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El Hall of Fame ya espera a su clase de 2018

Jason Kidd, Steve Nash o Ray Allen lideran la lista de finalistas para entrar en el Salón de la Fama.

Steve Nash, entre los finalistas para entrar al Hall of Fame./ Foto: Keith Alison (CC)

Steve Nash, entre los finalistas para entrar al Hall of Fame. / Foto: Keith Alison (CC)

Con el inevitable paso del tiempo, las generaciones cambian. Cada nueva «camada» de seguidores a este bendito entretenimiento llamado NBA ha tenido sus ídolos; aquellos hombres que han creado un vínculo irrompible con el baloncesto y/o alguna franquicia en particular. Unos defienden los colores de los Lakers por Magic Johnson, otros lucen orgullosos el verde por Larry Bird, y no pocos siguen apoyando a los Bulls gracias a Michael Jordan. Estos nombres se han ido traduciendo en Kobe Bryant, Paul Pierce o Derrick Rose. Los héroes cambian, y hay algo que hace que nos sintamos aún más viejos. Nuestros ídolos pueden ser miembros del Hall of Fame.

El final de los noventa y el comienzo del nuevo milenio nos ha dejado figuras irrepetibles que han ido poniendo punto y final a sus carreras progresivamente, y ahora pueden escribir su nombre eternamente en el Salón de la Fama del baloncesto. Durante el fin de semana del All-Star, la mítica institución ha anunciado los finalistas para ocupar su lugar en la posteridad en la localidad de Springfield en el estado de Massachusetts. Ocho jugadores (dos leyendas de la WNBA incluidas), tres entrenadores/as, un árbitro y un equipo femenino universitario, son los candidatos de la que será la clase de 2018. Para alcanzar tan enorme reconocimiento, cada protagonista deberá obtener al menos dieciocho votos a favor de entre los veinticuatro miembros del comité de selección. El Hall of Fame anunciará a sus nuevas caras durante la Final Four de la NCAA (31 de marzo), y el acto de entrada en el Salón tendrá lugar a principios de septiembre.

Lógicamente, nos encontramos ante nombres que han marcado época en la liga y acumulan un buen puñado de logros que bien merecen todo reconocimiento. Estos seis jugadores NBA han tocado la cima individualmente o de manera colectiva, y qué mejor que echar la vista atrás para recordar todos sus éxitos y el porqué de su nominación.

Jason Kidd

Para empezar simple y llanamente, uno de los mejores bases de la historia. Muy pocos jugadores pueden presumir de un mejor registro numérico que el californiano. No en vano, Kidd es el segundo líder en asistencias totales (12.091) y robos (2.684); solo por detrás de alguien cuyo nombre ya está escrito en el Salón de la Fama: John Stockton. Sobran dedos de una sola mano para enumerar mejores bases puros. Genial asistente, férreo defensor y una de las personas más inteligentes sobre la pista. Incluso cuando el físico no acompañaba, supo encontrar su hueco en la liga explotando su lanzamiento desde la larga distancia.

New Jersey gozó del mejor Jason Kidd con unos Nets que rozaron el anillo bajo su batuta y el talento de Vince Carter. No obstante, el campeonato acabó llegando en 2011 de la mano de Dirk Nowitzki y sus Dallas Mavericks y así pudo conseguir el logro colectivo definitivo. No estaba ya en su mejor momento, pero vaya si se lo merecía. Tampoco se pueden obviar sus dos oros olímpicos en Sydney y Pekín con el combinado estadounidense para completar un palmarés apabullante.

Por si fuera poco, sus éxitos individuales no son menos impresionantes. Co-rookie del año 1995 junto a Grant Hill, diez veces All-Star, cinco presencias en el mejor quinteto de la temporada y una en el segundo, cuatro elecciones al mejor quinteto defensivo y otras cinco al segundo. En su primera candidatura para entrar en el Hall of Fame, parece altamente improbable que alguien pueda rechazar a un jugador con el currículum de Jason Kidd. Elección segura.

 

Steve Nash

Hablando de bases míticos. El canadiense es uno de los jugadores más característicos del nuevo milenio con un juego vertiginoso que alcanzó su cúspide bajo el mando de Mike D’Antoni y sus revolucionarios Phoenix Suns. Aquel equipo puso la primera piedra a un baloncesto que ahora goza de su máximo esplendor, y esto no hubiera sido posible sin un Nash superlativo. Dejó todo sobre la pista, literalmente.

Además de ser el tercer líder histórico en asistencias (10.335), nos encontramos ante el único miembro de esta posible clase de 2018 que ha logrado el premio a MVP de la temporada. Si parece poco, seguro que la opinión cambia al recordar que lo fue en dos campañas consecutivas (2005 y 2006). El campeonato se le acabó resistiendo, y con Canadá no pudo disfrutar de ningún éxito a nivel de selecciones. No obstante, sus ocho elecciones para el All-Star Game, y su continua presencia en los mejores quintetos del año (Tres veces All-NBA, dos veces en el segundo equipo, y otras dos en el tercero) demuestran claramente de qué clase de jugador hablamos.

El Hall of Fame es el hogar para los mejores, y sin dudas Nash ha sido uno de esos nombres míticos en su posición. Su falta de palmarés colectivo puede restarle algún voto, pero no se puede obviar la consideración del canadiense como uno de los mejores bases de la historia de la liga.

