El senador La disputa entre Mark Kelly y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se considera un simple juego de moralidad. Por un lado, la afirmación de que Kelly cruzó la línea y merece castigo. Por otro lado, la insistencia en que Kelly es un héroe irreprochable y la respuesta de la administración es la de villano. Ambos marcos son cómodos. Ambos están equivocados.

Lo más importante aquí no es quién parece justo o imprudente en este momento, sino qué sucede cuando la legitimidad queda sin resolver. En este caso, los militares subalternos se encuentran en la posición de ejercer juicios legales y éticos sin autoridad, claridad o apoyo institucional significativos. Quienes toman decisiones evitan las consecuencias; Quienes los ejecutan corren el riesgo.

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