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Opinión

Kevin Durant abraza con gusto el papel de villano

Lidera la liga en expulsiones (5) y es tercero en técnicas (14). KD se ha endurecido con los Warriors.

Kevin Durant lidera la NBA en expulsiones.

Kevin Durant lidera la NBA en expulsiones. / Foto: Guillermo Mayol (The Wing).

Los necesitamos aunque no queramos. Es la naturaleza humana. Lo blanco contra lo negro. La luz frente a la oscuridad. El Yin y el Yang. La cerveza sobre la ginebra de fresa. Los Celtics ante los Lakers. Todo se resume en la lucha del bien y el mal. Para que haya héroes, tienen que existir villanos. Siendo sinceros, la vida es menos aburrida con ellos. Hay quien es fácilmente identificable dentro de estos dos espectros, sin embargo, lo más interesante se encuentra en el medio. Aquellos que pululan por el claroscuro y van a un lado u otro según cómo venga el día.

Para aquellos que crean que el mal solo existe en el cine. Hay actores que se han forjado carreras de lo más exitosas interpretando casi siempre al malo de la función. El añorado Alan Rickman (‘Harry Potter’ y ‘La Jungla de Cristal’) o, por ir a ejemplos más recientes, los reivindicables Ben Mendelsohn (‘Rogue One’, ‘Bloodline’ y ‘Ready Player One’) y Mads Mikkelsen (‘Hannibal’, ‘Casino Royale’ y ‘Doctor Strange’), se han labrado una gran trayectoria a base de personajes en general odiosos. No obstante, cuando hablamos de villanos en mayúsculas a todos nos viene un rostro maquillado a la mente. El australiano Heath Ledger se atrevió a cruzar la línea y silenció a todos los críticos previos a su casting con una actuación memorable e irrepetible del Joker. Dejó de lado su faceta más habitual para convertirse en eterno.

Aunque no haya alcanzado aún tal cota, hay un jugador en la NBA que está recorriendo un camino bastante parecido. De ser el hijo perfecto que hizo llorar a medio mundo por las palabras hacia su madre tras recibir el premio a MVP, a ese alero que muchos esperan que fracase por venderse a la casta. La imagen de Kevin Durant dio un giro de 180 grados hace algo menos de dos años y tampoco ha puesto nada de su parte para revertir la situación. Desde luego, no es una obligación.

La estrella de los Golden State Warriors se convirtió en uno de los focos de odio más activos dentro del campeonato con una decisión que trastocó el panorama balonestístico contemporáneo. Ningún jugador de tal magnitud en su ‘prime‘ había optado por unirse a lo que ya era una dinastía reinante con solo una mancha (grande) en el historial. El conjunto de la Bahía venía de firmar el récord de mayor número de victorias en temporada regular y solo un gatillazo en las Finales ante los Cavaliers cuando lideraban la serie 3-1 osaba cuestionar su reinado. La incorporación de KD a un equipo ya de ensueño reforzó el palacete de los Warriors.

Desde que el natural de Maryland anunciara su decisión en ‘The Player’s Tribune‘ reventando internet por completo, los ataques y burlas hacia su figura se han convertido en práctica habitual. El linchamiento al que muchos acusaban de haber escogido la senda más sencilla —ni fidelidad hacia los Thunder, ni oportunidades para otros proyectos emergentes— para hacerse con su primer anillo no tuvo cuartel. Durant podría haber agachado la cabeza y dedicarse a dominar sobre la pista como siempre ha hecho. Por el contrario y de forma completamente comprensible, el alero de Golden State se ha endurecido dentro y fuera de la cancha.

 

El arte y el perjuicio de la protesta

Empezando por lo que ha convertido a Kevin Durant en una estrella global, hablemos de baloncesto. Decir que es uno de los mejores jugadores del planeta es una obviedad que no merece más comentario, pero a pocos días de finalizar la temporada regular, nos encontramos su nombre liderando una estadística algo particular. KD ha sido expulsado en un total de cinco ocasiones durante el presente curso; por encima de Serge Ibaka y su compañero Draymond Green con tres. Poco o nada hacia indicar que el ex de los Oklahoma City Thunder podría acabar en unas instancias de este tipo con un historial de una eliminación previa en toda su carrera.

Durant es un volcán al borde de la erupción y el estamento arbitral se ha convertido en el pueblo de Pompeya con una significante diferencia. Aquí los desvalidos habitantes pueden mandar la lava de vuelta a su origen con un simple sonido de silbato. Cuatro de sus expulsiones han llegado tras acaloradas protestas a los árbitros tras faltas que, bajo el criterio del jugador, tendrían que haber sido señaladas. Durant no es el único que ha cambiado tan actitud. El resto de jugadores de la liga esta más encima que nunca de los que mandan, y éstos parecen más irascibles ante cualquier cuestionamiento hacia su labor. Puede que el alero de los Warriors se haya excedido más de la cuenta, e incluso reconoció su error y pidió disculpas tras acabar expulsado en un encuentro ante los Knicks.

