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Opinión

Danny Ainge: de Pierce y Garnett, a Irving y Hayward

Pensar y ejecutar en función de la óptima situación. Eso, y la falta de corazón, caracterizan a Danny Ainge.

DGA Productions (CC) (modificado por Alex Güell)

La situación era insostenible. La franquicia más laureada de todos los tiempos veía como a inicios de siglo el eterno rival amenazaba su posición dominante. Esa situación de haber sido siempre el equipo superior se desvanecía con el paso de los años. Y la última década era para echarse a llorar. Hasta que llegó él.

El 9 de mayo de 2003 los Boston Celtics anunciaban la que con el tiempo se comprobaría como una de sus mejores decisiones: elegir a Danny Ainge como el hombre para reconducir el rumbo de los verdes. Una nave acorazada que no sabía cómo ingeniarselas para volver a destrozar enemigos. A volver a coleccionar anillos como si de cromos se tratase para un niño. Hasta que llegó Danny Ainge.

Paul Pierce y Antoine Walker eran los únicos que se salvaban de aquellos Celtics. Una pareja que levantaba el Garden entero noche tras noche. Una pareja cuyo futuro parecía dejarles sin anillo si seguían vistiendo la elástica verde. Por aquel entonces el equipo era un fijo en los Playoffs, pero los 17 años de sequía, casi dos décadas sin levantar el Larry O’Brien, pesaban demasiado. Más todavía cuando estás en los Boston Celtics.

Así Ainge comenzó la reconstrucción. Por aquel entonces nadie lo sabía, ni siquiera la directiva de la franquicia. Habían contratado un ejecutivo sin escrúpulos. Uno de los que no piensa con el corazón, de los que dirige con el cerebro. Decisiones y planes calculados al milímetro. Sangre fría. Justo lo que necesita un «General Manager» en la NBA actual.

 

De la nada, un buque insignia

Los años pasaron y los movimientos de Ainge no llamaban la atención. De hecho no generaban expectación, más bien lo contrario. En su primera temporada al completo traspasó a Walker, ídolo de masas, dejando completamente solo a Paul Pierce. Una figura acostumbrada al ostracismo pese a los logros conseguidos.

En 2006 la situación no era mejor que antes de la llegada de «Heartlessly» Ainge. Las lesiones se cruzaron en el camino de Pierce y los Celtics caían de la postemporada. Se hablaba, incluso, de una más que posible salida del 34. Muchos aficionados veían cómo la ilusión recuperada en los últimos años se hundía de nuevo. El mar parecía tragarse otra década de Boston para escupirla después hecha jirones.

Pero no con Ainge. Con él no.

Acumuló activos durante años de traspasos en la sombra. Movimientos multitudinarios, incluso uno que involucró cinco franquicias en 2005. Y realizó su jugada maestra. Entre el 27 y el 31 de julio de 2007 creó un monstruo. Una máquina que por condiciones podía avasallar la Conferencia Este desde ese mismo instante.

Jeff Green, Al Jefferson, Wally Szczerbiak, Gerald Green, Theo Ratliff, Delonte West, Sebastian Telfair, dos primeras rondas de 2009 (Jonny Flynn y Wayne Ellington) y una segunda de 2008 (Trent Plaisted) salieron de Massachusetts. ¿El resultado? De sobra conocido. Kevin Garnett y Ray Allen – más Glen Davis -.

 

Usar de carnaza a los campeones

Doc Rivers dirigió el primer proyecto campeón de Ainge en Boston. Pierce, Garnett, Allen y Rondo fueron un pulmón de aire fresco para las vitrinas llenas de telarañas de los Celtics. Un proyecto de ingeniería inmediata que triunfó gracias al entendimiento y la química que mostraron los jugadores desde el primer entrenamiento. Como ellos mismos dijeron, parecía que llevasen jugando juntos toda su vida.

Si aquella unión no trajo más alegrías en pista a los seguidores verdes fue por la mala suerte. Esa fortuna que parece acompañar todo proyecto céltico que amenaza con tocar el cielo del baloncesto. Aunque estos lo hicieron, no pudieron repetirlo. Las lesiones y un tal LeBron James, en uno de los picos de su carrera, se lo impidieron.

Ya sin Allen, compañero de LeBron – y traidor para los Celtics -, solo quedaban Pierce y Garnett. El espíritu y el corazón de aquel proyecto se apagaban. Ambos terminaban contrato en 2014, con 35 y 36 años respectivamente. Pero el tiempo no perdona y Ainge menos. No dejó pasar la oportunidad.

Los Brooklyn Nets, sedientos de gloria y viciados de orgullo, con Mikhail Prokhorov como máximo exponente, cayeron en la trampa. Y de nuevo Ainge mostró su lado más frío e inteligente, como bien se demuestra hoy en día: Pierce, Garnett, Jason Terry, D.J. White, una primera ronda de 2017 (Kyle Kuzma) y una segunda de 2017 (Aleksandar Vezenkov) viajan a Nueva York. En retorno, Keith Bogans, MarShon Brooks, Kris Humphries, Kris Joseph, Gerald Wallace, una primera ronda de 2014 (James Young), una primera de 2016 (Jaylen Brown), una primera de 2017 (Markelle Fultz) y una primera de 2018 llegaban a Boston.

 

La cuenta atrás para Las Finales

Mismo patrón, plan similar y ejecución perfecta. Los Celtics parecen obligados a repetir éxito, aunque los rivales se antojan más superiores que antaño. Tan solo cuatro años ha tardado Ainge en llevar a cabo su estrategia, cinco si contamos el nuevo curso. Y no es el volver a Playoffs, objetivo de otros tantos proyectos en reconstrucción.

El objetivo de los Celtics, cuatro años después de desmantelarse, es volver al cielo.

