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Dwyane Wade: un último baile para recordar

Fantástico rendimiento para decir adiós. Los Playoffs, la mejor despedida posible.

El proyecto de Miami Heat no es ni mucho menos para echar cohetes. Se encuentra en una isla desierta, en medio del océano, entre los equipos candidatos y aquellos esperando a verano para reconstruir. Y entre todo eso, una de las cosas que te llevas a una isla desierta es siempre Dwyane Wade.

El mito, sin lugar a dudas el mejor jugador de la historia de la franquicia toma la última recta, en la última vuelta, de su circuito profesional NBA. Un jugador que se entregó -y se entrega- en cuerpo y alma a la franquicia de Florida desde la primera vez que saltó al parqué del American Airlines Arena y los focos apuntaban a unos jóvencísimos LeBron James y Carmelo Anthony.

dwyane wade
Scott Gillig (The Wing)

Dwyane Wade, un adiós vestido de corto

Muchos jugadores ponen fin a su carrera con una pérdida excesiva de rol, sentados en el banquillo entre ‘buyouts’ que hacen olvidar por un pequeño periodo de tiempo quiénes han sido en realidad.

No es el caso de Dwyane Wade. El ex de Marquette se marcha porque quiere. Porque puede seguir jugando. Vaya que si puede. Para un servidor el tercer mejor ‘shooting guard’ de la historia -Tras MJ y Kobe, situando a Iverson como base- busca eso, marcharse cuando aún pueda mostrar de qué está hecho y su recuerdo quede intacto en las retinas de los aficionados.

En cada casa que vibró con su imagen subido a la valla publicitaria de su estadio a grito de “This is my house!” tras anotar un buzzer-beater. En cada recuerdo de un aún joven Dwyane Wade que llevaba a sus Heat y a Shaquille O’Neal a conquistar un anillo inolvidable. En cada corazón de cualquier aficionado de este deporte.

Hoy, ‘Flash’ no es tan rápido, ni tan dominante como la lógica adoctrina. Pero hoy, el escolta sigue siendo parte importantísima de la rotación de Erik Spoelstra (25.8 minutos por noche) así como muchas veces el referente ofensivo y, cómo no, el líder de un vestuario que debe empezar a pensar en ciertos cambios para abandonar el lugar indiferente -a la par que competitivo- que ocupan estos últimos años.

“No te retires, Wade”

D-Wade, un jugador con una carrera envidiable. Una súperestrella capaz de cambiar de rol para poder ganar junto a LeBron James. Una leyenda al servicio del equipo que continúa su último baile desatando los elogios en cada pabellón que pisa.

Y así es como debe ser recordado. Como un jugador que aún tenía cuerda para rato. Dwyane Wade debe marcharse ahora para dejar esa sensación en los fans de que pierden algo antes de tiempo, de que podrían disfrutarlo más. Sus 14 puntos, 4 rebotes y 5 asistencias por noche no copan las portadas pero sí reflejan la total capacidad del de Chicago para rendir en esta liga.

La última referencia, su game-winner ante los Warriors que desató la ola de peticiones en las redes para que no colgara las botas. Aún no. Pero el escolta tiene otros planes. Su familia, con sus hijos en plena adolescencia, han pasado ya a ser el primer eslabón de su cadena.

Los Playoffs, ¿un último servicio?

La NBA decidió homenajear a Dwyane Wade y a Dirk Nowitzki -veremos si se retira- con la presencia en el All Star. Al margen de debate sobre si es un homenaje lícito ante la cantidad de estrellas que han terminado su carrera sin reconocimientos similares, prefiero quedarme con sus últimos minutos entre los más grandes. Porque él, en la historia, ya está ahí y con merecimiento.

Como colofón de esta última temporada Miami Heat debería alcanzar los Playoffs. Una última lucha a 7 partidos, una última entrega por parte de ‘Flash’. Alguien que a pesar de ser su despedida, dará todo lo que tenga y más para competir, que es lo mejor que sabe hacer.

A día de hoy, los de Spoelstra ocupan el octavo puesto de la Conferencia Este a tan solo dos partidos de ventaja sobre Orlando Magic, que está en un momento muy bueno de la temporada. Por encima, Detroit Pistons y Brooklyn Nets, que mucho tendrían que bajar el pistón para alcanzarlos.


Dwyane Wade se merece unos Playoffs más. Un estadio abarrotado, completamente blanco y con un ruido ensordecedor. Miami se merece un recuerdo imborrable, pero él también. Una última comunión con sus aficionados. Un último baile con la canción más bonita del mundo.

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