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NBA

Ben Simmons busca su hueco como «rookie»

Con Fultz o Embiid; ¿puede Simmons liderar al equipo para verle como una superestrella desde ya?

Ben Simmons en su etapa universitaria/WWW.BUSINESSINSIDER.COM

Los jóvenes han tomado la NBA tras el último Draft. Una camada ha aterrizado a la mejor liga del mundo con unas expectativas muy altas, y eso que ni siquiera han debutado oficialmente. Los contratos con marcas deportivas o los rantings para el nuevo NBA 2K18 son algunos de los ejemplos que demuestran el hype de los Lonzo Ball, Jayson Tatum, Dennis Smith Jr y compañía. Pero hay un jugador que prácticamente ha pasado inadvertido entre todos esos novatos porque, realmente, no es un rookie como ellos; pese a ello, quiere demostrar que tiene madera de estrella para el baloncesto en la que será su primera temporada oficial en la mejor liga del mundo. Hablamos, como no, del seleccionado por los Philadelphia 76ers en el número uno del Draft del 2016: el australiano Ben Simmons.

Los Sixers se frotaban la manos hace un año con su nueva promesa. Un jugador todoterreno del que no dudaron en encontrar similitudes con el mismísimo LeBron James —aunque esto no sea tan extraño como debería parecer—. Pero la maldición que ha perseguido a esta franquicia últimamente se volvía a repetir: Ben Simmons caía lesionado en octubre y se perdería toda su primera campaña como profesional, cosa que ya había pasado con Nerlens Noel y con Joel Embiid (que llegó a estar dos años consecutivos parado).

Los aficionados locales tendrían que esperar mucho para ver las aptitudes del ala; pero el día de su debut está más cerca, y lo hará previsiblemente acompañado de otro pick1 (Markelle Fultz), un Embiid que ya ha demostrado poder ser —si las lesiones se lo permiten— un jugador franquicia y unos 76ers con mucha mejor pinta que los de hace 365 días.

El mismo jugador ha declarado querer aspirar a ser uno de los mejores jugadores de toda la NBA desde el principio, pero… ¿tiene las armas y el rol necesario para demostrarlo?

 

El motor del equipo

Ben Simmons aterrizó en el Draft del 2016 como la mejor promesa no por su capacidad anotadora, sino que lo hacía por ser un jugador tremendamente físico, por su visión y lectura del juego y su alto IQ baloncestístico pese a ser un 2’13 de altura. Es por esto que Brett Brown ve en el australiano a su «base» particular, al igual que los Bucks hacen con Giannis Antetokounmpo.

Ahora mismo, el «25» tiene muy pocos recursos (que sepamos) para rendir off-ball, pero ha tenido un año entero para mejor un lanzamiento con el que sufre desde todas las zonas del campo —tiro exterior, media distancia, juego al poste, penetraciones…—. El camino a seguir para el entrenador parece estar claro, ¿esto le hará no congeniar con sus compañeros? Probablemente no tendrá problemas para crear una ofensiva exitosa.

Tener mucho tiempo el balón es algo que choca frontalmente con la versión que hemos visto hasta ahora con el segundo rookie de la plantilla: Fultz. Si las comparaciones del base son acertadas (Westbrook, Wade, etc.) Markelle también necesitaría un buen puñado de minutos para desarrollar su juego. Pero este problema podría tener una aparente sencilla solución. Y es que el buen lanzamiento exterior del ex-jugador de la universidad de Washington podría convertirle en uno de los ejecutores de los movimientos que realice Simmons como generador, dejando a Fultz y su cualidad para crearse sus propios lanzamientos más como un recurso puntual.

La otra punta de este triángulo, Joel Embiid, el camerunés también ha demostrado ser un buen pasador y tener la capacidad de hacer anotar a sus compañeros; pero más como un añadido que otra cosa. Por lo tanto, es muy probable que los tres proyectos más importantes que hay en Philadelphia puedan convivir juntos sobre el mismo parqué con un Simmons que, esencialmente, cree juego y con Fultz y Embiid como anotadores principales.

 

El contragolpe, ¿nueva arma sixer?

Tener facilidad para salir al contraataque es siempre un seguro de puntos para cualquier equipo y su uso ha proliferado en la NBA en las últimas temporadas. En el sistema de Brett Brown no rehuyen de él, pero tampoco lo usan en exceso, situándose en la parte baja de la tabla en producción de puntos al contragolpe en la última temporada. Esto puede cambiar este año con Fultz y Simmons en plantel, tienen un talento especial tanto para iniciar como para finalizar estas acciones. Centrándonos en nuestro protagonista, Ben Simmons se aprovecha de su capacidad reboteadora, su físico y su bote para coger el balón, salir corriendo y terminar en la zona contraria sin que nadie le pare.

Y es que los Philadelphia 76ers han confeccionado un roster en el que mantienen las virtudes de la temporada pasada y le añaden aquellos aspectos donde más sufrían: el lanzamiento exterior (selección de Fultz y firma de J.J. Reddick) y las transiciones rápidas.

 

Candidato al ROY

Al no haber disputado ningún minuto en la temporada 2016/17, Ben Simmons es considerado como novato de cara a este año. Por lo tanto, podría conseguir el premio a mejor rookie de la temporada. Pero no lo tendrá sencillo, la nueva generación llega pisando fuerte y hay varios jugadores que también aspiran a este galardón.

En este caso, Simmons no está en el lugar propicio para conseguir este premio. Incluso dando por hecho que su adaptación a la NBA será inmediata por su buen físico y tras un año pudiendo analizar la liga; el australiano compartirá balón con jugadores que tienen el aro entre ceja y ceja, por lo que su producción ofensiva puede quedar tapada por la de sus compañeros. Esto no quiere decir que no vaya a jugar bien, sino que simplemente no será tan llamativa para el gran público. El estilo de juego de Ben Simmons debería hacer que sus estadísticas por partido suban progresivamente cada temporada empezando en unos 10/12 puntos.

Por otro lado, jugadores como Lonzo Ball (principalmente) o Dennis Smith Jr. son jugadores que pueden tener una mayor incidencia visible en el juego de sus equipos.


En definitiva, los Sixers tienen a un jugador diferencial entre sus manos, un generador de juego nato y, probablemente, el proyecto más cercano a LeBron James desde su llegada en el 2003 —en cuanto a estilo de juego, no a talento—. Pero eso no quiere decir que sea capaz de arrasar en su primera temporada al tener compañeros buenos compañeros anotadores. Ahora bien, la expectación creada por este equipo puede hacer que, por primera vez en mucho tiempo, se valore más el juego y la aportación que realice más allá de las estadísticas.

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