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Los Bulls despiden a Fred Hoiberg y rematan su nefasta gestión

Jim Boylen será el sustituto de Fred Hoiberg a la cabeza del equipo técnico de los Chicago Bulls.

Fred Hoiberg ya no es el técnico de los Chicago Bulls. Tras una intensa reunión que tuvo lugar después de la derrota contra los Houston Rockets, John Paxson y Gar Forman decidieron dejar de contar con los servicios del ex de Iowa State y afrontar el futuro con Jim Boylen como técnico de repuesto.

Desde su aterrizaje en Chicago, Fred siempre ha estado al borde del despido. Primero por culpa de no haber sido capaz de acceder a la fase final de la NBA pese a contar con un Pau Gasol demasiado solo, un Jimmy Butler que pedía a gritos más protagonismo y un Derrick Rose en plena crisis existencial. Luego debido al mal desarrollo del proyecto encabezado por Wade, Rondo y Butler y, finalmente, por ser acusado de no saber implementar su sistema teniendo a su disposición una plantilla con talento e inexperiencia a partes iguales.

Llegados a este punto, surgen varias preguntas totalmente necesarias para entender qué está sucediendo en Chicago: ¿tan mal iba la reconstrucción? ¿Por qué se le despide ahora? ¿Es una decisión acertada? ¿Cómo afecta al núcleo joven? ¿Quién será el próximo entrenador de los Bulls?  Seguro que, como suele suceder en la NBA, con el paso del tiempo vamos a ir descubriendo muchas de las cosas que hayan ocurrido que nos ayudarán a averiguar el por qué de esta decisión tan repentina, pero ahora es momento de pensar en las consecuencias que va a tener este despido en el futuro inmediato de los Bulls y de dar respuesta a todas las cuestiones que nos hemos formulado.

lauri markkanen

Guillermo Mayol (The Wing)

El “timing”, el enemigo principal de los Bulls. Otra decisión tomada a destiempo.

Fred Hoiberg hizo hincapié varias veces mientras era técnico de los Bulls en el valor de tener un equipo atlético y joven. Él quería un proyecto que comenzara de cero con jugadores capaces de correr y de entender los conceptos de un sistema dinámico y basado en el movimiento del balón. Precisamente por las características opuestas de los jugadores el megaproyecto de la 2016/2017 no funcionó, ya que ni Wade ni Rondo ni Butler estaban dispuestos a jugar sin retener el balón y a aceptar las pautas que propusiera (no quería imponerlas) un entrenador procedente del baloncesto universitario. Esta temporada fue decepcionante en cuanto a las expectativas de la gerencia, pero la realidad es que difícilmente se podía aspirar a nada más que a caer con la máxima dignidad posible y a deshacer aquel intento de equipo ganador.

La reconstrucción, basada en la herencia del traspaso de Jimmy Butler y en la irrupción de una gran promesa como Wendell Carter Jr, no ha tenido ningún momento de placidez. Entre bajas, malos resultados y momentos esperpénticos, sin embargo, hemos podido vivir algunos momentos de lucidez del núcleo joven del equipo (el eje de los Bulls del futuro) y también hemos constatado que la plantilla tiene una gran química y puede llegar a creer en lo que hace. A pesar de la falta de talento y el exceso de limitaciones, hasta cierto punto el proyecto estaba evolucionando relativamente bien de la mano de Hoiberg y por momentos desarrollaba un gen competitivo muy valioso en franquicias sometidas a una cultura perdedora.

Es imposible saber qué esperaba la gerencia de esta temporada. Si bien es cierto que la incorporación de Jabari Parker y la renovación de Zach Lavine con un contrato que le concede el liderazgo del equipo eran síntomas de un intento de acelerar los tiempos de crecimiento del equipo aprovechando también la situación del este, es absurdo reclamar solidez o regularidad a la plantilla. El récord de 5-19 es escandalosamente negativo y ha habido momentos donde hemos visto graves deficiencias ofensivas y defensivas, pero ni la rotación de esta parte de la temporada es la que tendremos que juzgar a final de temporada ni los Bulls han merecido perder todos los partidos que han perdido (derrotas por un punto contra Indiana y Denver, por un triple en el último momento contra Milwaukee, por falta de profundidad contra Houston y New Orleans…).

