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Los Chicago Bulls de Zach LaVine y Lauri Markkanen ya tienen un estilo definido

Los Chicago Bulls de Lauri Markkanen y Zach LaVine son una de las sensaciones del último mes en la NBA.

Zach LaVine Chicago Bulls Draft

Guillermo Mayol (The Wing)

Los Bulls han cambiado. Parece mentira que un simple movimiento, el fichaje de un alero serio para ser más exactos, haya sido el detonante de un lavado de imagen espectacular con impacto prácticamente inmediato. Desde la madrugada del jueves 7 de febrero, fecha del traspaso entre los propios Bulls y los Washington Wizards que implicó la llegada de Otto Porter a la ciudad del viento, el equipo de Jim Boylen ha demostrado un potencial ofensivo desconocido que, para qué negarlo, empieza a ilusionar muy seriamente a todos los aficionados. Por primera vez en dos años, el entorno empieza a vislumbrar un proyecto fiable a largo plazo.

Las primeras semanas de Jim Boylen, repletas de declaraciones que promovían el “slow down offense” (un sistema ofensivo basado en ataques a media cancha y posesiones larguísimas), fueron desalentadoras. De hecho, a los dos días de estrenarse en el cargo Boylen sufrió un intento de motín de los jugadores que demostraba la desconfianza entre gerencia, equipo técnico y plantilla. Los jugadores, en parte por el ideario de Boylen y en parte por la presión del entorno (sin olvidarnos de sus propios deméritos), estaban desconectados de la propuesta de la franquicia. Hacía falta algo que despertara el potencial de jugadores como Markkanen, que poco a poco se iba perdiendo en la mediocridad. Y finalmente, abandonando cualquier complejidad y abonándose al sentido común, los Bulls han dado con la tecla. ¿Qué ha cambiado en Chicago? A continuación lo analizamos.

 

Del “road dog possession” al “push the ball system“. Jim recapacita

La receta es sencilla: muchos jugadores capaces de generar a partir del bote, tiros para todos y dos “estrellas” -LaVine y Markkanen- que tienen más ascendencia que el resto. Para un equipo que aún se encuentra en vías de desarrollo y que necesita saber qué tiene al alcance y qué no, tener autorización para equivocarse siempre que sirva para aprender es clave. Y esto son los Bulls de ahora mismo: un alto volumen de errores y aciertos que, de vez en cuando -cada vez más a menudo-, regala sorpresas agradables.

La clave es la predisposición a corregir errores de planificación. El equipo técnico de los Bulls ha admitido que, dentro de la ineficiencia generalizada que implica una plantilla como la actual, lo mejor es pensar en instaurar los automatismos necesarios para explotar al máximo las virtudes del núcleo joven. Y los jóvenes de los Bulls necesitan, sobre todo, margen y poder correr.

Los Bulls fueron, durante el mes de febrero, a parte del segundo mejor ataque de la liga con un off rating de más de 116 puntos por partido, el tercer equipo con mejor porcentaje de rebote defensivo de la NBA. Esto, en este contexto (quien coge el balón es quien la sube), es clave: no solo porque permite transiciones sino porque también implica menos segundas opciones del rival. Como ya sabemos, en el baloncesto actual, el equipo que controla el rebote defensivo tiene más posibilidades de controlar el partido.

 

Lauri Markkanen brilla más que nunca. La irrupción de un nuevo unicornio

Aunque los jugadores de la NBA moderna huyen cada día más de las posiciones y se centran en los conceptos y las funciones, hay un pequeño reducto de entrenadores que sigue apostando por un estilo más rígido tácticamente que restringe la explosión de talento de jugadores que no se adaptan de entrada a las características que ellos buscan. Uno de los casos más sangrantes de esta manía tan innecesaria en el baloncesto actual era, hasta hace poco, el trato que Lauri Markkanen recibía por parte de Jim Boylen y compañía.

Markkanen, un 2’10 con una muñeca extraordinaria y una facilidad para entender el juego sin balón poco habitual en jugadores de sus características, crece a pasos agigantados con el balón en las manos. Desde el inicio del mes de febrero, que podría ser el punto de inflexión que llevaba tiempo esperando la dirección de la franquicia, el jugador finés está registrando las mejores estadísticas de su carrera logrando, además, que los Bulls ganen partidos gracias a su aportación.

