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Los Celtics más talentosos de la era Brad Stevens también son los más irregulares

Los Boston Celtics de Brad Stevens necesitan encontrar la regularidad antes de empezar los play off.

jayson tatum

Pablo Espinosa (The Wing)

Los Boston Celtics están atravesando una dinámica complicada: con una plantilla con más talento que nunca, Brad Stevens no está sabiendo encontrar el rumbo deportivo ni la cohesión del vestuario que habían surgido de manera prácticamente natural en temporadas pretéritas. Ahora mismo, con un récord de 44 victorias y 31 derrotas, los Celtics son los quintos clasificados de la conferencia este y están cada vez más distanciados de la cuarta plaza, que les garantizaría factor cancha en la primera ronda. El problema más grave, sin embargo, no es la clasificación.

De hecho, el problema más grave tampoco es la cantidad de derrotas que acumulan recientemente. El problema de los Celtics es la dinámica: la afición no se siente arraigada al equipo y el equipo no se siente arraigado al proyecto. Esto, en una cultura como la que hace años que se vive en el TD Garden, es una losa difícil de gestionar. Sin alicientes sentimentales y con dudas deportivas ocultadas puntualmente por reacciones de campeón en escenarios exigentes, es muy difícil encontrar nexos permitan que el engranaje verde fluya. Lo más curioso de todo es que, como se aprecia en las declaraciones de los jugadores y en la percepción del entorno, todo el mundo sabe qué falla pero nadie sabe cómo solucionarlo. Por primera vez, ahora sí, Brad Stevens tiene un reto y juega a contrarreloj.

 

Rozier, Morris, Hayward, Brown y una gestión discutible

Brad Stevens es un entrenador acostumbrado a alcanzar el éxito con plantillas sólidas con más capacidad para jugar en equipo que talento individual. Cree en la meritocracia, en la competitividad sana y en jugadores comprometidos con la causa. El problema es que precisamente los  play off de la temporada pasada, que fueron una excepción preciosa y rellena de épica, no son el termómetro adecuado para ajustar la rotación de esta temporada: ni el Rozier suplente de Irving aspira a ser el de la eliminatoria contra los Sixers ni el Marcus Morris de esta temporada debe tener el mismo volumen de posesiones, responsabilidad y tiros que tuvo en cualquier serie de PO de la temporada pasada. No, al menos, estando Irving, Hayward y el resto del bloque.

Ya sabemos cual es el problema principal de Terry Rozier: es un jugador que el año pasado brilló porque se le otorgó licencia para hacer lo que fuera necesario y que, evidentemente, aceptó el reto y llevo en volandas a los Celtics durante los PO. La cuestión es que su repertorio requiere unos riesgos y una cantidad de balón que no aspira a tener en una rotación como la de esta temporada.

Existe un mantra común en el entorno NBA: Terry Rozier es mucho mejor titular que suplente. La simple apreciación visual nos permite ver que cuando parte de inicio, Rozier hace un clic psicológico y recupera una versión muy beneficiosa para su equipo. Problema: coincide con los partidos que no disputa Kyrie Irving. Así pues, desafortunadamente, no tiene solución a corto plazo. 

Rozier ha sido, durante muchas fases, el jugador más contraproducente de los Celtics cuando ha jugado con la segunda unidad. Las malas decisiones, el poco control de los tiempos del partido cuando el contexto reclama un sistema más coral, la inconsistencia en el lanzamiento (en gran parte por culpa de la irregularidad mental que ha mostrado durante muchos momentos) o la apatía defensiva en ciertos partidos de la temporada (hay uno contra los Nets que es especialmente sangrante) son algunos de los factores principales que inducen a creer que no es, al menos, el jugador más adecuado para tener un rol importante en la creación de juego.

No lo es, entre otras razones, porque su rol implica que un jugador con gran facilidad para interpretar el baloncesto y que va más rápido con la cabeza que con las piernas (básico) acabe apartándose de donde más puede aportar a día de hoy (control del partido): Gordon Hayward.