La cuentra atrás para Las Finales verdes se presiente inevitable. Más juventud y activos que antaño, un roster plagado de talento y proyección y un entrenador que apunta a leyenda. Danny Ainge vuelve a seguir la misma receta. Parece prescripción médica. Una rutina instalada en lo más profundo de este ser. Una máquina ambiciosa con el único hábito del resultado. Los corazones visten menos anillos que el talento, el dogma de Danny.

Desde el atraco al ruso, los Celtics se han movido una veintena de veces en traspasos. El último, de sobra conocido. Pero el «blockbuster trade» de Kyrie Irving tiene antecedentes. Cinco, para ser más precisos, destacan por encima del resto. Cinco traspasos que culminan una reconstrucción y cuestionan el más mínimo intento de tanking.

 

1.- Deshacerse del último guerrero de 2008

En diciembre de 2014 la referencia de los Celtics era obvia. Rajon Rondo se alzaba como único bastión de la fortaleza que eran los verdes poco tiempo atrás. El base, élite de la liga, terminaba contrato y Ainge tenía que moverse. Acordó enviar a Rondo a los Dallas Mavericks, a los que muchso veían candidatos, para sacar otro as de la manga.

Dwight Powell acompañaba a Rajon, mientras que Jameer Nelson, Brandan Wright, una primera ronda de 2016 (Guerschon Yabusele) y una segunda de 2016 (Demetrius Jackson) iban a Boston. ¿La esencia secreta del traspaso? Jae Crowder. Clave en la futura llegada de Kyrie Irving. Valor imposible de pagar con su bajo contrato.

 

2.- Aprovechar la oportunidad

El contexto es fundamental. Explotar tus opciones es algo que Danny Ainge ha hecho (y sigue haciendo) como muy pocos en esta liga. Es el caso de el siguiente traspaso. Uno que parecía menor, pero que a la larga fue primordial para coronar el proyecto.

Los Cavs ya sabían que LeBron quería volver a Ohio. Había un impedimento para el retorno del rey, el margen salarial. Desde Cleveland necesitaban equipos que absorbiesen salarios y, como no, Ainge apareció sonriendo en la puerta. Se comieron los contratos de Marcus Thornton y Tyler Zeller para conseguir una primera ronda de 2016 (Skal Labissiere) que se convertirían en el protagonista del siguiente traspaso.

 

3.- En el momento preciso

Hablamos de trama y momento, de emplear tus activos de forma óptima. Ainge es el maestro. La buena relación que mantiene con Ryan McDonough, GM de los Phoenix Suns, le sirvió para, en el último suspiro del mercado de 2015, obtener la referencia ofensiva necesaria para la postemporada.

Isaiah Thomas desembarcó en Boston porque en Phoenix no le veían como buena pareja con Eric Bledsoe. McDonough quería «quitárselo de encima». Pecado de novato, movimiento maestro de perro viejo. Thornton y el pick de 2016 del anterior trade, junto a Tayshaun Prince, dejaban el Garden. Thomas, puntal indispensable dadas las carencias del equipo, llegaba junto con Gigi Datome y Jonas Jerebko. De diez.

 

4.- Su primera elección a toda costa

La prensa, los aficionados y el mundo de la NBA estaba convencido: Markelle Fultz sería el número uno del Draft. Y así fue, pero no con el equipo esperado. A los Celtics solo les faltaba gritar que Fultz era su elección. De nuevo, una maniobra de Ainge.

Fultz no convenció como el base con el que pretende ganar el anillo. El sucesor de Isaiah Thomas. Así el bueno de Danny creó un contexto en el que todos estábamos convencidos de la elección de Fultz por los verdes. Todo para vender el pick a los Sixers, sacar una primera elección extra y elegir a su verdadero número uno: Jayson Tatum.

 

5.- Adios, soldado Bradley

El verano comenzó a ser doloroso para Boston con este movimiento. El jugador que más tiempo llevaba en la plantilla, con una progresión que nadie esperaba y un rendimiento infravalorado en ambos lados de la cancha. Pero Avery Bradley era una de las piezas a sacrificar. La primera de tres que romperían el corazón de los aficionados.

Bradley termina contrato el próximo verano y dado su rendimiento, más la mejora que suponemos en Detroit, su próximo salario será muy elevado. Un salario que los Celtics no pueden asumir para mantener el bloque. A cambio, un jugador de rol que encaja como Marcus Morris.

¿Lo más sorprendente del traspaso? La segunda ronda en dirección Míchigan. Ainge soltó uno de sus amados assets.

 

El traspaso

Kyrie Irving

Keith Allison (CC)

No se puede llamar de otra forma a lo ocurrido. El traspaso. Nunca en la NBA hemos visto un movimiento así. Dos bases referencia de la liga, de dos conjuntos que se enfrentaron en las últimas Finales de Conferencia y tras el que ambos salen reforados. Un «win-to-win».

¿Y quién no ha escuchado, leído o visto podcast, artículos o informes sobre el trade? No se olvidan traspasos así. Y en The Wing aportamos nuestra particular visión. De cómo Ainge encuentra en Kyrie Irving la pieza final del proyecto y cómo los Cavs se reorganizan para la era post Kyrie. Y quién sabe si para la era post LeBron.

 


 

Y así Danny Ainge termina la reconstrucción. Un ejemplo para el resto de ejecutivos de la NBA actual. La forma de actuar con un plan perfectamente pensado y ejecutado. Analizar con el cerebro lo mejor para el equipo, dejar los sentimientos a un lado y congelar el cozarón. Eso necesita un ejecutivo en la NBA moderna.

Todo esto convierte a Ainge en un modelo a seguir. Porque los sentimientos no levantan títulos. Las grandes plantillas, si.

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