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Chicago Bulls y el dilema de Zach LaVine

La pequeña muestra del escolta no ha estado siendo tan satisfactoria como se esperaba

zach lavine

Zach LaVine no rinde como se esperaba , ¿está su futuro en Chicago asegurado? Guillermo Mayol (The Wing)

Algo que en un principio no pareció un movimiento demasiado positivo para Chicago Bulls, acabó dejando dos jugadores, Kris Dunn y Lauri Markkanen, que rápidamente lograron hacer crecer las esperanzas de la afición. El retorno de Zach LaVine se convirtió seguidamente en la principal atracción para muchos, aunque las cosas no han acabado de funcionar como se esperaban.

Si bien es cierto que la muestra de juego ofrecida por el escolta es demasiado reducida como para extraer conclusiones preocupantes, existen múltiples puntos de análisis que poder tratar de manera razonable. Y es que a pesar de que la condición física de LaVine no parece haber sufrido el más mínimo paso atrás incluso tras la dura lesión que se vio obligado a superar, ha demostrado tener muchos puntos de juego sobre los que necesita trabajar encarecidamente.

 

Condicionamiento defensivo

Nunca fue un secreto que si Zach LaVine contaba con un punto débil en su juego ese era indudablemente su capacidad para responder en el costado defensivo. A pesar de que cuenta con buenas condiciones para realizar una positiva labor defensiva en situaciones de uno contra uno, colectivamente se le ha podido ver perdido en múltiples ocasiones.

Lógicamente, esto iba a tener un impacto negativo en el equipo, pero el alcance es tal que cuenta con el peor deffensive rating de todo Chicago Bulls. Sin necesidad siquiera de realizar una selección por minutos, observamos cómo en promedio los de Fred Hoiberg encajan 114.8 puntos cada 100 posesiones con LaVine en pista, lo que supone 7.7 más del valor estándar del equipo.

Por si este dato no fuera suficiente, NBA Stats muestra también que la presencia del escolta permite el mayor porcentaje de acierto rival tanto en tiros de campo como en tiros de tres puntos. De hecho, es su presencia la única en todo el conjunto la que permite un acierto superior al 50% en los mencionados tiros de campo, un dato que extendido a nivel de liga teniendo en cuenta mínimos de 20 partidos disputados con 25 minutos por encuentro, le otorgan también la peor marca de la competición.

No obstante, por muy terrible que sea la defensa, si el ataque del equipo se viera ampliamente beneficiado podríamos justificar esto en cierto medida (que nunca del todo). Las malas noticias son que Zach LaVine tampoco está logrando convencer en este apartado.

 

Impreciso y equívoco en ataque

Posiblemente este apartado sea el que más decepciones ha procurado tras el retorno de Zach LaVine. El escolta, reconocido en toda la liga por su talento ofensivo, está cuajando con diferencia su peor temporada atacando las defensas rivales. El problema no es de manera directa la falta de productividad, sino que esta es precisamente una consecuencia del pésimo acierto que está teniendo de cara al aro.

Como podemos comprobar, sus tiros de campo se encuentran en un alarmante 38% de acierto, claramente la marca más baja de su carrera. Esto, aunque en ocasiones se da, no puede ser achacado a un mayor número de lanzamientos, pues promedia un total de tiros por partido menor al de su pasada campaña en Minnesota Timberwolves. Con un 44% de eFG, presenta el peor registro de entre todos los jugadores de Chicago Bulls que hayan disputado a estas alturas 20 partidos con un mínimo de 20 minutos en cada uno de ellos.

Si parece sorprendente que Zach LaVine sea el protagonista de una realidad así, no lo es tanto cuando encontramos el porqué a ello. Con 71 tiros intentados, la media distancia es la tercera posibilidad ofensiva en la que el escolta más ha confiado en lo que lleva de temporada. Sin embargo, el esfuerzo invertido en esta no ha dado buenos frutos, pues con solo 18 de estos anotados se queda en un 25.4% de acierto. Ni los triples desde la parte central (36.1%) ni las canastas anotadas bajo el aro (50.4%), han impedido que el uso excesivo de la media distancia haya cargado de una forma tan clara contra LaVine.

