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Draft NBA

Adam Morrison y la historia de una lucha perpetua

Repasamos la historia de Adam Morrison, uno de los grandes fracasos de la historia la NBA por sus problemas físicos.

Adam Morrison

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Hace ya más de una década que llegaba a la NBA un prometedor joven procedente de la Universidad de Gonzaga, cuna del gran John Stockton. Adam Morrison estaba llamado a ser una de las grandes estrellas del baloncesto moderno, pero la enfermedad dominó su corta carrera profesional y le obligó a una temprana retirada y a un estatus de fiasco que le acompañará toda su vida. Sobre todo en boca de aquellos que no entienden el terrible impacto que pueden tener los problemas físicos en la mente de un deportista de élite.

 

Adolescencia y etapa universitaria

Una pérdida notable de peso a los 13 años supuso el diagnóstico final de una enfermedad que llevaba ya un tiempo dándole problemas, la diabetes, que requiere tratamiento de por vida. Este problema no consiguió frenar sus inquietudes culturales ni su pasión por el baloncesto, aunque es lógico que le afectara a la hora de desarrollar una vida normal. Una bomba de insulina en su abdomen suministraba dicho remedio a su cuerpo cuando lo necesitaba, pero las consecuencias de la hipoglucemia le afectaban de manera constante dentro y fuera de la pista.

Pese a no llegar a la universidad con un cartel de futura superestrella, se fue forjando el espíritu luchador que le convirtió en una de las grandes promesas del deporte, además de ser ejemplo para muchas personas que padecían también diabetes. En sus tres años de periplo en Gonzaga, fue mejorando sus números progresivamente hasta los 28 puntos y más de cinco rebotes por noche, llevando a su equipo hasta el torneo final de marzo, en el que cayeron de la manera más cruel posible ante UCLA. Fue elegido Jugador Universitario del Año, premio que compartió con J.J Redick. Ejercía un gran dominio en los partidos de NCAA con su versatilidad y su mecánica de tiro.

Así, llegó el día del “Draft” de 2006, donde Morrison recayó en Charlotte Bobcats, franquicia de reciente formación, en el número tres. Michael Jordan podría haber elegido a Rudy Gay, Rajon Rondo (puesto 21), Kyle Lowry (puesto 24) o Paul Millsap, el cual nadie esperaba que se convirtiese en el jugador actual y por ello fue elegido en el puesto 47. Pero decidió quedarse con aquel alero de aires estrafalarios con una gran historia detrás. Su melena y su bigote destacaban, por lo que pronto fue conocido en la liga, ganándose el sobrenombre de “The Stache” (El Bigote).

 

Periplo en la NBA

En su primera temporada, rodeado por Gerald Wallace, Emeka Okafor o Raymond Felton entre otros, no hizo un mal papel, con 12 puntos y tres rebotes por partido, siendo elegido en el Segundo Quinteto de Rookies de la temporada. Un poco por debajo de lo esperado, aunque se tenía confianza en su crecimiento como jugador, pero las cosas se torcieron.

En un partido de pretemporada, el destino se volvió a cebar con el pobre Adam Morrison, que sufrió una rotura de ligamentos cruzados que le tuvo en el dique seco toda la temporada, cortando su progresión baloncestística y minando su moral enormemente. Su vuelta a las canchas fue con un nivel mucho menor que el anterior, lo que dinamitó su salida de los Bobcats en febrero de 2009 rumbo a Los Angeles Lakers. Dudosos o no dada su poca participación en la franquicia angelina, nadie puede quitarle a Adam Morrison los dos anillos que le acreditan como campeón de la NBA, aunque nadie le recuerde en ese equipo en el que Kobe Bryant, Pau Gasol o Lamar Odom eran las verdaderas estrellas.

 

Rumbo a Europa

Tras un año de inactividad en la capital, un Morrison en mejor estado físico llegó a Europa, cuna de la civilización, a recuperar su mejor nivel. Tras un inicio fulgurante en el Estrella Roja de Belgrado, se vio motivado para volver a intentarlo en la NBA, donde nadie quería contar con sus servicios. Volvió a Europa para jugar en el Besiktas turco, donde acabó sin protagonismo y despechado por el entrenador.

El verano de 2012 fue el último de Adam Morrison como jugador profesional. Lo intentó en la Summer League, cuajando un buen papel con los Clippers, lo que le llevó a un contrato con la franquicia de Oregón, los Portland Trail Blazers, aunque fue cortado sin tener la oportunidad de volver a pisar una cancha en la mejor liga del mundo. En ese momento decidió dar por terminada su carrera profesional, solo seis años después de ser elegido en el Draft y con 28 años.

 

Adam Morrison, después del baloncesto

Desde entonces, su familia es lo más importante y una paternidad exitosa merece mucho más la pena para él que ganar todos los anillos del mundo. Estuvo en el cuerpo técnico de su alma máter, la Universidad de Gonzaga, pero lo cambió por entrenar al equipo en el que juega una de sus hijas. La vida familiar que lleva, totalmente alejada de los focos, la domina como nadie, ya que es un auténtico padre de familia, un MVP.

Más allá de todos aquellos que lo critican por no haber rendido como se esperaba de él o de historias que circulan por la liga sobre su supuesta falta de higiene (se rumorea que los compañeros le obligaban a ducharse tras los partidos), Adam Morrison es un guerrero que ha tenido que sufrir mucho en su carrera. Las lesiones y la presión impuesta por el público soberano fueron lastres con los que no pudo cargar, provocando su hundimiento. La mala suerte ha estado presente en la trayectoria deportiva y solo deseamos que cumpla con su función de padre como ha estado haciendo hasta ahora y siga ligado al mundo del baloncesto de una u otra manera para que no se pierdan su ejemplo y espíritu de lucha eternos.

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