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Detroit Pistons, ¿franquicia en peligro de extinción?

Un pabellón de más de 21.000 espectadores y, ante los Hornets, no ocuparon ni la mitad del aforo.

La nueva casa de los Detroit Pistons/CBS Detroit

Año nuevo, vida nueva… Y si se trata de los Detroit Pistons, esta temporada más que nunca. La franquicia entrenada por Stan Van Gundy no solo está ante una campaña clave en su proyecto, sino que renovaron ilusiones tras mudarse de su mítico The Palace of Auburn Hills a un espléndido Little Caesars Arena, un pabellón que ha costado más de 700 millones de dólares.

Con este panorama, lo más normal sería ver a la office haciendo un esfuerzo especial de cara a la noche inaugural, montando una verdadera fiesta que llamase la atención a toda la ciudad y que culminase con el partido ante los Charlotte Hornets —por poner un ejemplo cercano aunque de otro deporte, una celebración parecida a la del Atlético de Madrid en su primer partido en el Wanda Metropolitano—. Pero nada más lejos de la realidad, el radiante complejo, pese a la presencia y el mensaje motivador del rapero Eminem, tuvo un debut muy frío que ha seguido la dinámica de su predecesor. Con una capacidad aproximada para 21.000 espectadores, solo se ocuparon 9.528 asientos, dando una sensación triste y desoladora.

Cierto es que solo ha sido el primer partido, pero los precedentes no son buenos; los Detroit Pistons están en las últimas posiciones de la NBA en cuanto a presencia en su pabellón, desde hace varias décadas que la franquicia no ha conseguido enganchar a los habitantes del estado y su traslado al centro no parece ser la solución a unos problemas que… ¿podrían concluir en un traslado de ciudad?

 

De Auburn Hills a Detroit

La historia de los Pistons es, como poco, movida. La franquicia siempre se ha sentido muy unida a la ciudad que lleva en su pecho y sus habitantes respondieron siendo una de las aficiones más ruidosas de la liga. Pero Detroit comenzó a ser solo un nombre en el año 1977, cuando se mudaron a Auburn Hills, a 40 kilómetros del centro de la capital del estado. El cambio fue bien en términos deportivos (en The Palace ganaron sus tres campeonatos) pero comenzaron un camino hacia la desconexión con sus seguidores que se ha hecho visible poco a poco.

Auburn Hills no es Detroit, y nunca lo será. Eran muchas las voces que pedían de manera pública un regreso a la ciudad de Detroit, a sus orígenes. Pero ahora parece que la inversión y los esfuerzos no han sido suficiente para que, de momento, haya un cambio en la decisión de las personas de ver en directo o no a los Pistons.

Entonces… ¿Qué ha pasado en la capital del estado de Michigan para estar tan poco unida a una de las franquicias que siempre ha sido una imagen de ella misma? Pues, precisamente eso, que es la viva imagen de una ciudad abandonada.

Una ciudad rota

Cada vez hace más tiempo de los días de gloria de una Detroit poderosa. Su complejo industrial dedicado al automovilismo era la referencia no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Se dice que la clase media nació en esta ciudad, donde sus trabajadores tenían un salario mínimo que doblaba el que cobraran en cualquier otro lugar. La villa se adaptó totalmente a los coches, latía al ritmo de su motor. Pero el motor gripó, las fábricas comenzaron a modernizarse, a necesitar menos gente y, en muchos casos, a cerrar ante las ventajas de llevarla a otro país extranjero. Ante la falta de oportunidades, la gente se marchó y nadie ocupó su lugar. En su calles, llegaron a convivir 2 millones de personas; ¿ahora? unas 700.000 con un mal del que no consiguen librarse: la segregación.

Las personas de raza blanca se han ido a vivir a las fueras, mientras que el centro está ocupado mayoritariamente por gente de color. Hasta tal punto es que los vecinos de la periferia no quieren paradas de buses en sus barrios con tal de «evitar» que los negros puedan parar cerca de sus hogares. Muchas calles están vacíos, edificios abandonados y la financiación pública brilla por su ausencia. Aunque, todo hay que decirlo, en los últimos años está brotando la esperanza en algunos distritos con negocios modernos y renovados.

Esta división de Detroit puede ser el gran problema que estén sufriendo los Pistons. ¿Cuáles son los aficionados más aférrimos de los Detroit Pistons? Los blancos que llegaron a la ciudad en los 70 y 80 y se convirtieron en la clase media; ¿dónde estaba su pabellón? En una de las poblaciones de las afueras —y aun así ni estaban cerca de llenar el Palace—; ¿dónde está ahora su nuevo hogar? En esta nueva Detroit con un 82% de afroamericanos que, probablemente, se sienta más identificada con otros equipos de la NBA.

 

¿Unos Pistons sin Detroit?

Los Detroit Pistons pueden ser fácilmente una de las franquicias que más han representado a la ciudad en la que juegan. La franquicia se creó para respirar el mismo aire motorizado y por eso el pistons de su nombre. Tal vez solo los Celtics tienen una unión más fuerte con su ciudad. ¿El problema en este caso? Que ni los Detroit Pistons ni la misma Detroit son lo que eran y tan fuertes les había hecho a ambos.

Recuperar la inversión millonaria que han realizado los propietarios del equipo en el Litter Caesars Arena no será tarea sencilla, menos si no se llega a la mitad del aforo en la mayoría de los encuentros. Por eso, no podría ser descabellado que, en algún momento, valorasen seriamente salir de Detroit si no ven futuro en busca de alguna ciudad que les acoja con más entusiasmo. El problema aquí sería que, con la historia que tiene la franquicia y lo apasionados que son los —»pocos»— aficionados que van a los partidos, su traslado supondría un verdadero drama y recibiría tantas críticas o más que la de los Seattle Supersonics.

Ahora la pelota está en el tejado de los aficionados, que deben responder a la necesidad de su equipo de ver los asientos llenos en su propia casa. Sentirse más identificados con la franquicia y disfrutar de la mejor liga del mundo.

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