Y aún es más absurdo pedir resultados viendo la cantidad de lesiones y la importancia que han tenido. Sin Dunn, Markkanen ni Portis estos Bulls pierden gran parte de su potencial. En el partido contra los Rockets, que fue el de debut de Markkanen, ya se vio un sistema más fresco y oxigenado que era capaz de atacar con más registros y amenazas. Y además, por primera vez (la temporada pasada no lo vimos) pudimos constatar que una buena química entre Lavine y el finlandés es posible. Sólo hacía (hace) falta tiempo.

El entorno de la franquicia tiene una cosa clara: la temporada 2018/2019 debe ser una temporada de mejora, derrotas y paciencia. La gente estaba dispuesta a dar margen de maniobra al ex entrenador Hoiberg, que tiene una idea de juego atractiva pero utópica y que, por primera vez, esta temporada iba a tener a su disposición una plantilla compuesta a su gusto. Así pues, una vez más se demuestra que los Chicago Bulls son un descalabro de franquicia y que la falta de rumbo y de ideas acaba desembocando siempre en decisiones precipitadas. “Garpax” rules.

La postura de la gerencia es clara: notan deterioro en la ambición del equipo, creen que no están viendo los progresos adecuados y perciben unas carencias de motivación excesivas. Sin embargo, el razonamiento que dio John Paxson en la rueda de prensa de análisis del cambio de entrenador carece de lógica:

¿Ahora qué?

Jim Boylen será el sucesor de Hoiberg. Tomará el cargo de entrenador e intentará reconducir la situación. Si todo va bien, además, será el técnico de los Bulls esta temporada y la próxima. Deberá tomar decisiones: cómo gestionar el papel de los veteranos, cuál será el rol de Jabari Parker (con quien ya ha tenido varias discusiones subidas de tono…) o, como punto más importante, qué pasará con el esquema ofensivo que Hoiberg quería implementar. De momento, ya tiene claro que Markkanen será titular a partir del próximo partido.

Boylen es un especialista defensivo que tuvo importancia en el último anillo de los San Antonio Spurs y que hasta ahora se ocupaba de desarrollar los jugadores a nivel conceptual y físico. Ahora, con este paso adelante, debemos esperar una nueva identidad del equipo y un carácter más agresivo. Esto puede ser positivo porque, aunque el perfil de los jugadores hace que sea imposible adaptarse a la manera de defender del baloncesto moderno (falta de prototipos versátiles y de buenos lectores -excepto Dunn, Holiday y Hutcison-), la mentalidad variará y los jóvenes entenderán la importancia de aspectos tan elementales como el “box out” a la hora de proteger el rebote defensivo o el valor de mostrar intensidad a la hora de tapar las líneas de pase (aquí tendrá importancia Kris Dunn).

Boylen ya ha confirmado que incorporará gente de confianza al equipo técnico y ha afirmado que a estas alturas los jugadores todavía están en estado de shock. De todas formas, ya ha dejado claro que la relación que tiene con sus pupilos es excelente y que considera que Wendell Carter Jr debe ser la clave del cambio defensivo del equipo.

 


 

Los Bulls pueden agradecer a Hoiberg, por ejemplo, la mejora en playmaking y confianza de Zach Lavine o el haber dado confianza a Wendell Carter Jr como pívot titular en detrimento de Robin López. Fred ha hecho más cosas mal hechas que cosas bien hechas, pero hay que reconocer que no ha tenido ninguna oportunidad a la altura de lo que prometió con su filosofía y que las circunstancias de una franquicia que cada día es un poco más perdedora no le han ayudado a construir un buen ecosistema. Pero por encima de todo debemos agradecerle habernos brindado momentos como este con un equipo tan limitado:

A fin de cuentas, Hoiberg se ha comportado como un buen profesional: cero reproches, ninguna mala cara, ninguna queja y positivismo como base de todo. Al menos en la sala de prensa. Y que nadie lo olvide: el problema de los Bulls nunca ha sido Fred Hoiberg.

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