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Los espejos de Brad Stevens para Boston Celtics

Diez derrotas en los primeros 20 partidos. Las alarmas ya están sonando. Y Brad Stevens ya tiene algo en mente.

Brad Stevens, head-coach de los Boston Celtics |

Brad Stevens, head-coach de los Boston Celtics | Pablo Espinosa (The Wing)

«No somos un equipo de 48 minutos, de hecho no estoy seguro de que seamos un equipo de incluso 24» decía Brad Stevens el pasado jueves en la rueda de prensa tras la derrota ante los Knicks. La novena esta temporada, en la que llevan tantas como victorias (10-10 a día de hoy). «No me centro en la defensa, el tiro. Hay muchas cosas, hay muchas cosas que tenemos que solucionar». Crítico, claro y conciso.

Y la última, avisando que no va a quedarse de brazos cruzados. «En estas situaciones es donde los entrenadores se vuelven locos de una manera retorcida, porque las derrotas te comen vivo, pero la tormenta es parte del trabajo. No hay garantía de que vayas a poder darle la vuelta, pero toca trabajar». ¿Un culpable? «No es cosa de uno, de dos. Solo no estamos jugando con la misma personalidad con la que jugamos el año pasado».

Pero ya he pasado dos veces en mi carrera por situaciones así. La solución, decidimos empezar a jugar nasty tough«

Dos temporadas de las 12 que lleva entrenando, seis en Butler y seis más en los Celtics. La primera a la que hace referencia, la 2009/10, con los Bulldogs, año II de Hayward en la universidad. La segunda, año 2016, acababa de firmar Horford por los Celtics e Isaiah Thomas se asentaba como base titular. Stevens vio a sus equipos sufrir mucho más de lo esperado, ajustó, y acabó llegando el éxito –parcial.

¿Qué cambió en esos equipos? ¿Cómo podemos extrapolarlo a los Celtics actuales? Lo analizamos.

Butler Bulldogs 2010 – 25 victorias seguidas

En 2010, tras colarse dos años seguidos en el March Madness, los Bulldogs eran por fin seguidos nacionalmente. Recuperaban a todo el equipo de 2009, con el triunvirato Hayward, Mack y Howard llamado a hacer historia en la universidad. Dos temporadas por encima del 80% de victorias hacían de los pupilos de Stevens el favorito #11 según las encuestas de pre-temporada. Se les esperaba al menos hasta el sweet-16, una ronda más con un cruce afortunado.

Pero la temporada empezó horrible. Pese a lograr cuatro victorias en las cinco primeras noches, cada vez que un college top-25 se enfrentaba a los Bulldogs (Minnesota #22 y Clemson #19) abusaban de la defensa de Butler. Solo Northwestern (54) y Ball Stat (38) anotaban menos de 60 puntos en todo 2009. Hasta la derrota contra Alabama-Birmingham: esa noche marcó el inicio de un nuevo Butler. Siguió recibiendo +60 en cuatro de los próximos seis partidos (uno con OT), pero la defensa empezaba a marcar el ritmo. El ataque seguía siendo escaso, pobre y defectuoso, pero la defensa ganaba partidos.

Durante 21 partidos, desde el 31 de diciembre en el primer partido de conferencia, hasta el debut en el Madness ante Texas-El Paso, Butler anotó de media 71.3, pero recibió 57.4 (+13.9). Fueron, contando cuatro más hasta la final contra Duke, 25 victorias consecutivas y la historia de la Cenincienta más bonita jamás contada. Hayward falló y aquel cambio defensivo quedó en solo un movimiento genial de Stevens que llevó a su equipo a la final, a un escalón de título nacional.

Brad Stevens en su época en Butler

Brad Stevens en su época en Butler | @Bradjward

Boston Celtics 2016 – El inicio de algo grande

No tocaron fondo, pero casi. La no-llegada de KD dejó la firma de Horford como algo menor, pero el segundo mejor agente libre del mercado acababa de apostar sus próximos cuatro años al verde. Y ahora le tocaba a Brad Stevens re-ajustar un equipo en el que Isaiah Thomas pasaba a ser el base titular, después de disfrutar sus primeros meses como sexto hombre, y Al Horford la piedra angular. Y el dominicano se pierde nueve partidos el primer mes.

Al equipo le costó adaptarse, pero la clave fue subir el ritmo. Los Celtics iniciaron la competición con un 13-12, récord similar al actual, aunque ganando todos los partidos contra rivales inferiores. Pero los porcentajes de tiro eran muy bajos: 44.7% en tiros de campo, 35.7% en triples, ambas por debajo de la media de la liga. Pero tras cuatro derrotas en cinco partidos, la dinámica cambió al volver a Boston y recuperar a Horford y Jae Crowder (antes de perder a Bradley).

El equipo de Brad encandenó 24 victorias en 31 partidos (77.4% de triunfos por el 52% que llevaban) mejorando el ataque: se subió el ritmo (1.7 posesiones más por partido) con un objetivo claro: a porcentajes bajos, como más tiros, más puntos. Y funcionó. Los Celtics mantuvieron el defensive rating alto (de 108.3 a 110.9) pero el offensive se disparó: +6.2 puntos más por 100 posesiones.

El rival tiraba un poco mejor que en los primeros partidos, Boston tiraba mucho mejor (+3.4% en effective field goal) y el ajuste funcionó. Al menos, otra vez, hasta la final de conferencia. Brad se quedó una vez más a las puertas.

Guillermo Mayol (The Wing)

¿Aplica el ejemplo para estos Boston Celtics?

Han pasado dos partidos desde la rueda de prensa de Brad, un back-to-back fuera de casa en Atlanta y Dallas y los Celtics siguen dando la misma imagen. Solo un buen primer cuarto (45-23) ante los Hawks permitió seguir sumando tantas victorias como derrotas. Pero el equipo sigue mostrando problemas graves en todos los aspectos: primero y más importante, la intensidad. Después, ya como colofón, el desacierto en el tiro abierto y la defensa exterior.

Solo Milwaukee (CJ McCollum y Kemba) y Washington (Lillard y Curry) tienen tantos partidos de guards rivales con +40 puntos este año. Contra Boston, Jamal Murray (48) y Kemba Walker (43). En 38 se quedó Devin Booker y rozaron los 30 Donovan Mitchell y Trey Burke. Por lo que el ejemplo de Butler podría servir: aquellos Buldogs vivían y morían en Mack, Howard y Hayward, en ataque y defensa. Y Mack era el encargado de parar a los rivales exteriores. Ni Kyrie, ni Jaylen ni, sorprendentemente, Marcus Smart, han podido hasta la fecha. Ni mucho menos Rozier. Es un fallo de defensa colectivo que nade en el pick’n roll.

En el caso de los Celtics de 2016, no sirve el ejemplo. Boston este año tira más solo que nadie, por lo que es inviable mejorar o conseguir más tiros: es clave, eso sí, empezar a meter. Los ejemplos de Brad Stevens sirven, si no para copiar el procedimiento, para ver que es posible, viable y necesario aplicar algún cambio al sistema ofensivo y defensivo. Pero la intensidad, la energía, las ganas… el espíritu que tanto gusta a los aficionados verdes. Eso no se entrena, eso se tiene o no. Eso se demuestra.

¿Han de sonar las alarmas en los Boston Celtics?

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