Las buenas noticias, a su vez, pueden verse en que esta situación tiene fácil arreglo si la prometida estrella de los de Illinois trabaja en un cambio de mentalidad. Los triples (aunque no en su mejor año) y las internadas hacia el aro están siendo grandes alternativas para el juego de LaVine y de las cuales debería nutrirse más de lo que ya lo hace. Además, actualmente se encuentra en su máximo de carrera en tiros libros intentados por encuentro, demostrando que si así lo desea puede forzar el contacto en su beneficio. El ocho de los Chicago Bulls cuenta con una magnífica capacidad para realizar cambios de ritmo y debería potenciar su uso desde ya mismo en detrimento de la negativa media distancia.

 

Una pieza que no termina de encajar

Una vez completado el traspaso de Jimmy Buter y vistos los primeros partidos de Kris Dunn y Lauri Markkanen, Zach LaVine parecía encajar a la perfección a su lado como la pieza que acabaría de potenciar el rendimiento de ambos. No obstante, lejos de haberles ayudado con su presencia, es fácil observar que no acaban de encontrar un esquema claro en el que brillar los tres juntos.

El ‘fit’ junto a Markkanen y Dunn no ha evolucionado como era de esperar. Guillermo Mayol (The Wing)

Con un mínimo de 200 minutos disputados, el trío de jugadores que peor net rating de Chicago presenta es precisamente el formado por LaVine, Dunn y Markkanen. La cifra, lejos de situarse ligeramente por encima de la siguiente, se encuentra con una marca de -21.6, 5.4 puntos peor. El principal problema dejando a un lado la ofensiva, que de por sí no es demasiado satisfactoria, se encuentra en el deffensive rating de 119.2 puntos. La inexperiencia de Markkanen, sumada a la falta de conocimientos de LaVine y a los riesgos que en ocasiones toma Dunn, provoca que hasta la fecha el encuentro de los tres en pista haya sido todo un quebradero de cabeza para el equipo.

Si vamos un paso más allá y observamos a nivel de parejas de jugadores, nos encontramos con el principal denominador común siendo el propio Zach LaVine. A pesar de que las cifras combinadas de Dunn y Markkanen no son positivas, las del escolta con cualquiera de estos dos suman todavía peores números. Especialmente notable se hace la comparecencia junto a Dunn, combinándonse para un net rating negativo de 19.1. Ciertamente, el base no ha logrado recuperar el ritmo que mostró a principios de temporada dados algunos problemas físicos y compartir cancha con LaVine no está siendo algo que le ayude lo más mínimo. En su momento se convirtió en el líder de un equipo falto de referentes, pero el retorno del escolta ha provocado un desajuste en el posicionamiento ofensivo, así como en la toma de galones, a las que sus dos compañeros de traspaso no parecen haberse ajustado.

 

La inevitable renovación

Cuando Chicago Bulls aceptó el acuerdo de traspaso con Minnesota Timberwoles, sabía que en verano debería forzosamente renovar a Zach LaVine. De la misma forma, sabía que el tiempo para definir lo que sería una firma justa, estaría de lo más limitado. Con lo visto hasta el momento, ¿es posible pensar que los de Illinois no hayan contado con suficientes muestras como para saber lo que realmente quieren negociar con una de sus piezas claves de futuro?

Es cierto que la franquicia dispone de espacio salarial suficiente como para soportar la más contundente de las ofertas. Recordemos que el jugador será agente libre restringido, por lo que Chicago tendrá siempre la última palabra en el asunto. No obstante, y a pesar del gran potencial que se le sigue otorgando a LaVine, a día de hoy parece complicado determinar una cifra que se ajuste a lo que pueda acabar ofreciendo el jugador en cuanto a rendimiento y que al mismo tiempo no pueda suponer un completo descalabro para la franquicia.

Aunque este verano pocos serán los equipos que tendrán suficientes recursos económicos como para realizar grandes maniobras, no deberíamos descartar la posibilidad de una gran oferta por LaVine que Chicago deba sopesar si igualar o no. Porque lo cierto es que el escolta es un jugador que debe ser renovado, pero definitivamente no a cualquier precio.

 


 

El dilema a estas alturas tiene muchos números para ser más complejo de lo que desde las oficinas probablemente se plantearon en su momento. Teniendo en cuenta que desde hace meses los Bulls han repetido por activa y por pasiva que LaVine iba a quedarse en Chicago durante mucho tiempo, y el jugador así parece desearlo, sería de suponer que podría llegarse a un acuerdo con relativa facilidad.

Pero de las palabras a los hechos, hay un trecho, y la directiva de los de Illinois no se ha mostrado precisamente fiel a las suyas en los últimos años.

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