También en estático. El equipo empieza a diseñar alguna jugada para él más allá del típico y efectivo pick and pop. Ésta, que recuerda mucho a un sistema que los Celtics de Brad Stevens utilizan para que Hayward genere (la diferencia es que Hayward ejecuta el pick and roll tras recibir), ha servido para ganar algún partido y demuestra la evolución del proyecto de estrella europea que Jim Boylen está forjando. Markkanen, hoy, al ser un jugador más rápido y habilidoso que el resto de jugadores de su perfil, es capaz de generar superioridades de manera sorprendente.

Markkanen es un punto de referencia a media cancha. Contra los Sixers (victoria 107-108), a pesar de las dificultades y la carga de faltas que arrastraba el cuatro de los Bulls, el equipo supo encontrarlo en situaciones de ventaja. Markkanen produjo únicamente en situaciones de desajuste, lo que sería preocupante si no fuera porque estos desajustes, hace pocas semanas, eran casi imposibles de percibir.

Evidentemente, factores como el peso o la aparente indolencia que transmite en ciertas fases de partido acaban induciendo a desapariciones que impiden que el equipo sea todavía más peligroso. Sin embargo, ya estamos viendo la silueta de un prototipo potencialmente letal. Markkanen domina los ecosistemas up tempo gracias a la superioridad técnica y de resistencia que tiene en comparación con la mayoría de jugadores similares de la NBA y además, a pesar de tener más responsabilidades con balón, sigue sumando con regularidad y solidez en ámbitos como el “spacing” o el juego sin balón.

 

Zach LaVine está desatado. Buen generador y mejor anotador

Zach LaVine está mostrando pinceladas del anotador incansable que puede llegar a ser si los Bulls saben orientar el equipo hacia sus virtudes y no hacia una relación de dependencia absoluta de lo que él sea capaz de generar para el colectivo. El ex de los Wolves ha enlazado ya una serie de partidos anotando con unos porcentajes descomunales gracias, en gran parte, a la frescura que ha recuperado con el cambio de filosofía.

Partiendo de la base de que Zach LaVine merece un homenaje por haber sido capaz de dar sentido al juego de los Bulls incluso en los peores momentos de la franquicia -que han sido muy malos-, debemos reconocer que la versión que estamos viendo ahora es la mejor que hemos visto de Zach LaVine hasta la fecha. Alejado de las funciones de primer pase, puede centrarse en aparecer en la fase decisiva de la creación y tiene licencia para escoger, prácticamente siempre a partir del uno contra uno cuando tiene el balón, si quiere finalizar o asistir una vez ha dividido. LaVine es, ya a estas alturas, uno de los mejores penetradores de la liga.

LaVine se ha ganado a pulso ser parte del binomio clave de la reconstrucción. Tras la inquietud que transmitió la pasada campaña (volvía de la lesión), muchos aficionados  se preocuparon (nos preocupamos) por el nuevo contrato y por la apuesta económica. Nada más lejos de la realidad, parece factible que a largo plazo estos 19 millones por temporada que cobrará los próximos cuatro años acaben siendo una ganga. Zach se ha ganado el respeto de muchos aficionados. Empezando por el mío.

 

Kris Dunn, el gran damnificado. Su última bala

Kris Dunn es la nota discordante de la fase más positiva de la temporada. No ha demostrado ningún tipo de evolución ofensiva, su nivel de tiro exterior sigue sin mejorar y tampoco ha progresado en el juego sin balón. A estas alturas, después de poder constatar que una parte del núcleo joven está progresando adecuadamente y que hay jugadores que han mostrado un mayor grado de eficiencia con el balón en las manos que él, parece inviable que el año que viene siga siendo el base titular de los Chicago Bulls.

El sistema de los Bulls precisa que los jugadores que no tengan el balón en ataque, que en cualquier equipo del mundo siempre serán cuatro, no dejen de moverse y de buscar situaciones de lanzamiento liberado. Hasta ahora el equipo de Boylen había sufrido por culpa de la nula capacidad para interpretar los espacios restantes a media cancha y en transición, lo que a menudo derivaba en un atasco monumental y dejaba los conceptos elementales del “pace&space” en entredicho. En este contexto, como podemos imaginar, un jugador un poco más valiente que el resto y con una capacidad física inversamente proporcional a su clarividencia como es el ex de los Wolves erigía como un perfil destinado a sobrevivir. Por demérito del resto.

