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NBA

Los Atlanta Hawks de Trae Young progresan adecuadamente

Los Atlanta Hawks están cosechando los primeros resultados de una reconstrucción que se antoja especial.

Guillermo Mayol (The Wing)

Las reconstrucciones de la NBA actual se caracterizan por varios rasgos comunes: el «draft», las derrotas y la paciencia. Esta tendencia, que comenzó a acentuarse sobre todo a partir de la aparición de los equipos repletos de estrellas y los proyectos apabullantes, ha hecho que cualquier franquicia pero especialmente las que se mueven en mercados pequeños hayan entendido que, si quieren tener una oportunidad a medio o largo plazo, se la deberán crear ellas mismas.

Gracias a este escenario hemos vivido la irrupción de los Sixers, la incertidumbre de los Phoenix Suns y el drama de los Bulls. Donde no falla la gerencia, fallan los jugadores. O también puede fallar todo al mismo tiempo. Hay un proyecto, sin embargo, que está haciendo las cosas muy bien: el de Travis Schlenk. Los Atlanta Hawks están yendo paso a paso y tomando decisiones hacia un rumbo concreto. Pocos meses después de iniciar una temporada de borrón y cuenta nueva, las bases filosóficas del futuro y las piedras angulares del nuevo proyecto deportivo ya están más que definidas. Y la cultura, también.

Descarados, talentosos y competitivos

El proyecto de los Hawks se cuece a fuego lento, pero esto no priva a los jugadores de demostrar su virtuosismo en situaciones de exigencia. En un periplo muy corto de tiempo hemos visto victorias de mucho valor contra equipos competitivos como los Sixers o los Thunder conseguidas, tal como ordenan los mandamientos de Travis Schlenk, con un ritmo ofensivo frenético y una propuesta de baloncesto alegre.

Los Hawks juegan sin mirar el marcador. Se centran en asimilar los conceptos necesarios y acabar los partidos satisfechos con su trabajo. Lloyd Pierce sabe que dentro de la plantilla ya tiene el talento y las piezas, pero también sabe que tiene que aprender a usarlas. A estas alturas el balance del equipo es 15-32 y, aunque tendrán un buen «pick» del draft, lo están consiguiendo sin necesidad de hacer un ridículo tan espantoso como el que están haciendo el resto de franquicias perdedoras del este.

Todo lo que está pasando en Atlanta esta temporada -y durante los próximos años- tiene una pregunta incómoda e insolente de fondo: ¿se equivocaron los Hawks traspasando a Luka Doncic y quedándose con Trae Young? Mi respuesta es NO. Si nos fijamos en su confección, Travis Schlenk ha creado una plantilla que consta de un núcleo joven con virtudes totalmente complementarias diseñada para optimizar la velocidad y relativizar el juego a media cancha. Y para hacer esto, su hombre es Trae Young.

La apuesta por ser los nuevos Warriors, acabe bien o no, es una realidad. El tándem exterior va en esta dirección (Trae Young y Kevin Huerter) y el juego interior, sobre todo Omari Spellman, también. Pierce y Schlenk, dos dirigentes con pasado warrior, conocen la receta y saben cómo aplicarla. Como bien sabemos, sin embargo, que un equipo pueda volver a hacer en el futuro lo que han hecho estos Warriors es una quimera. Una quimera que vale la pena intentar alcanzar.

Un sistema en construcción

Una de las gracias del proyecto de los Hawks es que cada partido que disputan toma una dimensión didáctica por varios motivos. El primero es, evidentemente, la juventud del núcleo del proyecto: Trae Young, John Collins, Spellman, Kevin Huerter y Taurean Prince tienen menos de 25 años y no cuentan con demasiada experiencia compitiendo en la élite del baloncesto. El segundo da aún más valor a lo que están construyendo en Atlanta: Lloyd Pierce es un entrenador sin trayectoria como «head coach» pero, además, raramente ha tenido contacto con la libreta ofensiva en ninguno de los «staff» donde ha trabajado.

Esto ha derivado en varias vertientes. La primera es el aprendizaje común: el entrenador puede adaptarse más que cualquier otro a las características de los jugadores y a la propuesta del general manager. Estos Hawks son un equipo que ha nacido para correr. Ya hoy, transcurrida más de la mitad de la temporada pero habiendo vivido poco menos que el inicio del prólogo de la historia que quiere escribir esta plantilla, los Hawks son el equipo que más ataca (105 de pace) y, en contraposición, el decimonoveno en puntos anotados por partido. Esto, sin embargo, demuestra el carácter de aprendizaje y evolución que tiene la temporada.

  • Puntos al contraataque: 18. Noveno mejor equipo de la liga.
  • Puntos después de pérdida del rival: 16’3. Octavo mejor equipo de la liga.