El ex de los Jazz, que todavía está recuperando sensaciones tras una lesión gravísima, es uno de los hombres de confianza de Brad Stevens. Quizás todavía no tiene el toque de muñeca de antes de la lesión y aún debe creerse que las penetraciones pueden acabar bien, pero está en disposición de aportar una riqueza táctica brutal al equipo. Hayward es un jugador que, durante la primera fase de la temporada (titular a pesar de estar claramente fuera de ritmo), se sentía desplazado (o se desplazó él mismo) y tendía a vivir los espacios. Lógico dentro de los parámetros de un jugador perdido.

El regreso al banquillo, progresivamente, ha permitido que se convierta en una potencial pieza central de la organización de los Celtics. Tiene una percepción táctica brutal que le ayuda dominar todos los registros ofensivos y que se manifiesta, especialmente, gracias a las acciones a partir de bloqueo directo que dirige. Como suele ocurrir en el caso de los jugadores con un talento natural para absorber la libreta de un equipo, Gordon Hayward ha dejado detalles que hacen evidente que está más que capacitado para ser el catalizador del juego de los Celtics cuando no esté Horford (o incluso cuando Brad quiera que el dominicano sea ejecutor).

Es de esperar, si todo sigue su debido curso, que con el paso de los últimos partidos de la temporada y el inicio de la fase final la rotación se acorte y los hombres importantes tomen peso. Aquí entra en juego Hayward: si Brad Stevens es lo suficientemente valiente para eliminar gran parte del protagonismo como generador a media cancha de Rozier y le da los galones a Hayward, la segunda unidad puede subir mucho el nivel.

 

Jayson Tatum, un perfil impropio en un contexto impropio

El caso más inquietante (que no preocupante) de la temporada es que Jayson Tatum no está produciendo todo lo que podría producir si se hiciera un uso adecuado de sus capacidades. El cero de los Celtics es un jugador sublime técnicamente, con un game feeling a la altura de unos pocos elegidos y con una tendencia a cambiar partidos desde la defensa que debería aportar muchas alegrías a los Celtics a largo plazo.

La temporada de Jayson Tatum, si nos fijamos exclusivamente en las estadísticas simples, es entre buena y muy buena para un sophomore: 16 puntos, 6’2 rebotes, 2’1 asistencias, 1’5 pérdidas, 1’1 robos y 0’8 tapones por partido. Además, tiene un decente 36,3% en triples y un 45’1% en tiros de campo que, si bien representan una ligera disminución respecto a la temporada pasada, sí se explican por unos tramos de temporada realmente flojos y un volumen de tiros ligeramente mayor. El problema es que, en el caso de jugadores como Tatum y en contextos como el de los Celtics, las estadísticas simples esconden condicionantes decisivos que, en cierta medida, están relacionados con los puntos álgidos y los malos momentos del equipo. Los podemos dividir, sobre todo, en dos partes: el encasillamiento en un rol concreto y la relación progresión-prestaciones.

Tatum comenzó la temporada mostrándose como el paradigma de una estrella ineficiente. El entorno achaca su (ab)uso de la media distancia a los entrenamientos con Kobe Bryant, pero el verdadero motivo va más allá del verano pasado: su esencia es la de un jugador de uno contra uno con mucha capacidad para lanzar desde cinco o seis metros tras bote. Brad Stevens está haciendo todos los esfuerzos posibles para mantenerlo en un rol de jugador de equipo centrado en producir mediante penetraciones y triples abiertos, pero su progresión acabará siendo imposible de contener.

Jay-T llegó a la NBA siendo un jugador con mucho talento, mucho potencial defensivo  y mucha capacidad de liderazgo. Y, en líneas generales, el potencial está intacto pero la función asignada es un factor limitativo. No debemos olvidar, sin embargo, que Tatum tiene progresión de estrella y que posee un par de características que serán muy valiosas que ya ha enseñado al mundo: un carácter descomunal y una capacidad para generar desajustes a la altura de la de los grandes nombres del momento.

