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Irving-Hayward: ¿Hasta dónde puede llegar Boston Celtics?

Analizamos la nueva era de los Boston Celtics donde sus flamantes estrellas y sus jóvenes garantizan ser candidatos y tener un brillante futuro por delante.

Kyrie Irving

Keith Allison (CC)

El momento de Boston Celtics ha llegado. Si la pasada temporada el equipo de Brad Stevens logró el primer puesto en la Conferencia Este, para luego sucumbir ante LeBron, Irving y los Cavs en las Finales, gracias al grandísimo rendimiento de jugadores como Isaiah Thomas, Avery Bradley, Jae Crowder… Jugadores que hoy ya no están.

¿Cómo es posible que la temporada de los Celtics sea ilusionante si el bloque de talento y trabajo que tenían el pasado año ha desaparecido por completo?

Por culpa de (o gracias a) Danny Ainge. La herencia del traspaso de Pierce y Garnett a Nets ha hecho que el GM más famoso de la NBA tire por la borda lo construido para hacerse con algo aún mejor de cara al futuro. Además de, cómo no, cuadrar los tiempos de maduración de sus jóvenes para que asuman un papel más importante.

 

El verano de Boston

Todo tiene un precio y los Celtics han pagado muchísimo por hacerse con sus ahora principales estrellas. Sin embargo, si las operaciones se han llevado a cabo es porque hay más aspectos positivos. Analizamos qué pierde y qué gana el equipo respecto a la temporada pasada.

 

Qué pierde

Adiós a la química: Acostumbrados a ver equipos donde el juego se centra en varias estrellas y escuderos de calidad, el caso de Boston conquistaba un poco nuestros corazones. Los Celtics se establecieron como uno de los mejores equipos de la liga en base a un bloque, un cohesionado grupo de muchísima calidad y una rotación larga y equitativa que permitía reducir altibajos durante los partidos más importantes. Boston ha renunciado a cuatro de sus titulares de la pasada temporada para hacer hueco a Irving y Hayward. Isaiah Thomas y Crowder refuerzan a su máximo rival en la Conferencia; Avery Bradley se marcha a Pistons a cambio de Marcus Morris; y Amir Johson se unía a «The Process» en Philadelphia por una sustanciosa cantidad económica.

Peor defensa: Los Celtics han ganado en talento individual ofensivo, pero para ello han sacrificado a dos de los mejores defensores de la liga. Avery Bradley es considerado por los jugadores uno de los mejores defensores exteriores de toda la NBA. El escolta, además de unos más que decentes 16 puntos de media por encuentro, era el elegido para encargarse de la estrella del «backcourt» oponente. Jae Crowder, por otro lado, cumplía las funciones de tirador en estático en ataque y de anti Lebron, anti Durant, anti George… El ya ex de Celtics se encargaba de frenar a los talentosos aleros anotadores de la liga. Además, su polivalencia permitía a Brad Stevens utilizarlo como ala-pívot en el famoso quinteto de la muerte que tan buenos resultados daba (Thomas, Smart, Bradley, Crowder, Horford).

Qué gana:

Talento puro: La llegada de jugadores como Irving y Hayward supone en cualquier «roster» de la liga un aumento espectacular de talento, de anotación pura y dura y, sobre todo, de liderazgo en los momentos  puntuales. Ainge se desprendió de jugadores que, además de Isaiah Thomas, eran complementos ideales. Tanto en «El traspaso» como para liberar espacio salarial para contratar al ex de Utah, lo que se pierde, pieza por pieza, no supera a lo que ha llegado para enfundarse la elástica verde. En resumen, 25.2 puntos aterrizan desde Cleveland, a los que se le suman los 21.9 que Gordon Hayward trae desde Salt Lake City. Dos grandes referencias ofensivas que harán del ataque Celtic un arma más que peligrosa.

 

La hora de los jóvenes

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No habría habido tantos movimientos en los despachos del TD Garden si no hubiera sido por la confianza que Danny Ainge tiene en sus jóvenes. Marcus Smart y  Jaylen Brown pasarán a tener muchísimas más importancia tras la marcha de Avery Bradley. Deberán encargarse de ser escuderos de lujo de las grandes estrellas, y están sobradamente preparados para ello. La polivalencia de Smart le permitirá alternar el puesto de base y escolta desde el banquillo. En los partidos que disputó la pasada temporada como suplente, donde promedió 7 minutos menos que en los que salió de inicio, Smart promedió 10 puntos y 4.6 asistencias, las mismas que en esos partidos que partió como titular. Brad Stevens le da a Smart la responsabilidad de la organización del juego de la segunda unidad y el es capaz de asumirla con creces.

