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El baloncesto le debe un anillo a Mike D’Antoni

De Phoenix y Nash a Houston y Harden. Mike D’Antoni ha perfeccionado su legendario Run-and-Gun. Y el anillo le espera.

Mike D'Antoni

Matt Hickey (CC) – (modificado por Alex Güell)

¿Cuántas horas de sueño has invertido en ver a los Phoenix Suns del Run-and-Gun o a los actuales Houston Rockets? Esa es la palabra: invertir. Cuando uno elige llevarse por el ritmo frenético y apasionado del Mike D’Antoni más puro, la palabra desperdicio desaparece del diccionario.

Debo confesarlo. Me enganché a la NBA por culpa de un mago canadiense con el 13 a la espalda que jugaba en una tierra más conocida por su calor y desiertos que por sus éxitos baloncestísticos. Y por un genio en el banquillo que decidió que siete eran demasiados segundos para su ataque. Que quería que el balón volara, literalmente, a velocidad supersónica por encima del parquet. Del rebote a Nash, de Nash a una muñeca perfectamente preparada para ejecutar un lanzamiento. Una perfecta sinfonía que se repetía una y otra vez, con el sonido final de la red como conclusión ideal.

Sin embargo, no todos los genios han conseguido el reconocimiento que merecían. El gran Akeem Olajuwon nunca ganó un título de la NCAA pese a haber formado parte del mítico «Phi Slama Jama» que cambió radicalmente el juego del baloncesto universitario. Dmitri Mendeléyev fue el creador de la representación gráfica más importante de la química moderna, la tabla periódica, y nunca ganó un Nobel. Gianluigi Buffon, Löthar Matthäus o Ronaldo son leyendas del balompié sin haber levantado una Champions League. Y Karl Malone, Allen Iverson, Charles Barkley o los históricos Sacramento Kings de Webber no saben lo que es saborear las dulces mieles de un anillo NBA. Y este es el caso también de Steve Nash.

 

Nash & D’Antoni: un binomio (casi) perfecto

No se puede entender la carrera del canadiense sin Mike D’Antoni ni del técnico sin Steve Nash. Un genio que, tras convertirse en el máximo asistente de la universidad de Santa Clara, llegó por primera vez a Phoenix tras abucheos, como una total incógnita y con el reto mayúsculo de intentar robarle minutos a jugadores de enorme talla como Kevin Johnson, Sam Cassell o un jovencísimo Jason Kidd. Así que tuvo que cambiar de aires y en Dallas, Nash sí encontró su sitio en la liga. Dos nominaciones al All-Star eran justo premio para el líder de un equipo que crecía, sin embargo, bajo el sol de un gigante talento alemán que todo lo eclipsaba.

Llegó el verano de 2004 y Mark Cuban, propietario omnipotente de los Mavericks, tomó la decisión que cambiaría la vida de Steve Nash. Dallas no igualaría la propuesta económica de Phoenix Suns y, como agente libre, Nash regresaba a una Phoenix en condiciones muy distintas a las de su primera etapa. Los Suns acababan de cambiar de entrenador, de traspasar a dos estrellas de renombre como Stephon Marbury y Penny Hardaway y estaban dispuestos a que todo girase alrededor de Nash.

Sin embargo, al canadiense no le esperaba un solar. Junto al técnico italoamericano, Phoenix había conseguido reunir varias promesas de gran talento como Amare Stoudamire (que la temporada anterior había sido Rookie del Año), Shawn Marion, Joe Johnson, un alocado brasileño de nombre Leandro Barbosa, la muñeca prodigiosa de Quentin Richardson o, ya en siguientes veranos, especialistas como Raja Bell o un prodigio francés de nombre Boris Diaw. Una mezcla perfecta para una idea muy clara de juego: el Run and Gun.

Las siguientes temporadas son pura historia de este deporte, la obra más pura de Mike D’Antoni. Dos premios de MVP para Nash y un juego tan excitante como deslumbrante que enamoró a muchos pero que, sin embargo, no tuvo premio. Los Suns cayeron en triple ocasión en la final de la Conferencia Oeste (dos ante San Antonio, una de ellas de forma muy polémica, y una ante Dallas) y nunca llegaron a alcanzar ni unas Finales de la NBA. Y es que, aunque mucho pensábamos que ese equipo era perfecto, la realidad es que la sublimidad del Run’n’Gun nunca existió… hasta hoy.

 

Yin Harden y Yang Paul

Si el primer proyecto de Mike D’Antoni no se puede entender sin la figura de Steve Nash, los actuales Houston Rockets no tienen cabida sin la mejor versión de James Harden. Un extraordinario anotador al que Mike D’Antoni decidió darle el balón y convertirle en la pieza angular. Harden sería el base. Y esto era un concepto que generó tantas dudas como expectativas. ¿Cómo un jugador tan individual como él podía convertirse en un verdadero general que pudiera aspirar al anillo? Y, lo más importante, ¿sería capaz Mike D’Antoni de corregir o camuflar la total indolencia defensiva de semejante súperestrella?

La respuesta estaba en el taoísmo. Cada objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que, a su vez, existe dentro de él mismo. Dos fuerzas fundamentales opuestas y complementarias. Un concepto que el italoamericano nunca supo encontrar en Arizona. Y que, como todo buen experimento, fracasó en su primer intento con Patrick Beverley. Parecía imposible poder equilibrar la armonía ofensiva-defensiva del equipo. Y entonces, apareció Chris Paul.

Considerado uno de los mejores bases defensivos de la NBA, Paul ha traído la paz espiritual a estos Rockets. Ha sabido ser contrapeso al virtuosismo y vertigen de Harden para mantener la estabilidad de un bloque que apenas ha presentado fisuras. Sus más de 60 victorias son un claro ejemplo de que, en Houston, se ha borrado la palabra altibajo. A cada yin, Daryl Morey y Mike D’Antoni han sabido encontrar su yang. Y viceversa.

Ya no es únicamente Harden y Paul. Es Gerald Green y PJ Tucker. Eric Gordon y Joe Johnson. Trevor Ariza y Luc Richard Mbah a Moute. Nené y Clint Capela. Salado y dulce a la vez. Picante, pero amable en boca. Excitante, aunque razonable. Caótico y metódico. La excelencia se halla en el dominio y control de todo escenario, ritmo o dinámica. En el equilibrio perfecto del yin y el yang. D’Antoni ha perfeccionado la que fue su obra maestra. Y ahora, en forma de anillo, el baloncesto debe concederle el mayor de sus reconocimientos.

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