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Los Houston Rockets de la Revolución rompen mitos

Pasar poco el balón no significa ser un mal ataque y los Rockets del small-ball lo demuestran. Eso y mucho más.

James Harden

Keith Allison (CC)

En el baloncesto gana quien más puntos anota. No sorprendo a nadie, no. Tampoco vengo a contaros que para eso se necesita una gran defensa (la mítica frase de «las defensas ganan campeonatos»). Venimos a hablar de la forma de atacar. De cómo los Houston Rockets revolucionan, ya no solo la ofensiva, sino todo el deporte. Son la vanguardia del baloncesto.

 

¿Cuántos menos pases peor es el ataque? Mentira

El objetivo del ataque es encontrar tiros liberados o, al menos, tiros con un alto porcentaje de convertirse en canasta. El aficionado medio tiende a asumir que los sistemas ofensivos con más pases son «mejores», mientras que los que tienen un menor número de pases son «peores». ¿Es cierto? No.

Oklahoma City Thunder ha comenzado a un nivel pésimo en ataque. Mientras se escriben estas líneas son el octavo peor ataque de la NBA y el segundo equipo de la liga que menos pases realiza por partido, con 264.2. A su vez, los Houston Rockets tienen la cifra más baja de pases por encuentro (261.3), pero son el mejor ataque de la NBA. La química, los formatos usados, la identidad que inculca el entrenador en el equipo… Detalles más relevantes que el número de pases. No es la cantidad, es la calidad.

Los pases de los Rockets se dividen principalmente en asistencias de Paul y Harden o vías para devolver el balón a sus dos estrellas y comenzar a jugar de nuevo.

 

Aclarados y bloqueos

La ofensiva de Mike D’Antoni en los Houston Rockets se basa en aclarados y bloqueos para continuar o abrirse. Solo las «isolations» y las jugadas finalizadas en «pick&roll» suponen el 40% de su ataque. Si añadimos el «pick&pop», más los lanzamientos liberados y las transiciones -15.2%, 12º en la liga- tenemos prácticamente la totalidad de las posesiones de Houston.

En James Harden encontramos la figura más dominante de la historia en aclarados. La eficiencia de este jugador en el uno por uno y la bárbara cantidad de jugadas de este tipo que ejecuta por encuentro alcanzan cuotas históricas. Niveles que hace unos años se hubiesen considerado innaccesibles. Solo LeBron James le presenta oposición. Pero Harden no está solo. Empatado con Kyrie Irving y Dame Lillard como noveno jugador con más posesiones en uno para uno por partido aparece Chris Paul. El futuro Hall of Fame se aclimata a Texas a la perfección, cualquiera diría que es su primera temporada al lado de La Barba.

Nadie en la NBA tiene una eficiencia en aclarados que se acerce al dúo Harden-Paul, con la excepción de LeBron. Para encontrar un jugador con unos porcentajes del 60% hay que bajar mucho, hasta Joe Johnson. El veterano apenas ha jugado 11 partidos, tiene -ligeramente- peores porcentajes (60eFG%) y no llega a dos isolations por encuentro.

¿Pero solo tiran? Tampoco. Si bien pasan poco el balón, lo pasan muy bien. James y Chris reparten el 80% de las asistencias de los Rockets. Dan pases contados, pero dan los que necesitan. Más del 50% de sus aclarados termina en canasta. Un ritmo muy elevado -octavo equipo más veloz de la NBA- y la búsqueda de tiros inmediatos. Rodeados de tiradores conocedores de su papel y de finalizadores excelentes cerca del aro (el sorprendente Capela o Nene), Chris Paul y James Harden son imparables en el uno para uno.

 


 

Los Houston Rockets van a la cabeza de la innovación. El «small-ball» es su filosofía; Daryl Morey, su arquitecto; Mike D’Antoni, su predicador; y Chris Paul y James Harden, sus máximos ejecutores. Y no solo en ataque. Se podría dedicar otro artículo a su defensa (7º de la liga), a los esquemas que utilizan y al impacto necesario de fichajes como PJ Tucker o Luc Mbah a Moute.

El año pasado ya sorprendieron. Nadie les daba en «Playoffs» y fueron uno de los mejores equipos, además de maximizar a Harden. Dejaban dudas en defensa que ya no existen, James tiene la compañia de Chris para desahogarse en Playoffs -estaba cargado en exceso- y solo queda por resolver si, de una vez por todas, un equipo de Mike D’Antoni rendirá a la altura de las expectativas en la postemporada.

Mientras pasan los meses y se resuelven estas incógnitas, en su camino por destronar a los Warriors en el Oeste, los Rockets rompen mitos: defienden muy bien, James Harden no es el agujero negro de antaño y un número de pases muy bajo no implica un mal ataque. Disfruten de los Rockets de la Revolución.

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