Jaylen Brown afronta su segunda temporada como el hipotético escolta titular del equipo, salvo un posible quinteto alto de Stevens. A pesar de sus números poco llamativos (6.6 puntos y 2.8 rebotes), las sensaciones que el ex de California daba sobre la cancha eran muy positivas. La madurez con la que juega junto con su actitud de sacrificio, algo fácil de adquirir de Avery Bradley, han hecho que su entrenador tenga total confianza en él y en lo que pueda llegar a ser. No hay que olvidar que el jugador fue uno de los elegidos para defender a LeBron James durante las pasadas Finales de Conferencia. En las oficinas de Boston esperan un gran salto de calidad del que fuera número tres del Draft.

Por último, el por qué del traspaso de Paul Pierce. La figura de Jayson Tatum llega al TD Garden para agrandar la historia de los Celtics y ser uno más de los elegidos de la ciudad. Boston sacrificó el número uno del Draft sabiendo que Tatum estaría disponible a partir de la tercera posición. Siempre fue la prioridad en la franquicia. Las expectativas con el de Duke son enormes por su talento, su imponente físico y su potencial como uno de los aleros dominantes del próximo lustro.

Siguiendo las costumbres de Stevens, lo normal es que Tatum comience en el banquillo ante la presencia de Hayward. Sin embargo, tanto si decide utilizarlo como ala-pívot o como alero en un quinteto alto, con el ex de Utah de escolta, la cantidad de minutos disputada por el «nuevo Pierce» será muy elevada, y rodeado de una atmósfera ganadora desde el primer día. Los Celtics tienen el futuro asegurado, y brilla casi tanto como el presente.

 

Expectativas con Irving

Kyrie tiene lo que quería. El base está ante su ansiada oportunidad de verse como líder principal de un equipo. Sus números bien podrían valer para ser un jugador franquicia durante todos estos años, pero tener al lado al mejor jugador de la liga siempre dirigirá los focos para otro lado.

Danny Ainge, Brad Stevens y todo el «staff» de los Celtics creen en Irving. Si no, no habrían despedazado el proyecto ya cohesionado que tenían. Pero cuando aparece la opción de hacerte con un talento así, todo vale para conseguirlo. Y el jugador lo sabe, reconoce la apuesta que la franquicia ha hecho por él y está ante la oportunidad de maximizar todo su potencial y llevar a su equipo a la gloria como primera espada.

Preguntado por su decisión de abandonar unos Cavaliers de tres Finales consecutivas, Kyrie respondió que «la felicidad no tiene precio». A su malogrado final con LeBron James, su carácter y su ambición le brindan el reto de ganarse el reconocimiento de toda la NBA, algo similar a lo que le ha ocurrido a Russell Westbrook la reciente temporada.

 

La química entre Irving y Hayward

El juego colectivo con el que Boston Celtics se ha consolidado como uno de los mejores equipos de la liga se centrará a continuación en dos jugadores principales, dos feroces anotadores que harán de su entendimiento el éxito o el fracaso de sus compañeros. La mezcla pinta exquisita, donde Kyrie será la pieza principal con uno de los mejores escuderos posibles a su lado. Hayward, alero polivalente, con buen tiro, músculo y unos muelles dignos de un «dunker», se beneficiará de los focos que el ex de Cleveland pueda atraer para aniquilar a sus oponentes desde una posición «menos privilegiada».

Kyrie y Gordon, una pareja que ya pudimos ver con la misma equipación en 2014…Si no fuera por LeBron. Contaba Hayward en la presentación de ambos que se reunió con los Cavs cuando era Agente Libre Restringido. Fue el base quien le recibió y le transmitió su interés en que fichara por los de Ohio. Sin embargo, James decidía abandonar Miami Heat para volver a casa, y Dan Gilbert, dueño de Cleveland Cavaliers, enterró su enemistad con LeBron para traerlo de vuelta, desvaneciéndose la opción de Hayward.

El círculo se ha cerrado, y la pareja que pudo llevar a los Cavs a lo más alto hace tres años tiene la oportunidad de hacer los mismo en Boston. Y ambos tienen hambre.

 

Factor Stevens

Pocos entrenadores tienen un prestigio tal que los jugadores prioricen su figura ante la decisión de fichar o no por un equipo. Popovich, en su momento Phil Jackson, quizás ahora Steve Kerr… Y Brad Stevens. Un entrenador de 40 años cuyo única experiencia NBA es Boston Celtics. Un «coach» con un método, una cercanía al jugador y una capacidad de desarrollo de los jóvenes brutal.

 

Stevens ha tenido una corta pero muy fructífera carrera en la liga, pero es en la liga universitaria donde más se ha labrado su caché. En 2010, el de Indianápolis llevó a la Universidad de Butler, comandada por un jovencísimo Gordon Hayward, a la Final de la NCAA frente a la todopoderosa Duke. El alero de los Celtics falló el último tiro y se perdió el campeonato, pero la relación con Stevens acababa de empezar.

En su carta de despedida a Utah publicada en ‘The Players Tribune’, Hayward hizo alusión a la derrota frente a Duke como «algo pendiente». Siete años después, declaró que siguen teniéndolo: Ganar un campeonato.

 

Foto: Scott Daniel Cooper /starting5online.com

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