Conecta con nosotros

NBA

Las claves de la remontada de los Houston Rockets

Los Rockets necesitan empezar a ganar ya si no quieren que los Warriors rompan la sierie antes de tiempo.

kevin durant

Pablo Espinosa (The Wing)

El primer asalto entre Golden State Warriors y Houston Rockets ha estado a la altura de lo que el público esperaba. No me refiero al nivel ofensivo, que va y viene, sino al del resto de componentes que hacen que esta serie sea mágica y que, al mismo tiempo, también harán que lamentemos que se esté dando en tiempo de semifinales de conferencia: dos estructuras trabajadísimas, muchísima solidaridad entre los compañeros, la cultura del switch it all elevada al máximo exponente y, sobre todo, polémica. Mucha polémica.

El 2-0 favorable a los Warriors es el primer episodio de una serie que nos regalará muchísimos giros de guión y que, a buen seguro, se decidirá por pequeños detalles. No falta talento en ninguno de los equipos, cierto, pero tampoco faltan alternativas para limitarlo ni recursos desde los banquillos para añadir matices a cada situación. El Warriors vs Rockets es la serie entre los dos mejores equipos del oeste y, quizás, la serie que puede adelantarnos el nombre de la franquicia saldrá desde la pole en la lucha por el anillo.

 

Harden, el límite de lo legal y el juego al límite. Dos errores no hacen un acierto

La temporada de James Harden, además de ser histórica, ha servido para encender la mecha de un debate que pone el foco en un aspecto tan necesario como impreciso de tratar: la gestión arbitral de su manera de jugar. Lo que todos pretendemos en un partido de cualquier deporte es simple de averiguar: si es falta, que se pite; si no lo es, «sigan, sigan».

El problema es que vivimos en una sociedad imperfecta donde incluso las ligas mejor planificadas están sujetas a los errores humanos y que estos errores humanos, por desgracia, se repiten con demasiada frecuencia. La Barba, en el primer partido, lanzó 14 tiros libres (y anotó 13), pero no recibió el trato que solía recibir y estuvo sometido permanentemente a la estrategia defensiva que rozaba el límite de la legalidad planteada por Steve Kerr y ejecutada por un Klay Thompson más perro de presa que nunca.

Es tan lícito defender que este tipo de acciones son falta como que los Rockets, y su estrella más concretamente, son un equipo que apuesta por llevar el reglamento al límite y que busca exprimir al máximo sus tiros. Esto ha llevado siempre a decisiones (como mínimo) polémicas y muy susceptibles de error. Lo que no debemos olvidar, sin embargo, es que si esta es la alternativa para frenar los tiros de Harden, teniendo en cuenta la forma y mecánica de La Barba, podemos tener un disgusto.

En el segundo partido vimos que los jugadores fueron mucho más pacientes con los árbitros. Si había acciones dudosas, en lugar de quejarse notoriamente, apostaban por la introspección. CP3 evitó llevarse alguna técnica y las dos únicas que hubo en todo el partido, fruto de una disputa entre Nené y Draymond Green, fueron tan residuales que ya han sido impugnadas. Sin (tanta) incidencia arbitral, pudimos centrarnos más en el juego. Y lo pasamos mejor.

 

El switch it all y los Iso’s contra Curry y Harden. La pizarra también juega

Los Warriors, debido al planteamiento de los Rockets, están teniendo que aprender a convivir con un Stephen Curry cargado de faltas y sometido a muchas situaciones de urgencia defensiva. Houston busca a Stephen y, cuando no le encuentra, utiliza el pick and roll entre exteriores para generar los uno contra uno contra el genio de los de Kerr.