Los Celtics necesitarán que Tatum recupere esta versión más egoísta en ciertos momentos de la fase final. El talento, cuando el ritmo baja y los partidos se atascan, es el desencadenante de dinámicas e inercias que pueden decantar eliminatorias. Y después de Irving, ciñéndonos a términos estrictamente relacionados con el talento y los fundamentos individuales, Tatum es el mejor jugador de los Celtics.

La peor mancha en el expediente es el catch and shoot. La temporada pasada fue muy efectivo en el lanzamiento, pero este año está volviendo a sus parámetros históricamente habituales y falla algunos tiros aparentemente fáciles para un jugador de su clase. Es una de las cosas que tendrá que mejorar.

 

Análisis de la carta de tiro: ¿se gestiona bien el espacio?

Echando un vistazo al reparto de los lanzamientos de los Boston Celtics según las franjas de la cancha comprobamos que, efectivamente, gran parte del juego del equipo se basa en el binomio Irving-Horford y en el uso de la parte central del ataque.

Tiros por franja restringida Pintura Media distancia Triple izquierda Triple derecha Triple central
VOLUMEN 26’1 13 16’8 3’7 3’7 27’4
CLASIFICACIÓN VOLUMEN 27º 21º 14º 12º
ACIERTO 16’1 5’6 7’1 1’5 1 10’1
CLASIFICACIÓN ACIERTO 25º 15º 12º 25º
PORCENTAJE 64’5% 43’2% 42’1% 41’2% 27’5% 37%
CLASIFICACIÓN PORCENTAJE 10º 30º

En resumen, una de las cosas que los Celtics necesitan es empezar a atacar el aro con más fuerza. En parte por culpa del rango de influencia del que hasta ahora era el cinco titular (Irving, Smart, Tatum, Morris, Horford) y en parte por un mal vicio, los Celtics son un equipo con poca tendencia a forzar faltas personales. Esto se echa de menos, especialmente, en el caso de dos jugadores que absorben perfectamente los contactos y que podrían sacar mucho más provecho de sus virtudes: Irving y Tatum.

El otro gran problema, que corrobora muchísimo más el eye test que las estadísticas, es la selección de tiro de Marcus Morris. Mook es un jugador anárquico, que no se casa con ningún sistema y que tiene tendencia a tomar malas decisiones (justo el tipo de jugador que debería detestar Brad Stevens). En muchos partidos se le ve abusar de la media distancia (por motivos diferentes a los de Tatum) o del fade away, que si no son realizados por un jugador con una eficacia brutal no dejan de ser tiros pasados ​​de moda e ineficientes.

El uso de las esquinas, independientemente de lo que pueda indicar la estadística de la esquina derecha, no es preocupante. Hay que tener en cuenta que los Celtics basan una parte importante de su juego en el uso de bloqueos indirectos para liberar salidas de los aleros hacia el triple de 45º o hacia el interior, por lo que suele acabar siendo una ubicación desierta. Sí que es cierto que el acierto podría ser mayor si uno de los jugadores (ya lo hemos comentado) que más emplea la esquina, que es Jayson Tatum, mejorara los porcentajes de acierto desde esta posición. Tiempo al tiempo.

El 2 contra 2, con cuentagotas

El desarrollo de los Celtics, en gran medida, se basa en la producción a partir del juego por parejas (igual que el de muchos equipos de la NBA). En este aspecto hay un jugador que brilla especialmente y que suele ser el causante de los buenos momentos del equipo: Al Horford. La versatilidad que ofrece en este apartado del juego el dominicano, uno de los point centers más evidentes de la liga, contribuye decisivamente a enriquecer la libreta de Brad Stevens.