Ahora que el base puro tiene un peso menos específico es cuando se nota que las limitaciones de Dunn son letales para un jugador de la NBA actual. Necesita demasiado balón para generar con demasiada poca eficiencia. Ryan Arcidiacono, mucho más cerebral y con capacidad para adaptarse al rol de combo guard, le ha ganado la partida a base de buenas decisiones y de demostrar que es uno de los pocos jugadores que, cuando está en cancha, hace que la estadística avanzada del equipo sea mejor (Dunn tiene un def rating de 112 y un off rating de 98 mientras que Arcidiacono, jugando algunos minutos menos, tiene 114 de def rating y un off rating de 119). Incluso Shaquille Harrison, con un abanico de virtudes y defectos similar al de Dunn, ha demostrado más integración al sistema que el base de tercer año.

Dunn está más cerca de la edad de Kyrie Irving que de la de Lauri Markkanen. Los Bulls tienen que apostar por el talento y la proyección, y tal como hemos visto durante las últimas semanas es más que evidente que el Dunn actual no debe ser el base del futuro de los Chicago Bulls. En una reconstrucción las gerencias no deben tener miramientos a la hora de tomar decisiones arriesgadas, así que es probable que Kris forme parte del próximo movimiento agresivo del Gar&Pax.

 

Otto Porter Jr vuelve a sentirse importante

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Otto Porter llega a Chicago: los Bulls ya tienen alero

Otto Porter es el eje del cambio. Ayuda a dar más amplitud al ataque, puede ejercer de generador puntualmente y está más que capacitado para responder con agilidad ante cualquier cambio de asignación. Es un two way muy valioso y ya ha conseguido que, de momento, nadie haya vuelto a sacar el tema del sueldo al hablar de su rendimiento.

La llegada de Otto Porter Jr ha ayudado a recalcar que los aleros son fundamentales a día de hoy. Otto suma tiro exterior, buen balance ofensivo y defensivo y un mayor acierto en la toma de decisiones. Equilibra el equipo y abre la cancha de modo que los slashers tienen más espacio, más líneas de pase y más amenazas a su alrededor. Como hemos dicho anteriormente, el precio es residual ahora mismo: lo que cuenta es que cuando él juega, los Chicago Bulls son mejores.


Lo más importante es la versatilidad defensiva que aporta y la dosis de intensidad extra que ha inculcado al resto del equipo. Un perfil tan adaptable a los cambios defensivos y con tanta facilidad para interceptar líneas de pase o defender en situaciones de hombre a hombre es el tipo de jugador que necesita tener a su disposición cualquier entrenador que aspire a crear un sistema competitivo. Gracias a él, los Bulls hacen mejores rotaciones defensivas y son más agresivos.

También merecen reconocimiento Wayne Selden y Timothe Luwawu-Cabarrot. El primero está ganándose un puesto de alero de rotación en los Bulls a base de precisión en ataque y responsabilidad en defensa. Ha necesitado pocos partidos para demostrar que lo que hacía Justin Holiday, sintiéndolo mucho por uno de los jugadores más dignos que han pasado por Chicago recientemente, no era tan meritorio como parecía. El segundo se equivoca, no tiene talento y no entiende el juego, pero lo da todo en cada partido y se esfuerza por mejorar. Y el United Center lo agradece.

 


 

Lo que queda claro después del mes de febrero e inicio de marzo de los Bulls es que la plantilla tiene potencial, talento y margen de mejora. Mucho margen de mejora. LaVine, Otto Porter y Markkanen, las piezas angulares a la espera de Wendell Carter Jr y el jugador que llegue del draft el próximo mes de junio, dan victorias a la franquicia y responden siempre en momentos de exigencia. Cuando reconstruyes, y con mayor razón ahora que los porcentajes de la lotería se han igualado, es prioritario que el bloque de futuro sume victorias e implemente una cultura ganadora. Y la lotería ya llegará.

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