ganar cada elogio recibido. El caramelo llegó a Portland en la elección número diez del Draft. Desde ese momento, el techo de McCollum no ha dejado de crecer y ahora mismo es muy difícil citar cuatro escoltas mejores que él en la NBA. La hormiga que luchaba contra gigantes es una estrella más en la NBA. Hay que decir que CJ McCollum es un jugador excepcional. Elegante como él solo. Todo movimiento que hace es tremendamente estético y elegante.

La pareja de baile de Lillard es tremendamente efectiva en tareas ofensivas. Como el agua es muy polifacético y domina todos los campos. Puede tirar tras bote, entrar a canasta o en ‘catch and shoot’. En este último es uno de los más efectivos de la liga y cada noche 5.4 puntos provienen de tiros sin bote, por no hablar de su magnífico porcentaje cuando lo realiza (72.2 EFG%). Sus estadísticas hablan por sí solas y son de un auténtico jugador de élite. McCollum promedia 22.4 puntos por partido con un magnífico 46.4% en tiros de campo. En el triple no se queda atrás y es que anota tres cada noche con un excelente 52.7%, una barbaridad.

 

Lillard-McCollum: mezcla de fuego y hielo

Por separado son buenos, pero unidos son imparables. La unión del fuego de Lillard y el hielo de McCollum hacen del ‘backcourt’ de los Blazers uno de los mejores de la liga. En ataque son un vendaval y son muy pocos los equipos que son capaces de igualarlos en ese campo. Si hablamos de puntos, el balance es muy claro, Portland tiene el ‘backcourt’ que más puntos produce por partido. Lillard y McCollum se combinan cada noche para anotar entre los un promedio de 46.8 puntos. A rebufo tienen a Stephen Curry y a Klay Thompson, que se combinan para promediar 45.8 puntos.

Otro aspecto que habla muy bien del Lillard y McCollum son los últimos cuartos. Especialmente, Damian Lillard. El ‘0’ de los Blazers es un especialista en los momentos decisivos y ha patentado el famoso ‘Lillard Time’. En pocas manos está mejor el balón cuando el partido está en el aire que en las de Damian. El fuego se convierte en hielo y saca su lado más animal. Su ‘game-winner’ ante Los Lakers es un ejemplo. Tan solo Porzingis (8.9) y LeBron (8.8) están por delante suyo en puntos anotados en el último cuarto (7.7).

Scott Ripley Flickr

McCollum tampoco se queda muy atrás. El escolta de los Portland Trail Blazers anota seis puntos en el último cuarto por partido. Una estadística que al unirla con la de Lillard deja unos datos muy reveladores de la importancia de estos dos jugadores en los Blazers; Lillard y McCollum tienen un promedio de 12.7 puntos en el último cuarto y el cómputo global, los Blazers tienen un promedio de 25. Es decir, Lillard y McCollum anotan un poco más de la mitad de los puntos que producen en el cuarto cuarto.

Un defecto: la defensa. Si hay una peca que se le puede poner a esta pareja es el aspecto defensivo. La defensa fue un quebradero de cabeza para los Blazers y el backcourt permitió una gran cantidad de puntos en contra. Cuando los dos están en pista, el año pasado, concedían 108.1 puntos por cada 100 posesiones. En cambio, esta temporada, los números han mejorado: cuando están en pista encajan 101 puntos por cada 100. Es decir, defienden bastante mejor en un ritmo ligeramente más rápido. Obviamente teniendo en cuenta la gran aportación de Nurkic en esta faceta.

 


 

El hielo y el fuego están listos para triunfar. Con Damian Lillard en modo MVP y con un McCollum colosal se puede empezar a construir mirando al Anillo. Sin embargo, todavía faltan muchas piezas para poder competir con los pesos pesados de la NBA. Carmelo Anthony finalmente no llegó a los Blazers y da la sensación que siguen faltos de otra estrella que les haga subir unos cuantos escalones.

También hay que incluir el problema de Jusuf Nurkic, que acaba contrato y muy posiblemente mantenerle en la franquicia no sea barato. Mientras tanto, la canción de hielo y fuego seguirá sonando en la ciudad de las barbas, las gafas de pasta y los materiales ecológicos.

Foto: Scott Daniel Cooper / starting5online.com

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