Podemos dividir la aportación ofensiva de Horford en tres registros: la capacidad para jugar sin balón (hasta cierto punto más genérica pero decisiva contra equipos menos dinámicos y que puede recordar a la inclusión de un enésimo alero al planteamiento ofensivo), la facilidad para recibir el balón en el poste alto o en el poste bajo y retenerlo hasta que lee la opción más potable (ya sea un corte, una inversión o una acción individual) y, finalmente, la capacidad para jugar el bloqueo directo tradicional y ejecutar el roll o el pop con una efectividad muy alta. Y sí: entre los jugadores de su función, Al Horford tiene la mejor triple amenaza de la liga.

Cuando él está en plenitud física y mental es cuando los Celtics son realmente capaces de desplegar todo el arsenal. Durante muchas fases de la temporada, sin embargo, el dominicano ha estado sufriendo por culpa de molestias en cualquiera de los dos rodillas y eso ha lastrado la proyección colectiva. Al Horford es una especie de máquina de generar desajustes ofensivos y de corregirlos en defensa o, en otras palabras, el jugador que recoge todo lo que aglutina la corriente filosófica de Brad Stevens.

¿Qué pasa cuando él no está bien o simplemente no está? Fácil: menos automatismos, menos ejes de rotación y menos sistema. Abundan los ISO, las posesiones estériles y, sobre todo, se hace presente la falta de jugadores capaces de condicionar en el buen sentido la posición de los demás. Al Horford, bloqueando o haciendo de boya, oxigena el planteamiento a media pista de los Celtics.

Aquí también hay que incidir en dos nombres más: Daniel Theis y Aaron Baynes. Cuando ellos juegan, evidentemente, gran parte de sus puntos derivan de las continuaciones tras bloqueo directo. Si hacemos un equilibrio entre las aptitudes de los exteriores y de los interiores, de hecho, los Celtics tienen uno de los juegos estáticos más plásticos de la liga.

 

El problema interior

Seamos claros: ni Al Horford es un pívot con las prestaciones tradicionales, ni Daniel Theis es válido para una rotación de hombres grandes a tiempo completo ni, menos aún, a un contender le basta con solamente un perfil como el de Aaron Baynes para asegurar el rebote defensivo y la presencia en la zona. Robert Williams, que ha entrado con cuentagotas a la rotación, pareció por momentos una alternativa fiable, pero Brad Stevens aún no se ha atrevido (por la continuidad y por la interpretación baloncestística del jugador) a hacer una apuesta descarada por él.

Los Celtics son, a estas alturas, un equipo discreto cerrando el rebote interior (no atacándolo desde fuera, faceta en la que sí cuentan con buenos jugadores). En este sentido, el factor determinante son las lesiones del australiano: cuando él juega, el equipo es de los mejores en número de rebotes defensivos y en puntos concedidos en la zona. Su perfil, mucho más dado a proteger la zona, permite que Al Horford pueda ejercer de corrector con total tranquilidad y que el box out del equipo sea mucho mejor.

Momento de volver a un tema que habíamos sacado anteriormente: Robert Williams, el perfil interior más puro (un Capela salvando las distancias), podría ser una alternativa interesante cuando haga falta trabajar para conseguir el rebote. Seguro que si mejora en otros aspectos que por ahora no domina como la ampliación del rango o los desajustes perimetrales acabará convirtiéndose en uno de los role players valiosos a medio plazo.

Sí, los Celtics son mejores con Kyrie Irving

La creciente incertidumbre que genera el futuro de Kyrie Irving, acentuada por la fuerza de las declaraciones del base, está teniendo una repercusión más que notoria en el desarrollo colectivo de la franquicia. El talento de Irving, de hecho, incluso ha quedado opacado en algunos momentos por esta aura de misterio que acompaña al jugador.

