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NBA

Billy Donovan y la burbuja de los Thunder: ¿está en riesgo de despido?

Un equipo de ensueño que no está dando con la clave; pero… ¿Está Donovan capacitado para conseguirla?

Guillermo Mayol (The Wing)

Si hay una franquicia que haya sido protagonista este pasado verano, esta ha sido los Oklahoma City Thunder. Tras recibir Russell Westbrook su galardón como MVP de la temporada, las oficinas lideradas por Sam Presti echaron humo para rodear a su superestrella de jugadores de clase mundial que les hiciera candidatos al anillo después de un año de transición. Aparte de pasar por la agencia libre con buena nota, el verdadero punto de inflexión estuvo en los traspasos: las llegadas de dos All-Stars como Paul George y Carmelo Anthony a un precio más que razonable ilusionaron a todos los seguidores y pusieron sobre aviso al resto de equipos. Pese a todo ese revuelo, lo maravilloso que tiene el deporte es que, por mucho que hablen de ti durante la offseason, de nada sirve si luego no lo reflejas donde se lucha por las victorias, y aquí es donde Billy Donovan tenía que marcar las diferencias.

El equipo del vigente MVP está noveno del Oeste y, lo que es más llamativo, con un récord muy negativo de 8 victorias y 12 derrotas. Una sorpresa sin lugar a dudas; aunque era una posibilidad: muchas piezas importantes a encajar en un sistema solar —con Westbrook como gran Sol y sus compañeros como meros satélites—, riesgo de un mal nivel defensivo, posible falta de profundidad de banquillo… ¿O esos no son los problemas?

 

La verdadera realidad

Aquí está lo desconcertante. Los Oklahoma City Thunder defienden bien; es más, defienden muy bien. Tanto como para tener tercer mejor ranting defensivo de la NBA (100.2 puntos). Además, son el equipo que más balones roba por partido (10.8 por noche). El único problema que tienen en este apartado está en el rebote. Están en la posición 26 con 31.5 capturas por encuentros.

Eliminada la incógnita de la defensa, toca eliminar otra hipótesis: no adaptación entre sus estrellas. Russell Westbrook, que venía de promediar un triple-doble, ha sabido dar un paso atrás para hacer más partícipe a sus compañeros. Anota mucho menos (de 31.6 puntos a «solo 22.4) pero casi mantiene su aportación en las asistencias. Tampoco lo es Carmelo Anthony, en un equipo donde (por físico) debería ser la tercera opción, el exjugador de los Knicks está aportando en los apartados ofensivos donde más destacada: los isos al poste y, en mucha menor medida, el catch and shoot.

Por lo tanto, si defienden bien y Westbrook ha sabido retroceder; ¿qué pasa en estos Thunder? Pista, no todo es tal y como parece ser.

El problema: desequilibrio en los instantes finales

Guillermo Mayol (The Wing)

Siempre que los Oklahoma City Thunder están ante un partido igualado, todos los esquemas se bloquean y terminan hincando la rodilla. Son el peor equipo en el cluch time y aquí todos son culpables.

  1. Paul George, desaparecido: El mayor problema en este Big Three está siendo la ex-estrella de los Indiana Pacers. A George se le nota un tanto incómodo en la forma de jugar tan poco combinativa propuesta por Donovan; pero esta sensación aumenta con el paso de los minutos. Es uno de los jugadores con más minutos en los cuartos cuartos y uno de los que menos tira, un lujo que ningún equipo puede tomar.
  2. Russell Westbrook, modo 2016/17: A medida que el encuentro se acaba y el marcador no es el adecuado, al base estadounidense le entra en tembleque y vuelve a jugar a los mismo que la temporada pasada, él coge el balón, él se lo guisa, él se lo come, él, él, él… Aunque sea toda una superestrella (que lo es) esa forma de jugar termina siendo una moneda al aire. Una moneda que no deberían tener necesidad de lanzar con el roster que tiene Donovan a su disposición. En el Westbrook sistema, el único que más o menos consigue su hueco es Carmelo Anthony, todo un talento ofensivo pero que, ya pasados los treinta, debería ser siempre la tercera espada tras RW y PG13.
  3. Adams, demasiado solo: La defensa de los Thunder se basa en la capacidad de robo de dos de sus estrellas y en sus dos anclas: Andre Roberson por afuera y Steven Adams por dentro; ambos están haciendo lo que piden de ellos. Pero Roberson sigue siendo tan bueno en el costado defensivo como nulo en el ofensivo, por lo que Donovan opta por mandarlo al banquillo en los momentos calientes en detrimento de un jugador con más armas en ataque. Además de no contar con su líder defensivo por afuera, Steven Adams ya no tiene un compañero de baile con quién conecte. El neozenlandés estaba acostumbrado a jugar con Kevin Durant o Serge Ibaka como pareja interior (como peor opción un Enes Kanter pobre, salvo esta temporada, en defensa pero siempre productivo en el apartado reboteador); ahora tiene que lidiar con Carmelo Anthony, un jugador que no tiene ni la fuerza ni la altura para defender a su marca y, por mucha ventaja que saque en ataque, es un problema para un Adams que está obligado a tapar sus carencias.

Donovan, el gran señalado

Guillermo Mayol (The Wing)

Cuando una de tus estrellas no consigue estar a su máximo nivel, cuando tus quintetos en los últimos cuartos no funcionan y cuando el juego de tu equipo se basa en aclarados, siendo la franquicia que menos pases da por partido; es que no estás haciendo del todo bien tu trabajo como entrenador.

Billy Donovan no lo ha tenido fácil en la NBA. Aterrizó en una franquicia con Kevin Durant y Russell Westbrook como uno de los coachs más destacados de la NCAA, tras un arranque dubitativo, fueron encontrando su estilo hasta conseguir un baloncesto de bastante nivel en las finales del oeste que les remontan los Warriors. A partir de ahí, la historia se escribe sola. Obligado a reconstruir el equipo ante la pérdida de su mejor jugador, supo dar las riendas totales a Westbrook para terminar metiendo a los Thunder en PlayOffs y este año, con una plantilla muchísimo mejor, debe ser él y no su jugador franquicia el que, con su pizarra, consiga ganar partidos maximizando todo el talento que tiene. Poner en pista quintetos más equilibrados y activar a Paul George deben ser los primeros objetivos de un entrenador al que se le agota el tiempo.

El proyecto mastodóntico corre riesgo de diluirse cual azucarillo en la próxima agencia libre y si no se nota una mejoría en las próximas semanas, Sam Presti buscará a otro entrenador que volverá a tener el objetivo de poner a los Thunder en el lugar donde, por los nombres que tienen, deben estar.

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