Mientras los técnicos de Warriors no encuentren la solución, evidentemente, el base deberá amoldarse a las circunstancias. Recientemente hemos visto como Kerr empareja a Curry con algún alero, que en teoría debería subir a hacer un bloqueo si siguiese al pie de la letra las consignas de MDA, para alejar a su estrella del backcourt de Houston. El problema es el de siempre: los playoff son un juego de desajustes y nadie es imposible de localizar. En favor de Curry, sin embargo, debemos decir que está haciendo una serie descomunal en defensa a pesar de todos los impedimentos físicos y tácticos que se está encontrando. Siguiente.

Al igual que ocurrió la temporada pasada en la eliminatoria contra los propios Warriors, los Rockets y Jeff Bzdelik basan su defensa en confiar ciegamente en las aptitudes defensivas de cada uno de sus jugadores. Dicho automatismo exige concentración, mucha fortaleza y capacidad para sobrevivir a los desajustes que se puedan generar. El equipo de Mike D’Antoni ha conseguido sacar lo mejor de cada uno en este ámbito, pero la táctica tiene algunas lagunas considerables:

La estadística refleja un 2/7, pero la defensa de Harden a Durant está condenada al fracaso: Durant sufrió para anotar en el poste bajo puesto que el tren inferior de Harden es muy potente, mete manos y está a la altura de la intensidad que requiere una fase final, pero fue este mismo emparejamiento el que protagonizó uno de los momentos decisivos del partido cuando un par de canastas típicas del 35 de los Warriors elevándose desde la media distancia sentenciaron el duelo. Houston, a pesar de su filosofía, sólo ha sabido hacer una vez el cambio de asignación en una jugada así, y fue en una que causó que KD se quedase con Nené. Aún peor.

Este desajuste (otro), que deja a Curry (uno de los jugadores exteriores más desequilibrantes del momento) con Nené Hilario (un pívot que roza los 40 años y que no destaca por su resistencia ante los desajustes), es el que decide el primer partido. Mike D’Antoni y el su staff, para variar, murieron convencidos de la estrategia que habían adoptado y que los jugadores habían aceptado. Mike necesita dinamismo si quiere potenciar aún más su apuesta actual, y para lograrlo dispone de dos nombres en la recámara: Iman Shumpert y Austin Rivers.

 

¿Small ball con Iman Shumpert?

Los Warriors son mucho más peligrosos (mejor dicho: son los Warriors en su máxima expresión) cuando alinean el quinteto pequeño que les ha llevado tantas y tantas veces al éxito: Stephen Curry, Klay Thompson, Kevin Durant, Draymond Green y Andre Iguodala no son sólo un conjunto temible en ataque sino que también son capaces de fomentar y sostener sus victorias desde la capacidad defensiva.

La serie de Shumpert, en términos de tiro exterior y comunicación con los compañeros, es bastante mala. Los Rockets necesitan que aporte su versatilidad y que se sume a la causa del equipo, ya que si lo hace la rotación será más profunda y más agresiva. Quien ya está sumando es Austin Rivers: sus minutos, coincidiendo con la ausencia de Harden y con CP3 descansando, estuvieron llenos de sentido común y de acierto. Anotó, repartió juego y estuvo bien en defensa. Justo lo que necesitan de él.

Especialmente cuando jueguen contra los Hampton 5, los Rockets deberían plantearse prescindir del interior y buscar jugadores aptos para hacer cambios de asignación con rapidez e igualdad de condiciones. Si Tucker juega más minutos de falso center y el resto de compañeros se mentalizan de la exigencia que implica una estrategia así, será más fácil plasmar la idea de juego del técnico.

El primer (y principal) obstáculo con el que se ha encontrado Houston en esta serie es tan duro como previsible: Faried no puede jugar contra estos Warriors. El ex de Denver es muy enérgico, pero no deja de ser un agujero en defensa y sufre en ataque porque los Rockets están jugando menos pick and roll que nunca. No es una serie para él.

 

La lucha por el rebote

La serie está marcada por varios condicionantes, pero uno de los más determinantes es que Rockets y Warriors se conocen a la perfección. En el bando de Rockets, la temporada pasada ya vimos lo que aportaban las segundas oportunidades: cuando Capela y Tucker dominaban la zona, ellos eran mejores. Este año, en parte por la concentración de GSW, el porcentaje de rebote ofensivo es menor de lo que querrían. El problema, sin embargo, lo tienen en el otro aro.

