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La NBA y el tendón de Aquiles: un auténtico ‘matarreyes’

DeMarcus Cousins se ha convertido en otro jugador que ha caido en las fauces de la lesión del tendón de Aquiles. Sin embargo, hay muchos más casos. ¿Cómo afecta esta lesión a sus números?

DeMarcus Cousins

Guillermo Mayol (The Wing)

La historia griega cuenta que Aquiles fue uno de los héroes más famosos que hubo. Participó en la guerra de Troya junto con Ulises y con muchos otros guerreros dispuestos a rescatar a la bella Helena. Todos los troyanos huían aterrorizados en cuanto veían aparecer a Aquiles por el campo de batalla. Y es que él era, con mucho, el guerrero más fuerte, feroz y valiente de todos los griegos.

Los libros de historia cuentan que la enorme fuerza de Aquiles provenía de su madre, Tetis, una ninfa del mar que era inmortal. Todos tenían miedo de Aquiles, pero era porque no conocían el secreto de su debilidad. Él tenía un secreto desde el día de su nacimiento y lo mantenía muy oculto porque podía costarle la vida. Cuando Aquiles nació su madre Tetis estaba preocupada por el bebé. Como Tetis quería que su niño fuera invulnerable, nunca se hiciera ninguna herida y nunca pudiera morir, cogió al bebé y lo bañó en las aguas de un lago que daba la inmortalidad.

Tetis tenía que agarrar a Aquiles por alguna parte de su cuerpo para que no se ahogara mientras lo sumergía en las aguas inmortales. Y fue precisamente por el talón por donde estaba sujetando al niño. Así que esa parte del cuerpo de Aquiles era la única por donde le podían hacer daño.

Y así fue, al final los troyanos se enteraron de cómo podían acabar con el temible Aquiles y utilizaron la información que tenían. En un combate, un troyano lanzó una flecha con mucha puntería, tanta puntería que acertó en el talón y Aquiles murió. No le quedó más remedio que subir al Olimpo con los dioses para ver cómo terminaba aquella guerra de Troya. De esta manera comenzó la historia del talón de Aquiles, una lesión, que ningún humano desearía.

 

El tendón de Aquiles, el ‘matarreyes’

Hay veces que los jugadores de la NBA nos hacen pensar que, como Aquiles, son inmortales. Guerreros capaces de hacer heroicidades con cuerpos que rozan la perfección y desafían toda lógica de los límites humanos. Físicos exprimidos al máximo que aguantan temporadas y temporadas las exigencias de esta caprichosa liga llamada NBA. Y es que claro, todo esto, nos invita a pensar que son eso, inmortales. El hecho de ver a jugadores volver a hacer mates después de romperse los ligamentos de una rodilla nos nubla la mente y nos invita al error. Sin embargo, hay una lesión que te invita a parar y a reflexionar. Una lesión en el tendón de Aquiles no es un parón cualquiera. Estamos hablando de una de las peores cosas que le pueden pasar a un jugador de baloncesto.

El tendón de Aquiles es la extensión tendinosa de los tres músculos de la pantorrilla: gastrocnemio, sóleo y plantar delgado. En los humanos, este tendón pasa por detrás del tobillo y es el más grueso y fuerte del cuerpo. Mide unos 15 cm de largo y empieza cerca de la mitad de la pierna, pero recibe fibras musculares sobre su superficie anterior casi hasta su extremo. La lista de nombres que han sufrido esta terrible noticia es inmensa, y como no, la NBA no se libra de ella. Un contratiempo que afecta a pequeños y a gigantes. A novatos y a leyendas consagradas. Si te ha tocado… tienes un problema.

Una lesión de este estilo no solo afecta al apartado físico, sino también al psicológico. Dos apartados que deben ser curados si se quiere volver a una cierta plenitud. Lo primero de todo es comprender que tu vida, tu carrera, tu forma de jugar al baloncesto y tu cuerpo… han cambiado. Tienes que aprender a ser un jugador diferente porque tu cuerpo te va a obligar prácticamente a ello. Es muy complicado llegar a comprender la magnitud de la dificultad que desemboca este paso en el proceso de recuperación. Porque debe de ser terriblemente duro admitir que tu cuerpo ya no va a poder hacer cosas que hacía antes.