Durante las últimas semanas, además, hemos empezado a ver algunos brotes verdes inesperados y agradables. Los de Lloyd Pierce son reconocibles en todo momento y han logrado construir una rotación que gira alrededor de los jugadores jóvenes. Predominan los contragolpes, las posesiones cortas y la amplitud. Excepto el pívot que bloquea (Collins o Len), todos los jugadores están situados en la línea de triple para inquietar la defensa. Y, por supuesto, todo el mundo puede empezar un uno contra uno.

En defensa todo va más despacio. Lloyd Pierce es un entrenador con dilatada experiencia en esta área (de hecho siempre se ha dicho que su preferencia era Jaren Jackson Jr en lugar de Trae Young) y sabe que tiene que crear un engranaje bastante sólido como para cubrir el agujero que tendrán en el exterior (Trae Young). Mientras espera la eficiencia, vemos que el equipo trabaja aprendiendo conceptos y ajustando automatismos (lo que se espera de las reconstrucciones). Los Hawks, hoy, son el quinto equipo que más faltas hace y uno de los peores equipos en box out de la liga, algo que nace de la falta de corpulencia y vocación defensiva de la plantilla.

Trae Young, Stephen Curry Y Steve Nash

Se ha escrito mucho sobre si Trae Young era (será) el nuevo Stephen Curry. A mí hay dos cosas que no me gustan: lanzar comparaciones (pienso que la gente las recibe con ganas de malinterpretarlas) y que las comparaciones lanzadas sean porque así lo demuestran los recopilatorios de highlights.

Este ha sido, en muchos momentos, el gran quebradero de cabeza de Trae Young. El base de los Hawks ha tenido que sufrir la presión de un entorno decidido a compararle con Stephen Curry por el rango de tiro y, en segunda instancia, con Steve Nash (aquí he caído alguna vez) por la visión de juego. Y la realidad es que, si bien mediáticamente se pueden llegar a aceptar por la necesidad de encontrar nuevos héroes y sucesores, Trae Young está trazando un camino distinto.

El base formado en Oklahoma destaca por tener un control absoluto de lo que hace su equipo. Bueno, mejor dicho: destaca por tener un impacto absoluto en lo que hace su equipo. Él es el hilo conductor de las jugadas y de las transiciones y, además, está siendo la figura clave del sistema up tempo de Atlanta. El protagonismo, como casi siempre en el caso de los ball handlers, se muestra gracias a las estadísticas de uso: Trae Young (30 minutos por partido) tiene un 27’1% de USG y es ya el décimo mejor jugador de la liga en asistencias potenciales (en otras palabras: genera una barbaridad de tiros para sus compañeros), el décimo máximo asistente de la liga (7’2 asistencias por partido), el décimo jugador que más puntos crea a través de sus asistencias (más de 18 por partido) y el sexto jugador que más pases recibe por partido (prácticamente 80).

Trae Young ha depurado su selección de tiros de campo después de un inicio de temporada errático (no llega al 30% en triples) y se ha convertido en una digna brújula. Por encargo de Pierce, además, está empezando a marcar la velocidad del juego y a dibujar jugadas. Los Hawks de los tiempos recientes comienzan a entender el ataque en estático y ya son capaces de generar a media cancha (algo impensable hace pocas semanas, cuando sólo sabían hacer transiciones). Para un base con un rango de tiro y unas capacidades técnicas como las de Trae, saber qué hacer en cada momento e interpretar qué decisión puede ser la correcta es fundamental.

Lo que más destaca de Trae es su facilidad para jugar el pick and roll. Ha necesitado poco más de media temporada para demostrar que es increíblemente lúcido pasando bloqueos gracias a la velocidad, al tamaño y al eje gravitatorio de su cuerpo. Siempre exhibe un timing correcto y es capaz de retener el balón botando si no ve el pase claro o de dejar su compañero en posición favorable para anotar. En definitiva: Trae Young es mejor pasador que triplista. Y ahora, pasamos a su gran socio en esta jugada.

John Collins está infravalorado

Después de una temporada irregular con varios altibajos que ya sirvió para hacernos una idea de qué tipo de jugador era, John Collins ha explotado. Y lo ha hecho en el mejor momento posible. Es el socio de lujo de Trae Young y actúa con una única finalidad: ejecutar. El interior de los Hawks es, potencialmente, el jugador más productivo de la liga en pick and roll y uno de los mejores pívots atacando en transición. Collins, pues, ayuda a subir el ritmo ofensivo del equipo y permite siempre líneas de pase nítidas y efectivas (74’3% en tiros desde dentro de la zona).

La facilidad del sophomore para alternar esta condición de destructor y de interior moderno (está promediando un 45% en triples en los últimos 20 partidos) le convierte en un jugador perfecto para el baloncesto actual. Precisamente este tipo de detalles -versatilidad y atleticismo- hacen que los Hawks puedan respirar tranquilos viendo que el encaje con Omari Spellman, un jugador que debe continuar poniéndose a tono físicamente pero que tiene unas capacidades técnicas y tácticas fantásticas, es un hecho más que viable.