Capela, el eje sobre el cual gira la defensa de Houston, no está encontrando su lugar en la cancha. Es muy difícil jugar contra un bloque tan trabajado como los Warriors cuando el mejor defensor de tu equipo está fuera de su rango de influencia, y eso es lo que le pasa al conjunto de Mike D’Antoni. Esto implica, más allá de los desajustes, que no haya ninguna presencia imperante bajo el aro que pueda luchar los rebotes y que Warriors, que cuentan con jugadores como Durant (cuerpo parecido al de Capela), puedan atacar con total libertad el rebote frontalmente (súmale a esto que los rebotes largos les sonríen).

Los Rockets, en el game 2, entre pérdidas y segundas oportunidades, concedieron más de 30 puntos a los Warriors de manera relativamente sencilla. Y como se puede imaginar, cuando compites contra el mejor equipo del mundo, este tipo de concesiones suelen ser letales.

 

El acierto de las estrellas

Es el factor diferencial en cualquier eliminatoria de una fase final de la NBA. Puedes tener sistema, entrenador e incluso un público comprometido, pero necesitas talento si quieres competir hasta el final y tener opciones serias de ganar. Houston cuenta con Harden, con CP3 y con una legión de jugadores de rol que se caracterizan por ser muy eficientes. Golden State cuenta con una constelación entera.

La batalla del talento, de momento, la gana Golden State. Sin que nadie esté especialmente acertado, la subida de nivel de Draymond Green (catalizador elemental), la interpretación de los espacios de Klay Thompson, la experiencia y el tono de Iggy (lidera la fase final en número de mates) y el instinto asesino que aparece por fases de Durant o Curry (más intermitente que el 35) están siendo suficiente para ganar los partidos (victorias fundamentadas en la defensa, evidentemente). En cambio, los Rockets sufren.

Más allá de la nula producción que están obteniendo en el p&r, el balance negativo de los minutos de Capela o la poca incidencia de CP3, el problema de los Rockets es lo que ocurre con Harden: en el primer partido estuvo muy desacertado; en el segundo recibió un golpe en el ojo y tuvo que ajustar su juego a las ayudas cortas y largas de los Warriors. Agota alguna posesión, pierde balones y, lo que más preocupa, genera 0’42 puntos por posesión siendo el hombre con más porcentaje de uso. Intuimos, sin embargo, que es algo transitorio (tendrá su momento en breve).

Harden necesita que algún jugador asuma una parte de sus responsabilidades. Debe empezar a ganar la posición sin balón (pasar bloqueo/s, hacer que Curry le persiga, estar en el lado débil…) y encontrar socios (Chris Paul) que puedan encargarse del primer pase y de la organización ofensiva con plenas garantías. Está cansado físicamente, como todo el mundo, pero sobre todo mentalmente. Y cualquier estrella necesita ayuda por extraordinario que su rendimiento sea.

 


 

Los Rockets no han podido robar el factor cancha y vuelven a Texas con un 2-0 y sintiendo en sus propias carnes la necesidad de dejar de fallar en la materialización de las victorias. Están más cerca de lo que parece y desprenden la sensación de tener mucho margen de mejora, pero deben corregir urgentemente los errores que hemos comentado y saber que una victoria de los Warriors en los próximos dos partidos podría ser una sentencia anticipada. Y deben tener presente que, como se suele decir en estos casos, una serie de playoff no comienza hasta que uno de los equipos gana un partido fuera de casa.

Comentarios

Más en NBA

El mejor baloncesto NBA en tu correo

El mejor baloncesto NBA en tu correo

No te pierdas nada con nuestra newsletter semanal

¡Muchas gracias por suscribirte! ¡Preparáte!

Shares
Share This