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La enfermería más concurrida de New Orleans

Las lesiones se han convertido en una maldición para la franquicia desde que fuera rebautizada como Pelicans.

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En la trayectoria de todo equipo siempre hay lugar para la adversidad. A lo largo de los años hay que superar todo tipo de obstáculos para estar entre los mejores en lo tuyo, y eso no es nada fácil. Otros tienen más dinero, residen en lugares más atractivos, gozan de mejores jugadores… hay que asumirlo e intentar paliarlo. No obstante, hay cosas que parecen inamovibles, y cuando la mala suerte te acecha puede que no haya escapatoria. La etiqueta de equipo «pupas» escuece, y los Pelicans siguen sin lograr liberarse de ese picor.

Pocas franquicias a lo largo de la NBA han sufrido tanto como New Orleans en las últimas campañas. Desde su renombramiento en 2013, el cuadro de Luisiana ha tenido que pelear a capa y espada con un mal que sigue asolando y mermando sus tropas. Incluso en verano, cuando los problemas deberían remitir, dos jugadores que deberían ser importantes en la próxima temporada cayeron en las garras de esa maldición que no cesa. Solomon Hill y el rookie Frank Jackson estarán gran parte del año en el dique seco, y con ellos nos preguntamos si algún brujo que amaba el nombre de Hornets ha lanzado un mal de ojo a estos Pelicans.

Echando la vista atrás, nos faltan dedos de la mano para contar las lesiones importantes de jugadores claves para la franquicia de New Orleans. Ni siquiera su máximo baluarte, Anthony Davis, se ha podido librar de los constantes problemas físicos en su prometedora carrera. Las bajas de ‘La Ceja’ han sido habituales, prolongadas y fatales para su equipo, que solo ha podido alcanzar los Playoffs en una ocasión en cuatro cursos. Para más inri, fue en 2015 y en primera ronda tuvieron que sufrir a los Golden State Warriors. Escobazo y para casa.

El caso de Davis es digno de mención. En cinco años desde que aterrizara en la NBA como flamante número uno del Draft, el jugador franquicia de los Pelicans ha sufrido más de veinte lesiones diferentes. Nada más y nada menos. Esto le ha provocado su baja en más de setenta partidos; unos catorce encuentros por temporada. Pocas zonas de su anatomía han quedado intactas. Si reeditarán el juego «Operación» con su cuerpo pitaría nada más sacarlo de la caja. Si los números de ‘La Ceja’ ya son impresionantes, imaginen qué barbaridades podría haber hecho con algo más de regularidad física.

Como toda buena historia— o mala para New Orleans en este caso—, este último ejemplo no es un capítulo aislado. La maldición de los Pelicans no solo afecta a su rostro más reconocible; faltaría más. Casi todo candidato que ha optado al puesto de escudero de Davis ha corrido la misma suerte que su líder. Parece que a DeMarcus Cousins no le dio tiempo a sufrir el conjuro. Rajon Rondo ya ha renovado su seguro médico. Hay motivos para preocuparse, así que vamos a repasarlos.

 

Carga de bajas

Muchos grandes jugadores han pasado por la disciplina de los Pelicans en estos años. Normalmente, el roster de la franquicia de Luisiana gozaba de un mayor cartel de lo que los resultados acababan apuntando al final de temporada. No es por buscar excusas, pero las lesiones tuvieron un papel más que destacado en la obra. Revisando el rendimiento de New Orleans desde su nuevo bautismo, podemos señalar hasta cuatro grandes nombres que han pasado mucho tiempo esperando el alta en la enfermería. Todos ellos acabaron alguna campaña meses antes que el resto de sus compañeros y hundieron las opciones de lograr el gran objetivo de los Playoffs.

Un caso destacado es el de Jrue Holiday. El base llegó con la etiqueta de jugón desde Philadelphia como parte del traspaso que acabó valiendo la elección de Nerlens Noel por los 76ers, pero ha salido derrotado en muchas ocasiones de su particular batalla con las lesiones. Ya en su primer curso como jugador de los Pelicans, una fractura de tibia en enero lo apartó de las canchas hasta el siguiente año. Su mala suerte no cesó, y nuevos problemas en su pierna derecha le obligaron a perderse unos dos meses de competición. Su llegada a New Orleans le pasó factura.

Holiday tenía dos retos por delante, mantenerse sano y hacerse definitivamente con la manija ofensiva de su equipo. La cosa iba bien en la temporada 15/16 para sus intereses, aunque los Pelicans no respondieron con victorias. Finalmente, una nueva lesión dejó al base fuera durante el último mes de competición, pero eso se convirtió en lo menos importante en su vida. La grave enfermedad de su esposa sacudió por completo el mundo de Holiday, que dejó el baloncesto a un lado para centrarse en su familia. El ex de los Sixers se perdió gran parte del inicio del último curso, mientras su mujer, afortunadamente, ganaba su batalla contra un tumor cerebral y daba a luz felizmente a su primera hija. Holiday no falló cuando importaba.

Otro que llegó con una buena fama a New Orleans fue Tyreke Evans. Quizás lo hayamos olvidado, pero estamos hablando de todo un rookie del año (podemos discutir la competencia que tuvo). Sus primeras dos temporadas en los Pelicans no desentonaron, no obstante tampoco respondió a su galardón. El ex de los Kings se asentó en su nuevo equipo, pero… ¡Ay, amigo! Su rodilla derecha dijo basta, e hicieron falta hasta dos operaciones para que Evans recuperara de nuevo el ritmo competitivo necesario. Solo 25 partidos entre diciembre y febrero pudo disputar en la temporada 15/16, aunque sus números se mantuvieron en ese nivel más que aceptable. Tyreke cogió miedo a la maldición, y en la anterior campaña regresó a su viejo hogar.

Tyreke Evans tampoco se libró de las lesiones./ Foto:Keith Allison (CC).

Por último, tenemos que hablar de dos hombres que huyeron en dirección a Houston. Eric Gordon y Ryan Anderson también se hicieron con una cama con su nombre en la enfermería de los Pelicans. Ambos, que ya jugaban en New Orleans con los Hornets, acusaron de lo lindo el nuevo bautismo de la franquicia. El primero se estrenó como Pelican con una lesión de rodilla que lo apartó del campeonato en el mes de marzo, mientras que el segundo, días después de la baja de su compañero, tuvo que operarse del cuello tras un tremendo golpe durante un encuentro ante los Celtics. Supongo que los dos subieron a hablar con el jefe para exigir que les devolvieran el nombre.

Anderson no volvió a lidiar con problemas físicos graves en Luisiana, pero Gordon no pudo decir lo mismo. En la siguiente temporada, el vigente Mejor Sexto Hombre del año se perdió más de veinte partidos, y por si fuera poco no saltó a la cancha en la mitad de encuentros de la campaña siguiente. Ahora ambos son felices y comen perdices con los Rockets mientras rezan con no caer en las viejas rutinas otra vez más.

 


 

A las puertas de un nuevo curso, los Pelicans esperan con ansia que la maldición les de un respiro. La cosa no promete y ni el verano ha perdonado a las filas de Alvin Gentry. En una Conferencia Oeste convertida en zona de guerra, y con las dudas todavía razonables acerca de la combinación Davis-Cousins, no sabemos qué rumbo tomará la franquicia para intentar ascender a la zona noble de la tabla. A día de hoy, pueden conformarse con que la enfermería de New Orleans pierda clientes durante la temporada.

 

Foto: Scott Daniel Cooperstarting5online.com

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