El propio Kobe Bryant hizo una entrevista después de haberse recuperado de su terrible lesión del tendón de Aquiles y comentó un poco como fue este complicado proceso: “Sí, te tienes que amoldar… No lo contemplo como si fuera a perder el nivel en distintos aspectos o ver que me hago mayor y pensar: ‘Vaya, me gustaría volver a hacer aquello’. Claro que me gustaría volver a hacerlo, pero es que ya no puedo”. En cuanto a la pregunta sobre si en algún momento pensó que no iba a volver de alguna lesión fue muy contundente: “El tendón de Aquiles me mató”.

Kobe Bryant, un jugador que ha sufrido una infinidad de lesiones, caía por el tendón de Aquiles. Una lesión que no hace prisioneros y que es capaz de acabar hasta con la más brillante carrera. Un hecho que marca un antes y un después en la vida de un deportista. Además, se trata de un problema que afecta más a los jugadores veteranos y que les influye en sus últimos años de manera drástica. La pérdida de explosividad es uno de los principales culpables de la bajada de rendimiento y son muy pocos los que han conseguido mirar a la cara a este problema y han salido victoriosos.

 

¿Cómo afecta numéricamente una lesión del tendón de Aquiles?

En los últimos 20 años son muchos los nombres registrados en la larga lista de víctimas del tendón de Aquiles. Estrellas, veteranos, jóvenes promesas y leyendas. Sin embargo, todos tienen una cosa en común, una lesión que les hizo poner en duda su carrera como deportista. Hay algunos casos que consiguieron salir más airosos de este percance, pero los números son desgarradores para los ojos del enamorado de este deporte.

Maurice Taylor fue uno de esos casos en los que dicha lesión hizo una pronta aparición. Se rompió con 24 años el tendón de Aquiles de su pierna derecha tras haber firmado un contrato por seis años y 48 millones, con la esperanza de completar una alineación prometedora, que incluía a Hakeem Olajuwon, Steve Francis y Cuttino Mobley. En cambio, a los 4 años de su carrera profesional, Taylor se rompió el tendón de Aquiles derecho mientras jugaba un partido de recolección fuera de temporada. Se perdió toda la temporada 2001/2002 y, a largo plazo, la lesión acortó severamente su carrera.

Otro tendón de Aquiles roto fue el de Laettner. El All-Star que jugó junto a leyendas del juego como Michael Jordan, Kevin Garnett, Dwayne Wade y Shaquille O’Neal, también se rompió el tendón de Aquiles durante un partido amistoso en la Universidad de Duke. A pesar de que su lesión ocurrió en septiembre, Laettner, estaba listo para jugar al final de la temporada regular. Después de perder la mayor parte de la temporada 1998-1999, volvió a jugar los últimos 16 partidos. Sin embargo, después de la lesión de Aquiles, Laettner solo anotó más de 10 puntos por partido en una temporada, algo que hacía fácilmente antaño. Jugó casi tantos encuentros después de la lesión como lo había hecho antes, pero nunca fue tan productivo.

Un caso más: Gerald Wilkins, hermano de Dominique Wilkins, era un jugador sólido de la NBA por derecho propio. Fue un escolta titular de los New York Knicks y Cleveland Cavaliers. En la temporada 1986-1987, Wilkins, registró un récord personal de 19.1 puntos por partido, pero después de su lesión nunca anotó más de 10.6 puntos por partido. Cuando regresó nunca estuvo cerca de ser aquel jugador y perdió gran parte de sus principales armas: la agresividad y el atletismo.