En la otra ocasión en la que tuvo que abandonar el partido antes de tiempo, Durant osó a enfrentarse a un sospechoso habitual. En un partido ya resuelto para los de la Bahía, KD tuvo un rifirrafe con un profesional en estas lindes, DeMarcus Cousins. Ambos jugadores acabaron enfilando el túnel de vestuarios siendo está la única vez en la que el foco de la ira del alero no vestía el uniforme arbitral.

Las expulsiones no han sido algo esporádico y puntual, ya que el ex de la Universidad de Texas también ocupa altas cotas en la lista de técnicas en contra. A día de hoy ya cuenta con catorce, solo por detrás de Green (otra vez; qué sorpresa) y Dwight Howard. El máximo histórico de su carrera todavía data del curso 13-14 con los Thunder, cuando recibió un total de quince, eso sí, sin ninguna expulsión. Quizás se había pasado por alto esta faceta por el mayor protagonismo de su ex compañero Russell Westbrook en el arte de la protesta.

 

Durant contra todos

Kevin Durant atiza a diestro y siniestro.

Kevin Durant atiza a diestro y siniestro. / Foto: Guillermo Mayol (The Wing)

El cambio principal en la actitud de Durant se encuentra lejos de las canchas. Aunque sus desencuentros disciplinarios durante los partidos llamen más la atención al gran público, el año de KD se está caracterizando también por titulares que no tienen mucho que ver con la práctica del baloncesto.

Su primer gran desliz llegó de la mano de las siempre peligrosas redes sociales tras un error de bulto. Hablar de uno mismo en tercer persona ya debería ser condenable, pero cuando además lo haces desde una cuenta secundaria y anónima todo se magnifica. Igualmente, si nadie te descubre no pasaría nada. El problema viene cuando se confunden los únicos pasos a seguir. Cuando Kevin Durant habla en tercera persona para defender a Kevin Durant desde la cuenta de Kevin Durant… la repercusión parece evidente.

Como no se sabe a ciencia cierta que esta práctica sea habitual entre sus compañeros de profesión y tampoco se conoce ningún desorden de personalidad previo, el jugador de los Warriors se dibujó una gran diana en la espalda que aún lleva a cuestas con resignación. Aquel fallo infantil descubrió a un KD agresivo en sus respuestas e incluso irrespetuoso a la mano que le había dado de comer hasta pocos meses atrás. Durant atizó a ciertos críticos con su salida dirección a Golden State y echó pestes sobre los Thunder y su cuerpo técnico ya de paso. Está feo.

Por acercar un ejemplo más reciente, su versión más retadora y chulesca volvió a salir a la palestra en el último podcast del periodista y CEO de ‘The Ringer‘ Bill Simmons. En el cuarto episodio de entrevista entre ambos protagonistas, Durant se pasó gran parte del tiempo criticando a los analistas —”Blog Boys“, repitió sin cesar— por ofrecer informaciones y opiniones sesgadas sin ni siquiera ver los partidos. El propio Simmons tuvo que defenderse en tono jocoso de tales acusaciones. KD puede saber más de baloncesto que cualquier periodista que se dedique a ello, no obstante, eso no le da derecho para cuestionar un trabajo que, en este caso, seguro que desconoce.

 


 

Poco o nada queda de la imagen de aquel jugador que enamoraba a cualquier aficionado en los Thunder. Me explico. Sus cualidades baloncestísticas no están en duda y verlo sobre la cancha sigue siendo un gran placer para el aficionado, pero el personaje que surgió tras la firma con los Warriors está devorando a ese alero admirado fueran cuales fueran los colores predilectos. Las actitudes chulescas no ayudan a que la percepción hacia Golden State cambie para aquellos que no aman a los Curry y compañía.

No hace tanto, LeBron era indudablemente el villano principal del universo NBA y todo grupo de héroes que pudiera evitar que se saliese con la suya era sacado en procesión cada verano. Ahora, cuando estos “salvadores” han reforzado tanto sus filas que la película acaba en media hora por aplastamiento al rival, como que la figura de James y sus Cavaliers da algo más de ternura. Y ya cuando alguien asoma fuera de esta ecuación la historia va para los Oscars. Kevin Durant ganó un MVP siendo un niño bueno, pero se ha hecho con un anillo de campeón convirtiéndose en un villano implacable. De momento, el Joker sigue feliz por el segundo camino.

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