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Jaylen Brown, Marcus Morris y la tensión en los Celtics

Durante un tiempo muerto en Miami, ambos jugadores tuvieron que ser separados. La tensión es alta en Boston.

Jaylen Brown, Boston Celtics, ¿posible moneda de cambio por Anthony Davis?

Jaylen Brown (7) lanza ante la mirada de Sam Dekker | Erik Drost (CC)

Si Draymond Green y Kevin Durant llegan a las manos, es noticia. Si Jimmy Butler o John Wall insultan a sus respectivos entrenadores, por supuesto, es noticia. Y si en mitad de un tiempo muerto, Marcus Morris y Jaylen Brown se empujan después de acusarse en la pista de un fallo defensivo, es noticia. No por el hecho de empujarse: es normal calentarse en mitad de un partido; sí por las implicaciones que tiene llegar a ese punto, y porque sobre todo, no es la primera vez que Jaylen es señalado este año.

Al contrario, Marcus Morris es probablemente uno de los tres mejores jugadores de la temporada de los Celtics, junto a –no sorpresa– Kyrie Irving y Marcus Smart. Su rendimiento está siendo una sorpresa a la vez que un regalo para la afición. Y si alguien puede señalar a Jaylen, no por sus números si no por actitud en defensa, son ellos tres. Ayer fue Morris.

Vamos a poner en contexto todo.

 

¿Qué pasó exactamente?

En el segundo cuarto, faltando algo más de ocho minutos, Jaylen Brown falló una canasta al contraataque. Hasta aquí normal. Tras un fallo de Hayward, Jaylen capturó el rebote ofensivo y volvió a fallar. Y lo grave llega ahora: fue el último en bajar a defender. Algo que, esta temporada ha sido habitual. Los Heat anotan al quedarse en superioridad y Marcus Morris aplaude en dirección a Jaylen Brown: aquí el vídeo.

 

40 segundos más tarde, Brad Stevens pidió tiempo muerto para solucionar problemas defensivos y la tensión entre el forward y Brown escaló hasta tener que ser separados por Marcus Smart de inicio y el resto del equipo –excepto Hayward, al margen. Nadie de la plantilla se ha pronunciado al respecto después de la derrota en Miami. Nadie ha dicho nada, lo que no es malo: salir a negar lo evidente seria peor. Pero los Celtics entrenan otra vez esta semana y habrá, seguro, tensión antes del partido ante los Magic, otra vez en Florida.

No es la primera vez en la NBA que un veterano y un jugador joven, de tercer año en el caso de Jaylen, tienen una confrontación pero sí es la primera vez que queda grabada en la plantilla de los Celtics. Y toca analizarla.

 

¿Qué implica para los Celtics?

Aquí acaban los hechos, aquí empieza la suposición basada únicamente en el contexto. La tensión conlleva dos cosas: la primera, que los jugadores están implicados. Al menos Marcus Morris. La segunda, que en la plantilla hay cierto cansancio o dextenuación de la situación –de perder y de no bajar a defender, ambas. Durante la temporada, varios jugadores han salido a los medios a criticar duramente a compañeros –Irving en más de una ocasión–, ha habido reuniones internas, cambios en la rotación con Hayward y Jaylen al banquillo y la afición sigue intranquila. Porque cuando parece que se mejora, se vuelve a tropezar con la misma piedra de toque.

Ambos jugadores están en la cuerda floja, pensando en el futuro verde: Morris es expiring, con un contrato de cinco millones en forma de ganga y si sale al mercado este mes de junio podría firmar por muchísimo más, sobre todo tras la temporada que está haciendo. Al contrario, Jaylen tiene contrato en vigor y los Celtics ya han ejercido la opción de equipo para la próxima temporada… pero es el primer nombre que sale a la palestra a la hora de pensar en un traspaso por Anthony Davis. Kyrie, Hayward y Tatum son intocables, el resto, un mar de dudas. Y Danny Ainge tiene que apretar el gatillo.

Marcus Morris Boston Celtics

Marcus Moorris pensativo durante el media-day de los Boston Celtics | Pablo Espinosa (The Wing)

Por supuesto, un empujón o una trifulca no implica automáticamente un traspaso: los Warriors han vuelto a la dinámica positiva, los Wizards están haciendo el mejor baloncesto de la temporada y bueno… Jimmy Butler no aplica aquí. Pero implica una alarma en el vestuario, una alerta: se ha cruzado una linea importante. En el momento en el que se expone públicamente que hay un problema grave, se airean situaciones que la franquicia tiene que tratar. Draymond fue sancionado un partido por los propios Warriors.

Perder o estar por debajo de las expectativas genera tensión y la tensión llega a las manos. No debe cundir el pánico en Massachussets –pese a estar a cinco partidos de los Raptors y a dos del home court advantage– pero si es un llamado de atención global a la plantilla. Algo no va bien y se tiene que controlar, por muy pequeño que sea. “Son dos chicos que quieren lo mismo, que son competitivos y que buscan ganar” aseguraba Danny Ainge al Boston Globe. “No he hablado con ellos, no he oído nada más sobre el tema así que no siento que tenga que intervenir”.

¿Alertas? Sí. ¿Alarmas? Alguna. ¿Es el final de este equipo? No hasta que LeBron James Danny Ainge lo diga.


La pelea, el rifi-rafe, la trifulca –como se quiera llamar– se tiene que solucionar de manera interna. Jugadores y staff técnico deben volver a encerrarse el vestuario y tener una reunión. Una en la que Jaylen Brown dede demostrar de una vez por todas que sus números en las últimas veladas no son un espejismo y que su compromiso con el equipo está por encima de todo, tras ser el año pasado una pieza clave en playoffs.

En #TwitterCeltics se ha demostrado mediante vídeos que la implicación de Jaylen –y Rozier– en el equipo es menor a la de otros jugadores: celebraciones, círculos en tiempos muertos o incluso a la hora de hablar en defensa. Y eso es ambiente de equipo, que se acaba pagando.

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