Llegamos al primer gran nombre de esta lista: Billups. El base de los Detroit Pistons se hizo un nombre en el equipo y ganó el Campeonato de la NBA de 2004 bajo el entrenador Larry Brown. Billups acabó llevándose a casa el MVP de aquellas Finales y se ganó el apodo de ‘Sr. Big Shot’. En 2011, Billups, firmó con Los Angeles Clippers, pero se lesionó en la prórroga contra Orlando Magic en febrero de 2012. Después de perderse la mayor parte de la temporada 2012-2013, Billups regresó, pero jamás volvió a ser el mismo jugador. Su lesión, a sus 35 años, fue demasiado para sus veteranas piernas.

Sin embargo, la más dura de todas fue la de Isiah Thomas. Tras haber jugado 13 temporadas en la NBA, sus días como jugador de baloncesto llegaron a su fin después de su lesión en el tendón de Aquiles. Después de sufrir una serie de lesiones en su mano, en la pantorrilla, costillas rotas y una rodilla hiperextendida. Thomas sufrió una lesión en el tendón de Aquiles en abril de 1994 durante una derrota ante Orlando Magic. Ahí se acabó todo. Thomas decidió acabar con su carrera deportiva. El legendario jugador de los Detroit Pistons es una de las grandes víctimas de esta terrorífica lesión, y sin duda, uno de los casos más sonados. Con 32 años decía adiós al mundo de la pelota naranja.

Una que también está reciente es la, ya comentada, lesión de Kobe Bryant. El ‘24’ de Los Lakers estuvo ocho meses de baja tras destrozarse el tendón de Aquiles frente a los Golden State Warriors. El propio Kobe supo que la lesión era muy grave desde el primer momento: “No puedo andar”, dijo Bryant en muletas y con lágrimas en los ojos. “He tratado de poner algo de presión el talón y ha sido imposible. Es terrible. Es un sentimiento terrible”. Bryant sintió el problema en el tendón de Aquiles a poco más de tres minutos del final del partido y aún lesionado anotó dos tiros libres para terminar con 34 puntos en los 45 minutos que jugó, todos los del encuentro hasta ese momento. Unas imágenes que quedarán para la historia de la NBA.

 

Dominique Wilkins, el espejo en el que debe mirar DeMarcus Cousins

Wilkins fue un gran jugador de la NBA y uno de los mejores ‘dunkers’ de toda la historia. Pese a esto, la gran hazaña de Wilkins fue ser el único jugador en la historia de la NBA en hacer un regreso exitoso de una grave lesión de Aquiles. En un partido contra los 76ers, día 28 enero de 1992, Wilkins sufrió una lesión en el tendón de Aquiles. Sorprendentemente, después de regresar de su lesión, Wilkins logró anotar 29.9 puntos por partido, incluso más de lo que marcó la temporada anterior a su lesión (28.1 puntos). Dominique Wilkins fue el hombre que rompió la norma y acabó con la dictadura de la grave lesión de Aquiles.

Su secreto: se reinventó. Pasó de ser un potente finalizador a un tirador más que fiable y añadió un gran repertorio a su ya extenso catálogo. Pasó de lanzar 105 tiros de tres puntos en 1988-1989, a disparar a 316 de ellos (1992-1993). Dos temporadas después de su lesión, Wilkins lanzó un 38.8% en triples. Este renacimiento fue el que le salvó de un problema que acabó hasta con el grandioso Aquiles.

Así pues, DeMarcus Cousins, ya tiene el espejo en el que fijarse y trabajar. Si de verdad quiere volver a un gran nivel (los números están en su contra), deberá volver a trabajar desde el principio. Esta lesión, muy probablemente, le haga perder esa explosividad que le hizo dominar antaño. El problema es que se trata de una cualidad extremadamente importante en un jugador de sus características, pero aún hay esperanzas. Para ello deberá seguir trabajando su tiro de tres puntos y seguir perfeccionando sus movimientos al poste. Ahora mismo su vuelta es una auténtica incógnita y además llega en el momento más inoportuno para sus intereses (acaba contrato). Pero hay un caso. Un espejo en el que fijarse. La heroicidad de Dominique Wilkins.

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