Pero que nadie lo olvide: los Celtics son mucho más peligrosos con Kyrie Irving. Los Celtics o cualquier equipo del mundo. Y lo son, de hecho, por motivos muy elementales que huyen de estadísticas: ya hemos visto de qué son capaces cuando el equipo funciona y Kyrie Irving está fino. Hablamos de un jugador capaz de generar desajustes le pongan el emparejamiento que le pongan, cada día más fiable en las tareas de organización, con una capacidad para la lectura defensiva al alza y que sabe vivir aprovechando lo que generan sus compañeros. Irving, durante fases de la temporada, ya ha sido el mejor base de la NBA.

Se le critica la carencia de liderazgo, pero no deja de ser un asunto bastante relativo: ¿quién dijo (él mismo, sí) que Irving debe ser la cara de los Celtics de cara a la galería? No sabe transmitir mensajes profundos a sus compañeros, no hay ningún indicio de que sienta los colores de los Celtics y siempre ha dejado claro que su ambición es triunfar independientemente de donde sea. El rol de emblema debe pertenecer a otros jugadores (Smart, Horford, Jaylen Brown… elegid el que os parezca).

Llegados a este punto, conviene tratar a Kyrie Irving como lo que es: un mercenario con mucho talento. Y yo, jugadores con talento, siempre los quiero en mi equipo. Irving puede ser perfectamente la diferencia entre el próximo paso y la derrota y, además, seguro que es consciente de algo: difícilmente encontrará un proyecto deportivo y salarial (salarial para él) más apetitoso que el que propone Boston. Como en casa, en ningún sitio.

 

¿Más cambios en el quinteto?

El plantel de los Celtics, sobre el papel, es idílico. Es difícil ser justo cuando hay tanto nivel, pero hay que tener clara una cosa: los Celtics son mejores cuando juegan como un equipo que cuando sacan a relucir el talento. La máxima expresión de su sistema ofrece un amplio abanico de posibilidades y garantiza mucha generosidad en el reparto de lanzamientos, de toques de balón y de posicionamiento en general (dinamismo, múltiples bloqueadores indirectos, varios ball handlers…).

No sabemos cuánto durará la pareja Horford-Baynes: está ideada con el objetivo de recuperar la estabilidad y aportar firmeza interior. Pese a eso, tal como han ido las cosas durante la temporada, es complicado garantizar que disputarán todo lo que queda. En base a eso cabe plantear dos opciones interesantes.

La primera es incluir a Hayward, un jugador que sumaría aún más talento al quinteto y que sería, sin duda, más cerebral que Morris. Sería interesante ver cómo responde si vuelve a ser incluido en el cinco inicial con la obligación implícita de tener que hacer puntualmente de stretcher. La cuestión es que esta apuesta es la antítesis de la última modificación del cinco inicial y no haría más que reforzar la figura de Terry Rozier como generador (muy ineficiente).

Jaylen Brown es una opción que parece aparcada por el momento, pero podría ser beneficiosa a largo plazo. Es un buen agitador de partidos y, además, es una garantía en transición y en estático: cuando corre, alarga la pista y siempre ofrece líneas de pase; cuando la disposición es estacionada, es un buen tirador de tres puntos y un muy buen penetrador (y no usa la media distancia). Jaylen aportaría atleticismo, capacidad para defender al hombre y poderío para atacar el rebote desde fuera, pero no arreglaría el problema interior.

 


 

No podría acabar el artículo sin hablar de Marcus Smart. Él es el emblema de los Celtics y, además, está puliendo su juego sin balón. Empieza a tener un lanzamiento exterior relativamente fiable y mantiene la capacidad para organizar el equipo y para ordenar sistemas. Así pues, si introduce cualquier variación, Brad Stevens debería tener presente que su presencia es indispensable: es una de las voces que coordinan la defensa, suma una barbaridad de intangibles y produce la chispa de cualquier reacción. Cuando hablamos de vínculos con el Garden, de hecho, nos referimos a él.

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