 

Ray Allen

Uno de los mejores tiradores que ha visto el baloncesto. Claro y conciso. Antes de que el uso y abuso del triple se convirtiera en una realidad evidente, Allen era el máximo exponente del arte de la larga distancia. Su mecánica y rapidez a la hora de cargar el lanzamiento eran garantía de éxito, y esto le acabó valiendo para convertirse en el jugador que más triples ha anotado en la historia de la NBA (2.973) hasta nueva orden.

Entre los finalistas para escribir su nombre en el salón de la fama, Ray Allen puede presumir del mayor número de campeonatos en su haber tras alcanzar la gloria primero en Boston y más tarde en Miami. Dos anillos muy a tener en cuenta donde su papel acabó siendo fundamental. Quizás su mejor argumento a favor se encuentra en ese título con los Heat. El escolta protagonizó una de las canastas más importantes de la historia del baloncesto con su triple en el sexto partido de las Finales ante los Spurs cuando todo estaba perdido.

Además, Ray Allen fue diez veces All-Star y estuvo una vez en el segundo mejor quinteto del curso, y otra en el tercero. Tampoco se puede olvidar su oro olímpico con Estados Unidos en Sydney 2000 y su trofeo de campeón del concurso de triples en 2001. Después de ser elegible por primera vez para el Hall of Fame, Allen ha llegado a la final con total merecimiento. Veremos si el comité le concede el máximo honor.

 

Grant Hill

Qué jugador nos ha sido privado por las lesiones. La carrera del ex de los Pistons tiene los logros necesarios para entrar en el Salón de la Fama, pero sus problemas físicos hacen dudar hacia dónde podría haber llegado. Aunque los méritos en su NBA son bien considerables, la carrera de Hill se caracteriza por su etapa anterior. Uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto universitario. Dos títulos consecutivos con Duke en 1991 y 1992 avalaron a un hombre que llegó a la mejor liga del mundo dispuesto a comerse el mundo.

Y no tardó en dejar su impronta. Co-rookie del año 95 junto a Kidd, oro olímpico en Atlanta 96, y mejor quinteto del año en 1997. Nada mal para empezar la andadura profesional. Hill se convirtió en un emblema para los Detroit Pistons le pusieron demasiadas piedras en el camino. Aún así, el estupendo alero tuvo tiempo para acumular siete presencias en el All-Star Game y cuatro elecciones al segundo mejor equipo del curso. El Hall of Fame aguarda, y puede que su mítico paso por la NCAA sea el empujón necesario para que su nombre descanse para siempre en Springfield.

 

Maurice Cheeks

Llega el turno de los que ya han rozado el Salón de la Fama. El clásico base de los Sixers de Julius Erving ya ha entrado en consideración para este reconocimiento, pero no llegó a obtener los votos necesarios. La carrera de Cheeks se cimentó en una defensa impenetrable, pero tampoco dejó de lado su faceta ofensiva alimentando al Dr. J, al gran Moses Malone y a Bobby Jones. Una auténtica leyenda de la franquicia de Philadelphia que logró el anillo en 1983. Cheeks sumó también cuatro partidos de All-Star y se convirtió en un habitual en los mejores quintetos defensivos de la temporada (cuatro veces consecutivas en el primero, y otra en el segundo). El base además ostenta la quinta mejor marca de robos totales con 2.310.

Unos logros para tener en alta consideración, pero que se pueden quedar algo cortos para los estándares del Hall of Fame. Otra vez. El comité ya le negó la entrada, aunque su nueva presencia entre los finalistas puede hacer que, esta vez, se replanteen su decisión anterior y Cheeks se codeé así entre los mejores de la historia.

 

Chris Webber

Otro que busca una nueva oportunidad. El ex de los Kings no obtuvo los votos necesarios, pero ahora tiene una nueva oportunidad para la eternidad. Webber puede presumir de haber formado parte de dos plantillas míticas tanto en NCAA como en la propia NBA, pero al final acabó quedándose corto. Con Michigan perdió dos finales universitarias, y pese a ser uno de los miembros destacados de los míticos Sacramento Kings de principio de milenio, nunca lograron el objetivo del campeonato.

Webber podía osar a entrar en la conversación de mejores ala-pívots del momento pese a compartir época con Duncan o Garnett, y eso es mucho decir. Un anotador fiable y un reboteador superlativo que logró hacerse un nombre más que importante. Su palmarés individual incluye el título de Rookie del año 1994 con los Warriors, cinco elecciones para el All-Star, y una presencia al mejor quinteto del año (2001). También se ganó un lugar en tres ocasiones para el segundo, y una para el tercero. Al igual que pasó con Meeks, Chris Webber buscará su particular redención con esta nueva votación aunque sus méritos no estén a la altura de sus otros compañeros finalistas.

 


La disyuntiva se resolverá en apenas un mes, pero lo que ya es seguro es la tremenda potencia de esta hipotética clase de 2018. El Hall of Fame abrirá sus puertas a nuevos miembros como cada año, aunque la elección, como siempre no será nada fácil. El hecho de llegar a estas instancias ya supone un gran reconocimiento para estos seis jugadores NBA, no obstante, no todos lograrán tener su rinconcito en el Salón de la Fama presumiblemente.

Jason Kidd y Steve Nash parecen apuestas seguras, mientras que Ray Allen y Grant Hill podrían tener que esperar a una nueva oportunidad pese a que hayan acumulado méritos para entrar. El caso de Maurice Cheeks y Chris Webber es algo más complicado, pero que hayan llegado otra vez a esta fase les puede ayudar a conseguir los votos necesarios.

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