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Dwight Howard: quién le ha visto y quién le ve

De ser el jugador más dominante desde Shaq a que el equipo de su ciudad quiera librarse de él.

Keith Allison (CC)

En el 2004, aterrizaba en la primera elección del Draft un joven directamente desde el instituto —la SW Atlanta Christian Academy— que prometía ser el líder referencial de unos Orlando Magic. Un jugador que dominaba con un físico espectacular y no paraba de acumular premios. Ese jugador, lideró a un equipo hasta Las Finales de la NBA, ha sido tres veces mejor jugador defensivo de la liga, ha estado en cinco quintetos All-NBA, fue oro olímpico en Pekín 2008, nunca ha promediado menos de un doble-doble en temporada regular y, ese mismo hombre, ha sido traspasado esta pasada madrugada por Miles Plumlee, Marco Belinelli y el pick31 de este Draft. La pregunta es evidente, ¿qué ha pasado con Dwight Howard?

El pívot estadounidense llegó a ser considerado el pívot más dominante desde Shaquille O’Neal, aumentando ese paralelismo el haber sido debutado con la misma franquicia. Y la verdad es que Dwight Howard dio motivos para pensarlo; aplastaba a prácticamente cualquier defensor que se le ponía en medio, siendo también un reboteador y taponador incansable. En los Orlando Magic hizo historia, pero él necesitaba más y, por eso, en 2012 decidió que no iba a renovar con «su» equipo y, finalmente, salió traspasado a Los Angeles Lakers para formar un quinteto más propio del NBA 2K que de la vida real y que, supuestamente, iba a hacer historia y terminó siendo la tumba para casi todos los jugadores de ese equipo. Ni Steve Nash, ni Kobe Bryant, ni Ron Artest ni él mismo volvieron a tener un rendimiento ni parecido al que tuvieron antes de esa fatídica temporada. Todavía con mucho que ofrecer, en la agencia libre firmó un suculento contrato (88×4) con los Houston Rockets de James Harden. Los problemas de lesiones comenzaron a pasar factura a un físico que ya no era tan diferencial, yéndose de Texas sin pena ni gloria.

 

Intentando renacer

Eso sí, si algo no se le puede criticar a Dwight Howard es su intención de ser recordado más como el gran jugador que fue en los Magic que como el pívot que es ahora. Irse a los Atlanta Hawks (el equipo de su estado natal) era una oportunidad que iba más allá de los deportivo. Pero el cuento de hadas, el querer convertirse en el hijo pródigo se convirtió en una pesadilla, perdiendo progresivamente importancia en los esquemas de Mike Budenholzer hasta los 26 minutos —y un promedio de 8 puntos y 10 rebotes— en la post-temporada.

De hecho, este traspaso ha llegado a buen puerto por el mismo motivo, pero esta vez no desde el lado del jugador, sino desde el de que fue uno de sus entrenadores (ayudante, concretamente) durante 6 temporadas y que se cree suficientemente cualificado para recuperarle: Steve Clifford.

Todavía hay esperanza en Dwight Howard, todavía esperan que sea capaz de ser una referencia en la pintura, aunque los aficionados parece que no lo tienen nada claro.

Los problemas de Dwight

De ser el líder indiscutible en la última lucha por un anillo en el 2009 a ser «casi regalado» para ganar unos 5 millones de espacio salarial. En ocho años, el valor de Howard en la NBA ha descendido de manera imparable hasta ahora, en su punto más bajo. La primera causa de esta bajada de su rendimiento ha sido un problema, bastante frecuente, con las lesiones desde el 2011, algo que para un jugador tan dependiente de su físico es un agravio realmente grave. Pese a seguir superando los 10 puntos y los 10 rebotes como promedio, sus números son «ficticios», su aportación en los esquemas ofensivos son casi nulos, dedicándose en capturar rebotes ofensivos y machar a la que tiene ocasión. En defensa la situación tampoco mejora, aparte de los rebotes y algún tapón (el último año estuvo ligeramente por encima del bloqueo por encuentro), no marca las diferencias como ancla defensivo. Cada temporada ha ido perdiendo protagonismo en el juego de su equipo, y eso en un jugador de su rol es algo inadmisible.

En segundo lugar, es evidente que su actitud con el paso de los años dejar mucho que desear. Muy lejos queda aquel joven, muy influido por sus padres, que llegó a la NBA sin creerse una estrella pese a que su llegada a los Magic significaba la marcha de Tracy McGrady. «No llego para sustituir a nadie, sino para ser un buen jugador y demostrar que puedo estar dentro de la NBA y en un futuro ayudar al máximo a mi equipo», esas palabras las dijo el propio Dwight Howard tras su elección en el Draft. Su ego crecía a medida que mejoraba su juego, teniendo problemas con su entrenador en Magic, con Bryant en los Lakers y, aunque esto no de manera tan abierta, con James Harden en los Rockets. Esto viene acompañado a una dudosa ética de trabajo desde que las cosas se pusieron complicadas.

Intentar aportar más para el equipo donde esté como jugador con un rol determinado y no intentar ser la estrella que, ahora mismo, ha dejado de ser debe ser el primer paso para que Howard recupere buenas sensaciones jugando al baloncesto y, así, parar el descenso a los infiernos en lo que se está convirtiendo su carrera.

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