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NBA

DeMar DeRozan y enamorarse por segunda vez

Comienza su etapa en Spurs con los mejores números de su carrera. La mano de Popovich, clave.

demar derozan Toronto Raptors

Keith Allison (CC) (modificado por Alex Güell)

El verano apuraba su comienzo de aquel año 2009. El primero de Barack Obama en la Casa Blanca, el año del adiós de Michael Jackson y del récord del mundo en los 100 metros lisos de Usain Bolt. El año en el que, también, se fraguó una de las mejores historias de amor de los últimos años: la de DeMar DeRozan y los Toronto Raptors.

En la novena posición del Draft de la NBA se conocieron, y en la novena temporada se despidieron para siempre. DeRozan, que se había convertido en un icono de la ciudad y de la historia baloncestística de Toronto, abandonaba la que había sido su casa durante toda su vida profesional, en una de esas rupturas que nadie espera y que sorprende por ambas partes. Pero, como en la vida, nada es para siempre. Y en la NBA, menos. El alero pone rumbo a San Antonio Spurs, una franquicia que sale de un amor tóxico, que se lamenta por la marcha de sus pesos pesados en el vestuario. Un lugar falto de cariño, un lugar donde lamerse las heridas.

Allí encontró a Gregg Popovich, ese entrenador que es amigo y hace de padre. Esa persona con la que refugiarte en los momentos de oscuridad, y con la que apoyarte para coger más impulso al levantarte. Y así ha sido. Ha nacido un nuevo amor para DeRozan, esta vez en Texas. Dos perfiles dañados, sorprendidos y decepcionados. Dos iguales que buscan un objetivo común: triunfar.

Popovich, el mejor entrenador para DeRozan

Guillermo Mayol (The Wing)

Un clavo saca a otro clavo

Como todos los principios, el flechazo da fuerzas para todo lo demás. Tras la ruptura en Canadá, la situación le deprimió y motivó a partes iguales. Hoy en día, la química brota, las sonrisas son interminables y el pensamiento de “aquí es donde debo estar” se pasea varias veces al día por la cabeza. Tras 6 partidos oficiales, ese flechazo sigue bien latente. Spurs y el bueno de DeMar se necesitan mutuamente ahora mismo, y así se plasma en la cancha. Con 4-2 de balance en uno de los comienzos de NBA más disputados que se recuerdan (Rockets 1-5, Wizards 1-6) los tejanos comienzan a creer de verdad que la pócima del éxito eterno sigue haciendo efecto y que los de San Antonio volverán a ser competitivos un año más. A pesar de las bajas, de los dolorosos adiós, de las lesiones inesperadas y de los problemas para cubrir posiciones, ahí siguen los Spurs. Ahí sigue Popovich. Y aquí está DeMar DeRozan.

El legendario entrenador ha sabido sacar de su nueva estrella los mejores números de su carrera, su mejor cara, la de verdadero líder. Durante estos primeros encuentros, el ex de Toronto promedia 28 puntos, 7.3 asistencias y 5.7 rebotes por noche. Todos los mejores de su carrera. Popovich ha convertido a su pupilo en un jugador total, alguien que parecía haber demostrado todo su potencial en los Raptors, donde ya se había consagrado como estrella. Pops ha vuelto a hacer lo que mejor sabe, hacer mejores a sus jugadores. Y esta vez, aunque pareciera complicado, ha tenido éxito. Para DeRozan, un nuevo escenario que le está permitiendo brillar en todas las facetas del juego, no solo las puramente anotadoras como nos tenía acostumbrados. Ahora, el alero es el principal distribuidor del equipo la plaga de lesiones también influye-, máximo asistente y ha mejorado en el rebote. Como cuando te enamoras por segunda vez, que sabes lo que quieres pero sabes muy bien lo que no. Quieres algo nuevo, algo que estimule de verdad. Algo que te haga ser mejor.

Gregg Popovich entregó las llaves de su franquicia a un jugador que ha respondido a las mil maravillas. Promediando 5 lanzamientos más que el año pasado, DeRozan mejora su porcentaje, el mejor de su carrera desde su año rookie, donde apena lanzaba 7 veces por partido. A su lado, jugadores que confían en él y en la labor de su entrenador, profesionales que se desenvuelven de manera ideal como complementos y que tienden la mano a su nueva estrella.

Como principal escudero, uno de los más talentosos de la liga en el poste, LaMarcus Aldridge. El ex de Portland Trail Blazers está en 20 puntos y 10 rebotes por partido, sin apenas notar la libertad en ataque de su nuevo socio (DeRozan registra un 31% de uso ofensivo, el mayor de su carrera). La franquicia funciona al ritmo que marca el alero y él sigue haciendo esos numerazos. Pocos escuderos mejor que él en esta liga. Se está fraguando, en estos primeros compases de temporada, uno de los mejores dúos de la liga. Spurs, que parecía que estarían perdidos tras el adiós de Kawhi Leonard, han resucitado de la mejor manera y con madera para competir en el salvaje Oeste.

DeRozan: ¿candidato al MVP?


DeMar DeRozan siempre ha estado entre la élite de la liga, pero esa élite cuya mayor consagración sería la de ser All Star, líder en alguna estadística del juego, etc. Pero siempre se ha mantenido un escalón por debajo de los verdaderos reyes de esta liga, los candidatos a todo, individual y colectivamente. Si el alero sigue así y su equipo consigue afianzarse en puestos de postemporada, estaríamos ante la evolución que le permitiría sentarse en la misma mesa de LeBron, Curry, el propio Kawhi, Durant o Anthony Davis.

Por números, se equipararía a estas estrellas sin ninguna duda, pero el ecosistema que rodea al jugador es el que le afianzaría a formar parte de este elenco. Una estrella que se convirtió en leyenda en Canadá, que es desterrado sin previo aviso, mostrando su mejor cara ante toda la NBA con todo en contra, la alargada sombra de Leonard incluida.

 


 

La relación entre el jugador y la franquicia es un amor que se acaba de fraguar, pero es un amor que ilusiona. A unos y a otros. A técnicos y aficionados del equipo, y sobre todo a una comunidad NBA que ve como dos figuras estimadas consiguen un objetivo común. Por un lado, Gregg Popovich, que se enfrentaba a una temporada muy complicada ante la marcha de Parker y Ginóbili entre otros, y ante el traspaso inminente de su ex estrella. Por otro lado, un DeMar DeRozan al que le arrebataron el sueño de retirarse en Canadá y ahora encuentra un nuevo hogar que le mima y le valora, y que de momento saca su mejor versión.

No sabemos cómo acabará esto, si serán felices y comerán perdices, pero lo que sí podemos comprobar es que al alero le gusta su equipo, y a su equipo le encanta él. Por el momento, solo nos queda disfrutar de esta fantástica versión del jugador, pero con la sabiduría de que todo lo bueno se puede acabar. Como quien se enamora por segunda vez.

 

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