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La desigualdad económica amenaza con cambiar la NBA

Las franquicias en mercados pequeños podrían relocalizarse con motivo de la inestabilidad y la desigualdad económica.

NBA

Keith Allison (CC)

Todos los aficionados a la NBA sabemos lo complicado que resulta de entender el tema financiero que rodea al gran circo que es la mejor liga de baloncesto del mundo. Las ingentes cantidades de dinero que se mueven en partidos, contratos y patrocinios escapan a nuestra comprensión, por lo que nos resulta difícil prever algún cambio sustancial en la estructura de la competición, como un cambio de ciudad o una expansión de la liga que suponga la creación de nuevos equipos. Vamos a intentar explicar cuál es la situación actual y las consecuencias que podría tener a corto y medio plazo.

 

El límite salarial y el reparto de fondos

Todos tenemos en la memoria la locura que supuso la llegada del verano de 2016 con el aumento del límite salarial más grande de la historia, de 70 a 94 millones de dólares. El nuevo acuerdo televisivo marcó una nueva era en el apartado de contratos y fichajes, llegando a cifras nunca vistas. Este año, pese a que la subida no ha sido tanta como se esperaba, seguimos sorprendiéndonos con los números que se tratan en las distintas operaciones.

Para algunos equipos pequeños, ese contrato suponía un oasis de estabilidad financiera y una posibilidad de crecimiento. Solo fue un espejismo, ya que, a día de hoy, las cifras siguen siendo pésimas en muchos casos, lo que provoca que la diferencia entre los equipos más punteros en temas económicos y los más pobres sea abismal, creando una desigualdad que provoca emociones de muy distinto tipo entre los propietarios y que, en unos años, puede conllevar una decisión que cambie la liga, al menos su número de integrantes.

Como resumen de todo este caos, podemos decir que, de los 30 equipos, 14 acabaron la temporada 2016-2017 en negativo, con menos ingresos que gastos. Una parte de los beneficios de los equipos que acaban en positivo se reparten entre los equipos que están peor financieramente para evitar una mayor desigualdad, lo comúnmente conocido como “revenue sharing” o reparto de ingresos, siendo aportados por 10 equipos, de los cuales cuatro pusieron el 70% de los 201 millones de dólares que fueron pagados a 15 equipos. Los cinco equipos restantes ni dieron ni ganaron dinero en este proceso.

Los cuatro equipos que más repartieron sus beneficios son Chicago Bulls, New York Knicks, Los Angeles Lakers y Golden State Warriors, es decir, franquicias históricas que están en los tres mayores mercados y el equipo de moda, campeón de la NBA, que es el sexto mercado más grande de EE.UU. Sin duda, en la mayor parte de los casos, la situación geográfica de la franquicia importa a la hora de su fama y capacidad de atracción monetaria. Esto no siempre se cumple por otros factores, como es el caso de Brooklyn Nets o Washington Wizards.

Pese a que estos equipos aportaron una gran cantidad de dinero, nueve equipos siguieron en negativo tras el reparto, por diferentes motivos. Algunos equipos están en mercados pequeños y no atraen dinero, como Memphis, New Orleans o Milwaukee Bucks, además de no tener un equipo que haya cosechado éxitos los últimos años, como es el caso de Oklahoma City Thunder, ciudad pequeña con un equipo que tiene ganancias (esto no ocurre siempre, ya que San Antonio Spurs es un equipo en números negativos). Cleveland Cavaliers, vigente subcampeón, está en números rojos debido a los salarios y la tasa de lujo que debe acometer por ellos. La escasa subida de salarios para esta agencia libre con respecto a las proyecciones también ha puesto a muchos equipos por encima del límite salarial, con poca capacidad operativa en el mercado de fichajes y gastos inesperados.

No nos engañemos, la situación económica de estas franquicias no significa un retroceso de la NBA ni mucho menos, ya que el beneficio neto de la liga superó los 500 millones de dólares la temporada pasada y el valor de los equipos crece por minutos, como se demostró con la venta de los Houston Rockets por 2200 millones de dólares. El acuerdo colectivo dura hasta 2024 y acaba de empezar a ser operativo este pasado mes de julio, por lo que en este apartado no se vislumbran consecuencias apreciables a corto plazo. Eso sí, un tema candente es la posible vuelta de la NBA a Seattle, o cualquier expansión en general, un tema que podría volver a la mesa en caso de persistir esta zozobra económica.

 

Y el reparto llevaría a la relocalización

En las últimas reuniones de propietarios (la siguiente tendrá lugar en los próximos días) se ha comentado la posibilidad de la expansión y, pese a que Adam Silver asegure que no hay ningún plan a corto plazo, llegará un punto en el que sea inevitable. Algunos propietarios, molestos con tener que dar su dinero año tras año a otros equipos, proponen la relocalización de esas franquicias pequeñas a mercados más grandes. Otros cambios locales ya están teniendo lugar en el presente. Detroit cambia de estadio y se muda al centro de la ciudad. Golden State Warriors deja Oakland y se muda a la gran urbe cercana, San Francisco. Los Angeles Clippers también planean mudarse y dejar el Staples Center, que comparten con Los Angeles Lakers.

Ya analizamos las opciones más viables de expansión de la NBA, donde Seattle se presenta como la opción más factible por el hecho de que ya hubo una franquicia allí hasta hace nueve años y los aficionados piden constantemente volver a disfrutar del baloncesto en esa ciudad. Tampoco se descarta una nueva incursión en Canadá con la vuelta a Vancouver o el debut en México, montando una franquicia en la capital. Otras ciudades con categoría y ganas de acoger un equipo son Kansas City o Las Vegas, opciones muy válidas en caso de decidirse por la expansión.

Seattle es una gran opción de expansión por los motivos de la experiencia y la fiabilidad, aunque suman otros factores importantes. Se ha aprobado la renovación del KeyArena, un estadio de 55 años de antigüedad, con un cheque de 564 millones de dólares para dar acogida a 19.000 fanáticos del baloncesto, además de los partidos de hockey sobre hielo y conciertos. El proyecto estaría terminado en 2020, que sería un momento en el que, de seguir así la situación financiera de la liga, se estaría hablando de una expansión con más fuerza, si es que no se habrá decidido ya, aunque es un proceso complicado, no cabe duda.

En relación al tema tratado, Seattle es el segundo mayor mercado de Estados Unidos sin franquicia NBA, solo superado por el área metropolitana de Tampa Bay, en Florida, que tiene tres equipos en las grandes ligas deportivas norteamericanas. Sin duda, la entrada en la liga de una franquicia situada en Seattle supondría una inyección económica importante, con más ingresos para la NBA y menor necesidad del reparto de ingresos que puede acabar trayendo problemas si la situación actual se mantiene.

En caso de no expandirse, puede que alguno de los equipos con menor mercado que reciben constantemente dinero en el reparto de ingresos estuviese interesado en moverse a una de las ciudades mencionadas como posibles nuevas sedes. Estamos hablando de casos como Memphis Grizzlies, Indiana Pacers o Milwaukee Bucks, cuyos propietarios puede que vieran con buenos ojos una relocalización del equipo en caso de cambiarse las leyes en las próximas reuniones de propietarios, sabiendo que solo se necesitan 16 de 30 votos para cambiar este sistema de revenue sharing.

 


 

Como decíamos, todo este asunto es verdaderamente complicado de entender y no alcanzamos a ver la magnitud que podrían tener las decisiones que se tomen, pero no nos extrañemos ni nos llevemos las manos a la cabeza cuando, en pocos años, veamos a un equipo cambiando de ciudad o una nueva franquicia incorporándose a la mejor liga del mundo.

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