Y en cuanto a la defensa, continúa mejorando. Aunque es un jugador bastante más eficiente en defensa individual que en marcajes zonales o cuando le toca intimidar, ha dado un paso adelante en aspectos colectivos y ha empezado a entender cómo funcionan las rotaciones y los cambios. John Collins es, a estas alturas, un jugador que se siente más cómodo defendiendo a base de piernas y utilizando fundamentos que ejerciendo de rim protector (algo que su equipo, a la larga, necesitará).

También es notable su facilidad para recuperar en transición, ya que es un jugador con suficiente capacidad atlética (le sobra) como para ayudar al equipo a no regalar canastas fáciles tras contraataque. Esta virtud, cuando los Hawks desarrollen una estructura defensiva medianamente eficiente, será muy útil.

Kevin Huerter, un arma de doble filo

Cuando Kevin Huerter aterrizó en la NBA, a pesar de la lesión ya había quien pensaba que podía ser un jugador muy interesante si se le trataba bien. Se le ha relacionado con Klay Thompson, con Korver, con Redick… pero no ha tardado en demostrar que tiene unas características especiales que le hacen ser el complemento perfecto para Trae Young.

Huerter es un jugador correcto en todas las facetas del juego. Buen defensor aunque le falta velocidad, extraordinaria muñeca aunque debe perfeccionar un poco la colocación de los pies en el lanzamiento triple, buena capacidad para generar a partir del bote -especialmente en bloqueo y continuación- y facilidad para entender el contexto que presenta cada partido. Sin estridencias pero sin dejar de crecer, ya ha demostrado que tiene recorrido en este proyecto.

El paso adelante de Kevin Huerter en este mes de enero, añadido a que puede jugar de dos o de tres según lo que necesite de él el equipo, le ha convertido en un jugador prácticamente indispensable. Desde el inicio de 2019 está promediando 15 puntos, 4 rebotes y 4 asistencias anotando el 37% de los 6’8 triples que intenta por partido. Estas estadísticas denotan una eficiencia y una productividad que, lógicamente, no están al alcance de cualquier rookie con un rol secundario.

La comparación con Klay Thompson, si bien es evitable, puede ser orientativa. Los dos jugadores tienen una facilidad para el tiro exterior descomunal y una capacidad para interpretar el juego sin balón superior a la media de la liga. Adentrándonos un poco más en los tiros de dos puntos, vemos que Huerter tiene una inconsistencia física bastante pronunciada que le lleva a no ser asiduo ni productivo en la zona, parte de la cancha donde precisamente Klay Thompson tuvo un 65% de acierto en su año rookie.

La diferencia más importante de todas se visibiliza ahora que Klay Thompson es uno de los mejores especialistas de media distancia de la NBA, ya que es una demarcación que Kevin Huerter emplea esporádicamente. Huerter es un jugador que pertenece a una generación que lleva la eficiencia un paso más allá y va camino de ser un tirador exclusivamente de tres puntos, lo que hasta cierto punto puede ser positivo en un proyecto como el de los Hawks donde nadie se excederá en nada que no sepa hacer pero que le puede limitar y convertirle en un perfil relativamente previsible.

 


Futuro, traspasos y draft

La realidad, sin embargo, es que en Atlanta sobran jugadores veteranos. Más que Vince Carter -mentor y líder de vestuario-, lo que sobra es la existencia de perfiles que podrían ser útiles en proyectos competitivos a corto plazo como Kent Bazemore, Dewayne Dedmond o Jeremy Lin. Mientras buscan traspasarlos antes del siete de febrero, la gerencia ya sabe qué necesita: assets (y limpieza contractual, evidentemente).

El próximo paso de estos Hawks es buscar una nueva promesa vía draft. Aunque profundizaremos en el tema próximamente, toca trabajar sobre la base de un pick cuatro, cinco o seis y ser el máximo de realistas. Travis Schlenk debería tener entre ceja y ceja, en principio, un escolta o un alero, y los nombres que destacan aquí son los de Romeo Langford, Keldon Johnson, Rui Hachimura o Nickeil Alexander entre otros. Todos ellos pueden correr fácilmente, tienen potencial anotador y pueden adaptarse al estilo de Trae Young.

La duda es Taurean Prince. Es un jugador muy útil por su polivalencia, proyección y versatilidad ofensiva y defensiva pero hay ciertos sectores del entorno de la franquicia que creen que su crecimiento es limitado y que se puede cometer un error cuando toque renovarlo. Lo que está claro, sin embargo, es que jugadores con sus aptitudes y con su actitud son completamente necesarios en proyectos ganadores.

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